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El miedo a los transgénicos es alentado con estudios inválidos

Hasta la fecha, no se ha probado que el consumo de productos elaborados con transgénicos produce daños a la salud. El miedo que generan se debe a estudios científicos inválidos.

Pixabay

Las primeras imágenes que aparecen en una búsqueda en internet sobre alimentos transgénicos son las de unas ratas con tumores del tamaño de unas pelotas de golf. Estas fotos circulan desde el 2012 y han provocado que muchas personas y algunos científicos alrededor del mundo le atribuyan a los transgénicos características de “tóxicos, cancerígenos, alergénicos y que producen deformaciones”.

Pero ¿qué sabemos en realidad de los transgénicos? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “se pueden definir como organismos de origen vegetal y animal genéticamente modificados por medio de la tecnología para obtener características que de forma natural o con técnicas convencionales no podrían tener”. Un ejemplo es el maíz NK603 de la compañía Monsanto. Gracias a modificaciones realizadas a su ADN, este maíz es capaz de resistir al herbicida glifosato, el más usado en el mundo por su poder de controlar una amplia variedad de malezas.

La OMS indica que la seguridad de estos alimentos se evalúa caso por caso y que los transgénicos que actualmente están disponibles en el mercado han pasado evaluaciones que descartan algún efecto negativo en la salud humana como resultado de su consumo. Entonces, si no hay evidencia de que son peligrosos ¿De dónde provienen los temores que hoy provocan estos productos?

Las notas que advierten que nos enfermaremos de cáncer si consumimos transgénicos se basan en estudios que ya fueron invalidados por la OMS, la Academia de Ciencias de Estados Unidos, la Royal Society del Reino Unido y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), entre otras reconocidas asociaciones científicas.

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ESCÁNDALO. Las imágenes de estos roedores alimentados con maíz transgénico circularon en medios de comunicación y redes sociales.

Las campañas que alertan sobre la peligrosidad de los transgénicos se basan en los estudios de Gilles-Eric Séralini, profesor de biología molecular de la Universidad de Caen (Francia), que publicó la investigación New analysis of a rat feeding study with a genetically modified maize reveals signs of hepatorenal toxicity en el 2007. En sus conclusiones advirtió que las ratas alimentadas con el maíz transgénico MON863 de la compañía Monsanto mostraron variaciones en el hígado, riñones y células sanguíneas.

Séralini consideró que estos cambios podrían ser síntomas de alguna enfermedad. Su primer estudio fue financiado por Greenpeace Alemania, una ONG ambientalista con una postura anti transgénicos. El biólogo francés no realizó experimentos propios, sino que analizó entonces los datos estadísticos de la investigación que Monsanto presentó para aprobar la venta del producto.

Tras su publicación, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria revisó el estudio y concluyó que el trabajo contenía errores en el análisis estadístico. Sin embargo, Séralini consiguió financiamiento de Sustainable Food Alliance (SFA) para realizar una segunda investigación. Esta organización alienta la colaboración entre personas y organizaciones que trabajan en el campo de la agricultura sostenible. Su presidente y fundador es Patrick Holden, ex director de la UK Soil Association, grupo de comercio de la industria orgánica de Gran Bretaña, que ve como una amenaza los alimentos transgénicos.

Con el financiamiento de SFA, Séralini hizo el estudio Toxicidad a largo plazo de un herbicida Roundup y un Roundup que publicó en el 2012. "Los resultados revelan una mortalidad mucho más rápida e importante durante el consumo de los dos productos transgénicos", dijo cuando publicó su trabajo en la revista Food and Chemical Toxicology ese año. La investigación iba acompañada por las ahora famosas fotos de unas ratas con tumores gigantes. En las conclusiones se sugería que los roedores que consumían maíz NK603 elevaban su probabilidad de generar tumores.

En el 2013, tras recibir cartas en las que se desacreditaban los resultados del estudio de Séralini, la revista Food and Chemical Toxicology retiró la investigación. Sin embargo, un año después, Séralini publicó este mismo trabajo en la revista Environmental Science Europe sin rectificar los errores identificados.

