Una oferta de trabajo falsa esconde una red de trata de personas

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Una oferta de trabajo falsa esconde una red de trata de personas

En el primer semestre de 2021, la Policía rescató a 330 sobrevivientes de trata, pero hay un subregistro de casos no denunciados. Las organizaciones criminales ofrecen en redes sociales empleo a jóvenes y menores de edad para luego someterlas a explotación sexual.

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Lina tenía 17 años cuando cayó en las redes de una mafia que la explotó laboral y sexualmente. EFE/Sergi Rugrand

Lina tenía 17 años cuando cayó en las redes de una mafia que la explotó laboral y sexualmente. Viajó a Madre de Dios para trabajar en un restaurante, pero lo que pensaba sería una oportunidad para escapar de la miseria, se convirtió en su peor pesadilla.

Nunca hubo restaurante, ni delantal, ni bandejas: el local era un prostíbulo y ella una esclava del siglo XXI.

Tras abandonar la escuela y su familia en la ciudad de Ica, Lina llegó a Lima para mejorar su situación económica. Allí se topó con una agencia de empleo que le ofreció traslado, alojamiento, comida y trabajo en la región de Madre de Dios.

La joven aceptó. Pero camino a su destino todo empezó a tambalearse. La señora que la acompañaba le quitó el teléfono y su documento de identidad y le dio otro con un nombre falso que decía que era mayor de edad.

En un momento en que esa mujer dormía, las palabras de un desconocido que le preguntó por el motivo de su viaje la congelaron: "Ahí no hay restaurantes, es pura prostitución, (...) llevan a las chicas con engaños y es difícil de que salgan y, si salen, salen muertas", contó.

Ya no había marcha atrás. En el local, la obligaron a acompañar a beber a clientes y la sometieron a explotación laboral y sexual por más de treinta días infernales, hasta que un cliente la ayudó a escapar.

El relato de Lina, al que tuvimos acceso a través de la fundación CHS Alternativo, dedicada a combatir la trata, es solo uno de los cientos de casos que todos los años se reportan en el Perú, donde este delito, que configura una de las más graves violaciones a los derechos humanos, ha sabido adaptarse al contexto de la pandemia global. Lo ha hecho con estrategias virtuales y servicios de “delivery" para captar y explotar las víctimas en una coyuntura en la que se ha recrudecido la vulnerabilidad frente a este delito de muchas familias azotadas por las secuelas de la covid-19.

Subregistro

En el primer semestre de este año, la Policía rescató a 330 sobrevivientes de trata, mientras que, en todo 2020, las denuncias por el mismo delito ascendieron a 394. Pero los expertos creen que hay un subregistro de casos debido a las restricciones de movilidad decretadas para frenar el avance del virus. Estas no sólo limitaron a las víctimas la posibilidad de denunciar, sino también entorpecieron a las autoridades que persiguen a los criminales.

Lejos de dar tregua, la trata de personas se ha adaptado al contexto de la crisis, cuyos impactos socioeconómicos -especialmente la escalada de deserción escolar, desempleo y pobreza- han dejado ciertos sectores más susceptibles a este delito, sobre todo en los estratos más bajos de la sociedad.

Así lo alerta Aarón Puescas, asistente de programas de la ONG Promsex, quien insiste en que "la pandemia ha agudizado muchas de las condiciones de desigualdad que funcionan como factores de riesgo para que una persona sea víctima de trata".

"En un contexto de precariedad, aun cuando una oferta de trabajo resulta sospechosa, las personas tienden a ver en estas propuestas una alternativa real, porque no tienen otra", apunta.

Redes sociales

En la mayoría de casos el proceso se inicia con falsas ofertas de trabajo inmediato, bien remunerado y poco calificado, que se difunden en plataformas digitales, medios locales o afiches callejeros.

Con la pandemia, las redes sociales pasaron a ser el espacio predilecto para la distribución de este tipo de ofertas, que llegan vía Facebook o Whatsapp.

Más allá de haberse estrechado los nexos entre la trata y ciberdelincuencia, también ha proliferado la explotación sexual "a domicilio", en hoteles o casas que operan como prostíbulos clandestinos.

"La trata siempre la imaginamos como la vemos en las películas: una persona encadenada, agredida, enclaustrada y sin tener la más mínima oportunidad de salir. En la práctica, muchas veces estas cadenas son psicológicas y los tratantes coaccionan a sus víctimas a través de amenazas o deudas y esto da pie a esta forma de 'delivery'", dice Aarón Puescas.

Invisibles

La mayoría de casos de trata registrados en el Perú entre 2014 y 2020 terminaron en explotación sexual (54 %), aunque también hubo explotación laboral (30 %), mendicidad (9 %) y tráfico de órganos, de acuerdo con el último informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

La incidencia es mayor en niñas y niños, jóvenes y personas LGTBI+, pero el rostro de las víctimas es, sin duda, femenino.

A nivel global, se estima que cinco de cada diez víctimas son mujeres adultas y dos son niñas menores de edad. Y en Perú, las cifras confirman eso: el 87 % de víctimas asistidas entre 2019 y 2020 fueron mujeres y niñas, de las cuales el 40,9 % eran menores de edad.

Este problema, sin embargo, aún es invisible. Según el INEI, de 3.377 denuncias por delito de trata registradas en los últimos cinco años, apenas hubo 232 sentencias condenatorias.

Una de ellas respondió a la denuncia de Lina: "Gracias a Dios, todas las personas que me hicieron daño están recibiendo lo que se merecen", sostiene la joven.

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