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Climatopedia

El Niño: por qué unas regiones podrían inundarse mientras otras ya enfrentan escasez de agua

El ENFEN prevé que El Niño costero mantendrá una magnitud extraordinaria hasta enero de 2027. Mientras las primeras lluvias ya provocan problemas en el norte, otras regiones enfrentan restricciones de agua. El fenómeno también podría agravar la transmisión del dengue y la leptospirosis, cuyos casos han aumentado este año.

El calentamiento del mar frente al Perú al 6 de octubre de 2026. El recuadro señala la región Niño 1+2, utilizada para vigilar El Niño costero.
El calentamiento del mar frente al Perú al 6 de octubre de 2026. El recuadro señala la región Niño 1+2, utilizada para vigilar El Niño costero.
Fuente: Senamhi/OSTIA

El próximo verano podría traer lluvias intensas, crecidas de ríos y temperaturas excepcionalmente altas al Perú. Pero los riesgos serán distintos según la región. Mientras en la costa norte y central aumentarían las posibilidades de inundaciones y huaicos, sectores de la sierra sur y la Amazonía podrían sufrir escasez de agua.

Este es el escenario que presenta la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) en su último comunicado, publicado el 16 de octubre. Según sus proyecciones, El Niño costero —el calentamiento anormal del mar frente a Ecuador y el norte del Perú— mantendría una magnitud extraordinaria hasta enero de 2027. Luego perdería intensidad, pero continuaría hasta comienzos del otoño.

Las advertencias científicas han estado acompañadas de declaraciones alarmantes de las autoridades. La presidenta Keiko Fujimori afirmó que El Niño será «realmente dramático» para el país. El ministro de Salud, Luis Dyer, sostuvo que nos espera una «situación terrible» y aseguró que algunos ríos se desbordarán.

El pronóstico exige medidas urgentes de prevención y preparación. Pero las advertencias no bastan: la población necesita saber qué zonas están en riesgo, cómo protegerse y qué hará el Estado para reducir los peligros que enfrenta.

El calentamiento del océano Pacífico al 16 de octubre de 2026. Los tonos rojos indican temperaturas del mar superiores a lo habitual.
El calentamiento del océano Pacífico al 16 de octubre de 2026. Los tonos rojos indican temperaturas del mar superiores a lo habitual.
Fuente: Senamhi/OSTIA

¿Por qué este El Niño es extraordinario?

El Niño es un fenómeno climático que se caracteriza por el calentamiento anormal de las aguas del océano Pacífico tropical. Este cambio altera la circulación de los vientos y puede modificar las lluvias y temperaturas en distintas partes del mundo, incluido el Perú.

En condiciones habituales, los vientos que soplan sobre el Pacífico ecuatorial empujan las aguas superficiales cálidas hacia el oeste, en dirección a Indonesia y Australia. Frente a Perú y Ecuador, en cambio, ascienden aguas más frías y ricas en nutrientes desde las profundidades. Este proceso, conocido como afloramiento, contribuye a la riqueza pesquera del mar peruano.

Durante El Niño, los vientos pueden debilitarse y las aguas del Pacífico central y oriental se calientan más de lo habitual. Frente a la costa peruana, este calentamiento puede favorecer una mayor evaporación y, bajo determinadas condiciones atmosféricas, provocar lluvias intensas, especialmente durante el verano.

Para vigilar el fenómeno, los científicos observan dos regiones del océano. La primera, denominada Niño 1+2, se encuentra frente a Ecuador y el norte del Perú. Su temperatura permite evaluar la evolución de El Niño costero, que tiene especial importancia para el clima del litoral peruano.

La segunda región, llamada Niño 3.4, está situada en el Pacífico ecuatorial central. Se utiliza como referencia para estudiar El Niño a escala internacional, porque el calentamiento de sus aguas puede alterar las condiciones climáticas en distintas partes del planeta.

¿Por qué se considera extraordinario el episodio actual? El ENFEN clasifica la intensidad de El Niño costero según cuánto supera la temperatura del mar su promedio habitual. Para ello utiliza un indicador que considera las variaciones de temperatura durante tres meses.

