No es solo el virus: ¿qué otros factores afectan la salud mental de nuestro personal médico?

Entrevistas

No es solo el virus: ¿qué otros factores afectan la salud mental de nuestro personal médico?

En esta entrevista, el Dr. Carlos Bromley, médico psiquiatra del Minsa, nos explica cómo la burocracia, la desinformación y el estigma también afligen a nuestro personal sanitario. En algunos casos, la corrupción los ha expuesto a más peligros que el virus.

Persona de salud - Andina
ANDINA/Difusión

La pandemia golpea a diario la salud mental de todos nosotros pero probablemente quienes reciben el azote más fuerte sean los trabajadores sanitarios. A mediados del año pasado, el Perú se unió al estudio internacional The Covid 19 Heroes - Healthcare Workers que, junto a otros 28 países, trata de registrar el impacto de la emergencia en el bienestar emocional del personal médico. Hasta la fecha han encuestado a más de dos mil doctores, enfermeros y técnicos peruanos. Más del 50% presenta síntomas de depresión, casi un 10% manifestó querer “echarse a dormir y no despertar” y un 2.1% dijo haber pensado quitarse la vida días previos a la encuesta.

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Carlos Bromley, médico psiquiatra.

En esta entrevista, el médico psiquiatra Carlos Bromley explica algunos de los detonantes que están alterando el estado emocional del personal médico en nuestro país. El doctor Bromley integró el equipo del Ministerio de Salud que preparó la guía técnica para el cuidado de la salud mental del personal sanitario durante la pandemia.

En el estudio internacional Los héroes del Covid-19 se han encuestado hasta la fecha a más de dos mil trabajadores sanitarios de nuestro país. Entre los primeros resultados figura que el 52% tiene síntomas depresivos. ¿Cuáles son estos síntomas?

Lo primero que están manifestando es un agotamiento emocional por observar tanto dolor y sufrimiento. A diario ven a sus pacientes y a sus colegas morir. Hay mucha tristeza entre ellos porque si bien es cierto como médico uno está adiestrado a no involucrarse demasiado con los pacientes, al final también somos seres humanos, también reaccionamos frente al dolor.

Además la pandemia ha agudizado la tragedia en situaciones que por naturaleza ya eran tristes.

Claro. Dense cuenta, por ejemplo, que un paciente normalmente recibe en el hospital la visita de sus seres queridos, es acompañado en su lecho de agonía por sus familiares y de ellos obtiene consuelo. Ahora, por el virus, el paciente no tiene esa oportunidad, no recibe visitas, entonces recurre sobre todo al personal de enfermería para contarles lo que sienten y para darles encargos. Les piden que por favor llamen a sus hijos y que les digan tal y tal cosa si se mueren. Hay una sobrecarga de demandas personales de parte de los pacientes que agita las defensas emocionales de los trabajadores sanitarios.

Además de la tristeza, ¿qué otras emociones son las más comunes entre nuestro personal médico?

Un segundo sentimiento es el temor a contagiarse, a enfermarse y a morir. Si uno ve a diario morir tantas personas en el pabellón donde trabaja no es fácil mantener el optimismo. El personal sanitario está luchando con pensamientos pesimistas sobre esta pandemia. Y también, pero de manera más reducida, algunos están presentando disforia emocional. Es decir, sus emociones fluctúan con constancia. Pueden estar tristes, luego alegres, inquietos o de mal humor.

En Salud con Lupa hemos conversado a lo largo de estos meses con varios doctores, técnicos y enfermeras. La mayoría nos ha dicho que en su profesión no hay tiempo para hablar de lo que sienten, menos ahora en pandemia. En ese caso, ¿qué síntomas físicos evidencian su agotamiento emocional?

Básicamente tres. Primero, cambios en el apetito. Tenemos personal que llega tomando desayuno a su guardia y ya no come nada hasta la noche porque no tiene tiempo. Además de todo lo que significa sacarse el vestuario de protección para los que están en UCI. Segundo, hay alteraciones en el sueño. Tenemos trabajadores con temor de regresar a casa y contagiar a su familia. Algunos están durmiendo en sus carros, en el estacionamiento del hospital. Otros se han juntado en grupitos y han alquilado cuartos cerca de sus trabajos para ir a descansar entre turnos. Están tan preocupados que no pueden dormir. Y, por último, también se han manifestado trastornos de la libido. Para muchos ha cambiado la intimidad que tenían con sus parejas antes de la pandemia. Estos síntomas son muy propios de la depresión.