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INVÁLIDAS. Las investigaciones realizadas por Gilles-Eric Séralini sobre el maíz transgénico provocaron temor en la población. Sin embargo, estas publicaciones han sido desacreditadas por reconocidas asociaciones científicas.

El biotecnólogo peruano David Castro, que pertenece al área de Bioseguridad del Ministerio del Ambiente, ha revisado todos los estudios de Séralini publicados hasta la fecha. En una entrevista con Salud con lupa detalló las fallas de esta investigación:

Primero. La metodología empleada no fue la correcta. Séralini utilizó la guía OECD 408, un protocolo que sirve para determinar toxicidad oral en 90 días. Sin embargo, el estudio que hizo se orientó a determinar carcinogénesis, un proceso por el cual se identifica el origen de un cáncer y no toxicidad. Para este tipo de análisis, Serálini debió utilizar la guía OECD 453, que se recomienda utilizar en grupos conformados por 50 ratas cada uno y no los grupos de 10 que se usaron.

Segundo. El tipo de ratas elegidas (Sprague Dawley) tampoco es el indicado para estudios de carcinogénesis debido a que estos roedores son propensos a desarrollar tumores en los últimos meses de su vida.

Tercero. Seralini y su equipo manipularon las estadísticas para conseguir los resultados que buscaban, ya que los datos revelan en realidad que no existió diferencia entre los grupos de ratas que consumieron transgénicos con los que no lo hicieron. Si se analizan los gráficos de barras consignados en su propio estudio, se puede verificar que el grupo de roedores que consumió mayor cantidad de maíz transgénico (33%) desarrolló menos tumores que aquellos que tomaron menor cantidad del producto (11%). Pero ese dato no se encuentra en las conclusiones.

Para realizar esta nota nos contactamos con Gilles-Eric Séralini a través de un correo electrónico. El científico francés dijo que los cuestionamientos a sus investigaciones son difamaciones. “Nuestro estudio fue publicado y confirmado en Nature Scientific Reports en 2017 y 2018. Puede cargar todos mis artículos científicos e información relacionada en mi sitio web en forma escrita. Tenemos muchos otros estudios sobre Roundup desde entonces”, respondió Séralini.

Lo que no dijo es que Nature Scientific Reports es una revista de acceso abierto, un mecanismo que permite que los resultados de las investigaciones se distribuyan sin costo y sin una revisión por pares. Es decir, sin una evaluación realizada por una o más personas especializadas en el tema.

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ANULADA. En el 2013, la revista Food and Chemical Toxicology invalidó la investigación Toxicidad a largo plazo de un herbicida Roundup y un Roundup tras recibir diversas cartas que la desacreditaban.

¿Qué se sabe con certeza de los transgénicos? La Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos publicó la investigación más amplia y detallada sobre los organismos genéticamente modificados en el 2016. El estudio dirigido por el biólogo Fred Gould, codirector del Centro de Ingeniería Genética y Sociedad de la Universidad de Carolina del Norte, incluyó la participación de 20 expertos que examinaron más de mil estudios disponibles hasta el 2016 sobre el impacto de los transgénicos en la salud y escucharon 80 testimonios en un serie de reuniones públicas y seminarios en línea.

Según sus conclusiones, los alimentos elaborados con maíz, soya y algodón, resistentes al herbicida glifosato, no causan daños a la salud. Los expertos no encontraron pruebas de que los transgénicos hayan contribuido a un aumento en la incidencia de cáncer, obesidad, diabetes, insuficiencia renal, autismo, celiaquía o alergias alimentarias.

“Siempre es bueno replicar estudios preliminares con estudios más rigurosos”, dijo Gould a Salud con lupa. El biólogo estadounidense indicó que este año se realizó el más reciente estudio sobre la seguridad de los transgénicos que confirmó que hasta ahora no hay indicios de que el maíz genéticamente modificado cause tumores. La metodología elegida por los investigadores fue la misma que utilizó el equipo de Serálini: el maíz de Monsanto y dos años de seguimiento a un grupo de ratas, pero una muestra cinco veces mayor por grupo, como corresponde.

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