Grinia Ávalos, jefa del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), explicó que la categoría extraordinaria corresponde a un calentamiento superior a los 3,5 °C respecto de lo habitual. «Este evento está por encima de los 4 grados», señaló.

El índice del Senamhi muestra que el calentamiento del mar alcanzaría una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027.
El índice del Senamhi muestra que el calentamiento del mar alcanzaría una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027.
Fuente: Senamhi

Un fenómeno global con efectos distintos

El 8 de octubre, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó en 83 % la probabilidad de que El Niño alcanzara, entre octubre y diciembre de 2026, una intensidad que superaría la de los episodios más fuertes registrados desde 1950, según uno de sus indicadores del calentamiento del Pacífico central.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también ha advertido que El Niño probablemente continuará hasta febrero de 2027 y que sus efectos podrían extenderse durante los siguientes meses.

Pero las consecuencias no serán similares en todas partes. El calentamiento del Pacífico puede favorecer precipitaciones en determinadas regiones de América, mientras otras experimentan condiciones más secas. También puede alterar las temperaturas, la actividad agrícola y la disponibilidad de agua.

Ken Takahashi, investigador científico principal del Instituto Geofísico del Perú (IGP), explica que, cuando se calienta el Pacífico central, pueden desplazarse las zonas donde se forman las grandes tormentas tropicales. Esa alteración de la circulación atmosférica puede reducir las lluvias en regiones andinas y amazónicas del Perú, mientras el calentamiento del mar frente a la costa favorece precipitaciones en el litoral.

¿Dónde se esperan las lluvias más intensas?

Según el ENFEN, durante los meses que restan de 2026 se incrementarían las lluvias por encima de lo normal en la costa norte, la costa central y la sierra noroccidental. En el norte podrían ocurrir episodios localizados de intensidad moderada a fuerte.

Para el verano de 2027, entre enero y marzo, el pronóstico mantiene la posibilidad de lluvias superiores a los promedios históricos en esas mismas zonas.

Las precipitaciones ya comenzaron a provocar problemas. El 20 de octubre, las lluvias activaron tres quebradas en el distrito de Pampas de Hospital, en Tumbes, y afectaron vías de acceso a zonas agrícolas. El Senamhi advirtió que las lluvias podrían continuar durante los siguientes días en Tumbes y Piura.

Vecinos intentan poner a salvo sus pertenencias durante las inundaciones provocadas por El Niño costero de 2017 en el norte del Perú.
Vecinos intentan poner a salvo sus pertenencias durante las inundaciones provocadas por El Niño costero de 2017 en el norte del Perú.
Foto: Fundación Adsis/Archivo

Otra señal de alerta está en los ríos. Desde noviembre se esperan caudales superiores a lo normal en el Tumbes, Chira, Piura, La Leche y Jequetepeque. Desde diciembre podrían registrarse condiciones similares en el Rímac y el Chillón, que atraviesan sectores de Lima.

Nelson Quispe, especialista en meteorología del Senamhi, explicó que las lluvias intensas pueden activar quebradas en cuestión de minutos, dejando poco tiempo para evacuar. Entre las zonas vulnerables de Lima mencionó sectores de San Juan de Lurigancho, Comas, Huaycán y Chosica, donde existen viviendas próximas a quebradas o pendientes pronunciadas.

Millones de personas en zonas de riesgo

En su estudio de escenarios de riesgo para el verano de 2027, el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) identificó 112 distritos con riesgo muy alto de inundaciones, distribuidos en 20 departamentos.

En las zonas de esos distritos donde existe mayor peligro de inundación viven aproximadamente 3,57 millones de personas. Allí también se encuentran 638 establecimientos de salud y 4.631 locales educativos.

El reporte identifica además 702 distritos con riesgo muy alto de huaicos, deslizamientos y otros movimientos de tierra. En las zonas donde estos fenómenos representan un mayor peligro viven unos 3,33 millones de personas y se ubican 2.244 establecimientos de salud.