Puede que alguien piense que la depresión de un doctor es algo que afecta solamente a él y a su familia. Sin embargo, ¿la depresión del personal sanitario puede ser un problema de salud pública? ¿Alguien con un agotamiento emocional tan intenso podría cometer más errores en su trabajo?

Cualquier afectación en la salud mental de las personas afecta su desempeño en general. Esto incluye su desempeño laboral. Claro, el personal agotado podría cometer más errores o tomar decisiones con más lentitud. Es por eso que el año pasado en el Ministerio de Salud trabajamos una guía técnica sobre el cuidado de la salud mental del personal sanitario en el contexto del Covid-19. Con ella implementamos equipos de acompañamiento psicosocial en los hospitales.

¿Cómo funcionan estos equipos?

Es personal del mismo hospital que realiza diferentes actividades. Hay equipos que intervienen de manera proactiva, se acercan a los trabajadores, conversan con ellos, hacen algunos ejercicios de relajación, respiración, estiramientos. Otros equipos aplican una ficha de tamizaje en el personal para evaluar su salud mental. Eso es voluntario, no se obliga a nadie a participar. También tenemos un equipo a disposición permanente, como un consultorio, para que el personal vaya a atenderse de manera individual, y reciban el tratamiento que necesiten. Puede ser farmacológico, sesiones de terapia y hasta descanso médico si lo ameritan.

Además de este apoyo psicosocial, la guía técnica que menciona señala que es importante evitar que el personal sanitario se sienta desamparado. Y que por eso las autoridades deben garantizar un buen registro de sus contratos, se deben pagar sus horas extras y cumplir con lo que se les ofrece, como bonificaciones y seguro médico. Sabemos por varios testimonios que esto no está sucediendo a cabalidad. ¿Afectan los enredos burocráticos a la salud mental de una persona?

Enormemente. Y es cierto que está pasando. Felizmente no en la mayoría de los casos pero sí hay quienes han hecho horas adicionales y no se les paga por un tema burocrático. Quizás quien ingresó el DNI del doctor no lo hizo bien, se equivocó en un número, y entonces esas horas no se registran. Se tiene que hacer otra vez y eso demora el pago. También hay lugares en el país donde en su momento no hubo suficiente EPP. Les daban una mascarilla a la semana. También ha sucedido que ciertas bonificaciones dadas al personal que está atendiendo Covid no han llegado a todos. Esto afecta mucho el estado de ánimo porque yo espero que dentro de todo el esfuerzo que hago, a fin de mes me llegue el bono y no me llega, entonces me frustro. Me dicen que me van a dar una mascarilla, voy a pedirla, no me la dan, tengo que usar la del día anterior, entonces me frustro. Ya hice planes para comprarles un regalito a mis hijos que no veo hace tiempo pero a fin de mes no me pagan mis horas extras, entonces me frustro y encima se frustran mis hijos. Los incumplimientos, la frustración, perturban mucho la estabilidad mental de las personas. Lamentablemente es algo que sí está sucediendo.

Siguiendo con el tema del desempeño de las autoridades, lamentablemente en el Perú estamos acostumbrados a la corrupción sobre todo en la política. Pero ahora, en plena pandemia, el escándalo de las vacunas también alcanzó a doctores e investigadores en los que miles estaban confiando. Es difícil mantener el ánimo. ¿Qué podemos hacer para no caer en el hoyo de pensar que todo está mal y siempre lo estará?

Ese fenómeno que mencionas se llama desesperanza aprendida, eso hace que normalicemos lo incorrecto y ya no nos sorprenda. Eso nos pasa con la política y está mal porque nos impide avanzar, ser asertivos y caminar en la búsqueda de algo mejor.

¿Nos podría explicar un poco más el concepto de la desesperanza aprendida?

