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¿Está mal no sentirse bien todo el tiempo?

Tratar de estar siempre tranquilo y feliz puede ser una presión difícil de soportar. Lo más saludable es aprender a convivir con distintas emociones y reconocer su lugar en nuestra vida.

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Por Álvaro Valdivia Pareja

Psicólogo clínico y suicidólogo
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La invalidación emocional consiste en juzgar o condenar ciertas emociones que creemos solo negativas. Shutterstock

La industria del bienestar nos ha implantado que tenemos que estar felices todo el tiempo. Y tratando de preservar ese estado de “buena vibra”, hemos creado nuevos términos para referirnos a quienes podrían arruinarla. Alguien que siempre habla de lo que le entristece es un drama queen, si se queja una y otra vez de lo mismo es una persona tóxica y si se atreve a decir abiertamente lo que quiere es un intenso. Y de éstos, mejor apártate. O, al menos, eso recomiendan cientos de expertos de las emociones como una práctica saludable para resguardar tu “paz personal”. El peligro de esta tendencia a querer estar “bien” es que nos deja sin saber qué hacer con el resto de nuestros sentimientos.

Sentir es un acto natural, y la expresión de las emociones —todas ellas, incluyendo la alegría, el entusiasmo, la tristeza, la culpa, la envidia, la vergüenza, la felicidad, la cólera, la preocupación, etc.— es una respuesta orgánica y saludable en todas las personas. Necesitamos cada una de nuestras emociones porque nos motivan a actuar de distintas formas. Por ejemplo, si vamos caminando por una calle oscura y sentimos miedo, daremos media vuelta y buscaremos otro camino. Si estamos preocupados por obtener una buena nota en un examen, es probable que estudiemos más los días previos. Si sentimos culpa por una discusión innecesaria con nuestro mejor amigo, será más fácil que nos disculpemos. Incluso emociones tan intensas como la ansiedad o la angustia, son indicadores útiles para reconocer nuestro estado de ánimo y saber si es momento de buscar ayuda profesional.

Lamentablemente, cegados por las promesas de la felicidad constante, hemos olvidado la necesidad de los otros sentimientos en nuestras vidas. Los psicólogos llamamos invalidación emocional al acto mediante el cual se juzga, rechaza, culpa, denigra, prohíbe, resta importancia o se ignora la manera de sentir de alguien. Sucede en todo tipo de escenarios. Actualmente, por ejemplo, podemos tener una tía que nos repita estar asustada por el coronavirus y, quizá, nosotros solemos decirle que “no sea exagerada”. O si alguien comparte en Twitter que está triste porque extraña salir a pasear con sus amigos y otros le comentan que “no debería ser malagradecido cuando hay tanta gente sufriendo de verdad”. Al cuestionar lo que expresan, invalidamos sus emociones. Nadie tiene por qué justificar sus sentimientos, pues la vida no es una competencia de quién se siente mejor o peor.

No obstante, sí es importante diferenciar emociones de conductas. Vale decir, todas las emociones son naturales y deben ser expresadas libremente, sin embargo, las conductas que las acompañan sí pueden ser negativas. La emoción de cólera es natural, pero agredir a alguien por ello, sí debe ser omitido. Por eso, en lugar de hablar de personas tóxicas podría ser más útil reconocer comportamientos tóxicos. Si alguien te maltrata física o verbalmente, entonces lo más saludable será romper ese vínculo. Pero si una persona simplemente necesita hablar de algo que le duele, no te apures en censurarla pensando que te va a “cargar con su negatividad”.

Múltiples investigaciones y experiencias en el área de salud mental muestran que permitir que alguien exprese lo que siente es la mejor manera de ayudarlo a regular emociones intensas que podrían ser perjudiciales si no se estabilizan un poco. En su libro El anzuelo del diablo: sobre la empatía y el dolor de otros, la escritora estadounidense Leslie Jamison señala que tratar de comprender al prójimo requiere indagación. “La empatía no consiste sólo en acordarse de decir debe de ser muy duro, sino también en buscar la forma de sacar los problemas a la luz para que no pasen desapercibidos. La empatía no consiste sólo en escuchar, sino en formular las preguntas cuyas respuestas deben ser escuchadas”. Permitir que las emociones se expresen, por medio de la empatía, ayuda a que las personas que vienen de una larga historia de invalidación emocional se sientan acompañadas. Y eso es algo tan poderoso que, por el solo hecho de permitirlo, puede representar una gran ayuda para alguien que se siente mal.

Cuando una persona empiece a hablar de algo que lo agobia es probable que sus emociones se agudicen. Sostener ese tipo de conversación no es sencillo, pero permitir que otro se desahogue no solo genera satisfacción en él, sino también en quien escucha. La empatía es un gesto que puede fortalecer emocionalmente a quien la despliega y a quien la recibe. Es comprensible que todos persigamos la felicidad, sin embargo, puede que se nos estén trazando los caminos equivocados para alcanzarla.

El profesor James Pawelski—director del Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pennsylvania— pide que no se entienda el pensamiento positivo como una “terapia carnaval”.­ «No es un enfoque que niega lo negativo. No proponemos sonreír las veinticuatro horas del día sino analizar qué cosas, a pesar de todo, siguen bien en la vida». En lugar de invalidar emociones que creemos nos harán sentir mal, es más práctico reconocer su lugar en nuestro día a día. Nos guste o no, los distintos estados de ánimo se presentarán y aceptarlos (en nosotros y en el resto) es el primer paso para sentirnos mejor.

¿Qué debemos decir para escuchar a los demás sin censurar sus emociones?

INVALIDACIÓN EMOCIONAL VALIDACIÓN EMOCIONAL
“No deberías sentirse así” “Lamento mucho que te sientas así, ¿deseas contarme lo que sucede?”
“Ya llevas mucho tiempo estando triste” “Es normal sentirse así cuando nos pasan cosas, ¿quieres hablar de eso?”
“Eres muy intenso/a” “¿Hay algo que pueda hacer por ti?”
“No hay que juntarnos con ella porque es muy tóxica” “Debemos preguntarle si necesita nuestra ayuda pues hace tiempo se siente mal”
“Llorar o estar triste es para cobardes, cámbiame la cara” “Siento mucho verte llorar, pero es bueno que desahogues. Dime, ¿puedo hacer algo por ti?
“No vale la pena que te pongas así por él/ella, tienes que ser fuerte para que no te vuelvan a lastimar” “Es completamente comprensible que te sientas así por lo que pasó con él/ella; cualquiera en tu posición estaría igual”
“No es normal que siempre se sienta mal” “Se debe sentir así por algo importante, debemos ayudarle”
“No empieces a contarme tus dramas” “Muchas gracias por contarme algo tan íntimo e importante para ti”
“Ya, supéralo” “Muchas veces es difícil superar estas cosas, date todo el tiempo que necesites. Estoy aquí para ti”

Álvaro Valdivia Pareja es psicólogo clínico. Fundador y director de Sentido - Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio. Autor del libro Suicidología (2015). Escribe la columna "Reflexiones en cuarentena" dos veces al mes.

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