Funcionarios y técnicos de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) revisan planos durante una visita de campo.
Funcionarios y técnicos de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) revisan planos durante una visita de campo.
Foto: ANIN

Los problemas de drenaje ya están teniendo consecuencias. Las lluvias del 19 y 20 de octubre dejaron calles inundadas en distintos sectores de Piura, dificultaron el tránsito, afectaron comercios y obligaron a suspender clases en algunos colegios. El Ministerio de Vivienda puso en funcionamiento cinco sistemas alternativos para retirar el agua acumulada.

Marina Farías, investigadora del Instituto de Hidráulica, Hidrología e Ingeniería Sanitaria de la Universidad de Piura, advierte que el crecimiento urbano sin planificación ha agravado el riesgo de inundaciones en la costa norte. Algunas ciudades han crecido sobre terrenos donde el agua de lluvia se acumula porque no tiene una salida natural. Son las llamadas cuencas ciegas, que necesitan sistemas de drenaje para evitar aniegos.

A esto se suma el deterioro de las defensas que protegen las zonas pobladas frente a los desbordes de los ríos. Algunas colapsaron durante inundaciones anteriores y todavía no han sido reparadas.

Las soluciones definitivas siguen pendientes. En junio, la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) declaró viable un proyecto de drenaje pluvial para Piura, Castilla, Catacaos y Veintiséis de Octubre, que contempla 52 sistemas para proteger a más de 726.000 habitantes. Sin embargo, el proyecto aún debía pasar por la elaboración de su expediente técnico y las siguientes etapas antes de la construcción.

La otra amenaza: la escasez de agua

Mientras unas regiones podrían recibir lluvias abundantes, otras enfrentarían escasez de agua. De hecho, las restricciones ya han comenzado en algunas zonas del país.

En Lambayeque, la falta de lluvias en las zonas altas de la cuenca del río Chancay ha reducido las reservas del embalse de Tinajones. El 14 de octubre, la empresa prestadora de agua potable EPSEL informó que el reservorio tenía apenas unos diez millones de metros cúbicos de agua y advirtió que podría ser necesario racionar el abastecimiento a la población.

En Tacna también hay restricciones. Desde el 1 de octubre se redujo la cantidad de agua destinada al abastecimiento de la ciudad. La Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) informó que la empresa prestadora había dispuesto medidas de racionamiento y advirtió que los recortes podrían afectar a más de la mitad de la población.

En Puno, el descenso del lago Titicaca ya es visible. Según el Senamhi, entre mayo y el 6 de octubre su nivel disminuyó 53 centímetros debido a la falta de lluvias y la evaporación. El organismo prevé que continuará descendiendo durante los próximos meses.

Animales (vacas y burros) reunidos en torno a un pequeño pozo o bomba de agua en medio de una pampa desértica. Muestra la escasez extrema para el ganado.
Una mujer recoge agua de un pozo en Puno, donde el nivel del lago Titicaca ha descendido debido a la falta de lluvias y la evaporación.
Foto: Musuk Nolte/Archivo

El ENFEN también anticipa lluvias normales o inferiores a lo habitual en sectores de la Amazonía y caudales por debajo de lo normal en ríos como el Ucayali, Huallaga, Apurímac y Vilcanota.

La situación de los reservorios añade preocupación. En octubre, los principales embalses del país almacenaban en conjunto el 58 % de su capacidad. Aunque es habitual que sus reservas disminuyan en esta época, el ENFEN advirtió que Tinajones, en Lambayeque, y Paucarani, en Tacna, registraban niveles particularmente bajos.

El Gobierno declaró el estado de emergencia en 707 distritos de 17 departamentos ante el peligro de escasez de agua durante la temporada de lluvias 2026-2027. Sin embargo, Lambayeque quedó fuera de la medida, pese a las advertencias sobre Tinajones.

El Decreto Supremo N.º 140-2026-PCM, publicado el 11 de octubre, dispone medidas para reducir los riesgos y atender posibles emergencias, pero establece que deberán financiarse con los presupuestos de las entidades involucradas, sin recursos adicionales del Tesoro Público.