Este concepto surge a partir de un experimento que se hizo hace muchos años, un experimento bastante cruel con los animales. El estudio consistió en amarrar a un gato por una de sus patas y hacerle toques de corriente eléctrica. Al primer choque eléctrico, el gato intentó salir corriendo pero como tenía la pata amarrada, no pudo. Al segundo choque, lo mismo; al tercero, lo mismo. Su reacción siempre fue huir hasta que tantas veces intentó hacerlo y no lo logró que, de pronto, se le puso corriente y se quedó quieto. Ya no intentaba correr. Ya no reaccionaba. Eso se llama desesperanza aprendida. Te convenciste de que no hay forma de evitar que algo tan negativo suceda. No es lo mismo que adaptarte a una situación. En el Perú hay desesperanza aprendida frente a todo, sin embargo, tenemos que luchar contra ella.

¿Cómo podemos hacerlo?

Un primer paso es evitar generalizar: reconozcamos que la corrupción no ocurre con todos. Mira, puede que un restaurante haya atendido por años a cientos de personas que comen bien y están contentas todos los días, pero el día que aparezca la mosca en la sopa de un cliente se hará mucha bulla, todos van a reclamar y el restaurante hasta puede quebrar. Es importante que evitemos generalizar. Tenemos que reconocer que algunas personas que tenían nuestra confianza y que las conocíamos por sus valores éticos han fallado. Hay que saber que la esperanza de tener buenos funcionarios nunca debe perderse porque hay buenos ciudadanos en el Perú. Solo nos toca aprender a elegirlos bien.

Sí pues, resulta difícil mantener esa mirada equilibrada sobre todo si pasamos mucho tiempo consumiendo noticias o en redes sociales. Sobre este punto, ¿la desinformación, el trabajo irresponsable de algunos medios de comunicación, también afecta la salud mental del personal sanitario?

Mucho, mucho, mucho. Este es un gran tema. Al hospital llegan pacientes que les exigen a los médicos que les den ciertas medicinas que no están en el protocolo pero que ellos han leído en internet que funcionan. Muchas veces se llega a una situación violenta. Actualmente hay una sobresaturación de información. A veces los medios repiten lo mismo vez tras vez. En otros países las noticias se manejan de manera diferente y no porque los medios sean mejores sino porque la sociedad es diferente. Por ejemplo, se cubren los accidentes de tránsito de otra forma. En principio, los periodistas no entrevistan a los heridos ni enfocan a los muertos sino que dejan que ingresen las ambulancias, las funerarias, etc. Luego enfocan el auto chocado, dan los datos, y advierten no circular por esa zona porque hay atollamiento. Listo. Acá nuestra sociedad es diferente. Tenemos esa anécdota de la periodista preguntándole al herido cómo se siente. Nosotros somos habladores, nos encanta el detalle llamativo y los medios de comunicación reflejan eso.

¿Diría usted que como sociedad tendemos más al discurso emocional que al discurso racional? Y ¿esto afectaría la manera en la que estamos experimentando la pandemia?

Por supuesto que los peruanos somos particularmente emocionales y claro que nos afecta porque en la pandemia nos toca ser racionales. Este es momento de utilizar nuestro pensamiento, nuestro análisis y nuestro juicio para tomar decisiones. El ser demasiado emocionales contamina todo nuestro quehacer y por eso también incumplimos las normas, nos aglomeramos, buscamos la apapachada grupal, entre otras cosas. En esta segunda ola hay que usar la razón para no repetir los errores de la primera. Lamentablemente eso es lo que está sucediendo en todos lados, no solo aquí, pero hay que tener cuidado porque el contexto ahora es más intenso y peligroso.

¿Qué podríamos hacer para aliviar la carga emocional de nuestro personal sanitario? Más allá de los asuntos que tiene que corregir el gobierno, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros?

Podemos recordar que ellos siguen siendo nuestros héroes, siguen siendo esas personas a las que decidimos aplaudir en un inicio de la pandemia desde nuestras casas. Ellos siguen en los hospitales trabajando. Todos conocemos a alguna doctora, enfermero, técnica. Si tenemos a uno de vecino, en lugar de estigmatizarlo porque creemos que nos puede traer el virus, seamos amables. Promovamos grupos de solidaridad emocional con ellos y sus familias. Si sabemos que en el salón de clases virtual de nuestro hijo está también la hija de un doctor, pues llamemos a saludar a la familia, preguntemos cómo están, coordinemos un momento por zoom para que los niños se distraigan. Quizás sea difícil que el personal sanitario llegue a pedir apoyo económico y que nos organicemos para darles alimento pero sí podemos ofrecerles soporte emocional. Después de tanto tiempo en primera línea, lo necesitan.

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