En el Perú, más de 10 millones de personas viven expuestas a metales pesados como cadmio, arsénico, mercurio y plomo. La cifra es del Ministerio de Salud (Minsa) y revela una exposición extendida, cotidiana, muchas veces silenciosa.
En 2025, el presupuesto público destinado al tratamiento y a los exámenes de tamizaje de esta población fue de S/ 20,400,029.00. Si se divide entre el total de personas expuestas, equivale a aproximadamente S/ 2 por persona en todo el año.
La cifra es pequeña. Pero lo que ocurre después no se refleja solo en el presupuesto.
Para muchas personas, la exposición termina convirtiéndose en enfermedad crónica. Y cuando eso ocurre, la vida cambia dentro de casa. Hay quienes quedan totalmente dependientes: necesitan ayuda para desplazarse, para alimentarse, para asistir a controles médicos. El cuidado deja de ser ocasional y se vuelve permanente.
Un estudio de Oxfam —titulado “Mujeres en tiempos de transición energética: aproximación a los costos de salud de la exposición a metales pesados y metaloides y del trabajo de cuidados”— pone números a esa realidad. A partir de datos de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) entre 2015 y 2023, el análisis comparó el gasto de hogares con personas que tienen enfermedades crónicas frente a aquellos que no enfrentan esa situación.
El resultado es claro: las familias que tienen a su cargo a personas totalmente dependientes pueden gastar hasta 2.5 veces más.
Solo en 2023, una familia sin personas dependientes destinó en promedio S/ 853.00. En cambio, aquellas con integrantes que padecen enfermedades crónicas de este tipo llegaron a gastar S/ 2,285.00, más de dos veces y media.
Pero no todo se mide en dinero. Los hogares con personas totalmente dependientes destinan en promedio 35 horas semanales al cuidado. En los hogares sin esta condición, el tiempo dedicado es de 27 horas. Ocho horas adicionales cada semana. Un día laboral completo.
Y esa diferencia tiene rostro de mujer. Según el informe, las mujeres dedican hasta 50 horas semanales al cuidado de personas totalmente dependientes. En zonas rurales, la cifra asciende a 55.6 horas. Los hombres, en comparación, destinan 17.4 horas semanales en promedio, y 21 horas en áreas rurales.
Oxfam advierte que esta sobrecarga está estrechamente vinculada a la ausencia de servicios públicos básicos en muchas de las zonas afectadas.
La organización explicó que, cuando en las zonas rurales no hay centros de salud cercanos ni con personal y recursos suficientes para atender estos casos, las horas dedicadas al cuidado aumentan. No solo porque hay más tareas que hacer en casa, sino porque las mujeres deben caminar durante horas para llegar al establecimiento más próximo. En ese trayecto cargan con la enfermedad, con el tiempo y con el esfuerzo físico.
Expuestos, pero no siempre visibles
“Ahora todo mi cuerpo me duele. Mi cuerpo está débil. A veces siento mucho sueño, me duele la cabeza”, cuenta Graciela desde Espinar, Cusco, donde opera la multinacional Glencore.
En esta provincia, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) multó recientemente a la compañía con S/ 5.7 millones, tras comprobar niveles peligrosos de partículas contaminantes en el aire de la comunidad de Alto Huarca, relacionadas a sus operaciones.
Graciela fue sometida a exámenes de orina y sangre para determinar la presencia de metales pesados en su organismo. “Era arsénico, tenía 212. Así me dijo el doctor: ‘así estás’. Por eso me encuentro enferma”, relata en quechua en un video difundido por Oxfam.
A la fecha, no se sabe cuántas personas han desarrollado enfermedades crónicas como consecuencia de esta exposición.
Aunque la ley para fortalecer la prevención, mitigación y atención de la salud afectada por la contaminación con metales pesados y otras sustancias químicas fue promulgada en 2021, su reglamento recién se aprobó en 2023. Esa demora ha limitado su implementación.
El Minsa mantiene un registro de personas expuestas, desagregado por regiones. Sin embargo, este sistema incluye únicamente a quienes presentan antecedentes de exposición —por fuentes naturales o actividades humanas— en agua, aire, suelo o alimentos que superan los valores permitidos, aun cuando no presenten manifestaciones clínicas de intoxicación aguda o crónica.
En 2025, el Minsa notificó 78,517 personas expuestas, el mayor número registrado hasta ahora. Las regiones con más casos fueron Arequipa, Ica, Áncash, Pasco y Junín.
Oxfam advierte que el registro se basa en un padrón que contiene información de las personas que logran acudir a establecimientos de salud para recibir atención médica y obtener un diagnóstico. Es decir, quienes no llegan al sistema, no aparecen en las cifras.
Por eso, la organización subraya que se requiere registrar a todas las personas expuestas, ya que todas se encuentran en riesgo y el agravamiento de su salud es probable conforme la exposición se vuelve más crónica.
El informe concluye que la respuesta del Estado frente a la exposición a metales pesados sigue siendo insuficiente. El presupuesto es limitado y el sistema de salud no tiene capacidad para ofrecer atención integral a millones de personas afectadas.
Mientras tanto, la enfermedad se enfrenta en casa. Y el cuidado —invisible, constante, no remunerado— recae mayoritariamente en las mujeres.