La falta de agua amenaza las actividades agrícolas y podría ocasionar pérdidas de cultivos y dificultades para la crianza de ganado. Una menor producción también podría reducir la disponibilidad de determinados alimentos y elevar sus precios, con mayores consecuencias para los hogares de menores ingresos.

Los riesgos para la salud

El Perú llega a la temporada de lluvias con un aumento de enfermedades que podrían agravarse durante El Niño. El dengue, la leptospirosis y las enfermedades diarreicas ya registran más casos o episodios que en 2025, según el Ministerio de Salud.

Una de las principales amenazas es la contaminación del agua. Las inundaciones pueden dañar los sistemas de abastecimiento y alcantarillado, favoreciendo la propagación de enfermedades diarreicas. Hasta la semana epidemiológica 40, que concluyó a inicios de octubre, el Minsa había notificado 1,16 millones de episodios de estas enfermedades, un aumento del 11,3 % respecto del mismo periodo de 2025.

La leptospirosis también muestra un incremento preocupante: se notificaron 13.235 casos, un 85,5 % más que en el mismo periodo del año anterior. Esta infección bacteriana puede contraerse al entrar en contacto con agua o lodo contaminados con orina de animales infectados, especialmente roedores.

El Perú registra un aumento de casos de dengue en 2026. Las lluvias intensas previstas durante El Niño podrían agravar la transmisión de esta enfermedad.
El Perú registra un aumento de casos de dengue en 2026. Las lluvias intensas previstas durante El Niño podrían agravar la transmisión de esta enfermedad.
Foto: Salud con lupa/Archivo

José López Revilla, infectólogo del Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja, explicó que la bacteria puede ingresar al organismo a través de heridas en la piel o de las mucosas. Sus síntomas iniciales, como fiebre y dolores musculares, pueden confundirse con los del dengue, lo que hace importante una evaluación médica oportuna.

El dengue representa otra amenaza. Las lluvias pueden dejar agua acumulada en recipientes donde se reproduce el mosquito Aedes aegypti, transmisor de esta enfermedad. Pero la escasez de agua también puede favorecer su proliferación cuando las familias deben almacenarla en depósitos sin tapar.

En 2026, los casos de dengue ya superan ampliamente los registrados durante el mismo periodo de 2025. Al 20 de octubre, el Minsa había notificado 76.298 casos, entre confirmados y probables, y 72 fallecimientos confirmados, con otras 11 muertes bajo investigación. Piura y Lambayeque, dos de las regiones amenazadas por las lluvias de El Niño, acumulan 13.938 y 9.882 casos, respectivamente.

La experiencia de 2023 muestra cómo las precipitaciones extremas pueden agravar la transmisión. Una investigación publicada en One Earth en abril de 2026 estimó que las lluvias asociadas al ciclón Yaku fueron responsables de aproximadamente el 60 % de los casos de dengue registrados durante los tres meses siguientes en los distritos afectados del noroeste peruano incluidos en el análisis. Según el modelo utilizado por los investigadores, fueron unos 22.000 casos atribuibles a aquellas precipitaciones.

Thais dos Santos, asesora regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) especializada en enfermedades transmitidas por mosquitos, advierte que El Niño puede favorecer la propagación del dengue y el chikunguña. Por ello, recomendó utilizar la información climática para anticipar los riesgos y orientar las medidas de prevención y control.

Ante este escenario, el Minsa emitió el 20 de octubre una alerta epidemiológica nacional para reforzar la vigilancia y la respuesta frente a las enfermedades que podrían agravarse durante El Niño. La medida dispone fortalecer el diagnóstico temprano, la capacidad de los laboratorios y la disponibilidad de medicamentos, insumos y personal capacitado en los establecimientos de salud.

Los pronósticos permiten identificar los peligros con anticipación. La tarea pendiente es que las autoridades informen qué zonas requieren medidas urgentes, qué obras estarán listas antes del verano y cómo garantizarán la atención a las poblaciones afectadas.