A cuatro años del derrame de 11,900 barriles de petróleo crudo de la Refinería La Pampilla, operada por la transnacional española Repsol, aún se encuentran restos del desastre en las playas afectadas de Ventanilla. Una visita de campo realizada en diciembre de 2025 por un equipo técnico coordinado por la ONG CooperAcción —integrado por el biólogo marino Stefan Austermühle y pescadores afectados—, constató que en la playa Cavero persisten residuos del petróleo derramado el 15 de enero de 2022.
Esto fue posible mediante la búsqueda de “bolas de alquitrán” —formaciones oscuras parecidas al carbón que, según un estudio publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, corresponden a los últimos restos contaminantes de los derrames de petróleo— y la excavación de tres zanjas de 20 hasta 70 centímetros de profundidad.
Con estos métodos, el equipo técnico halló 25 kilogramos de bolas de alquitrán, incluyendo una de aproximadamente 30 centímetros de largo, mezcladas con plantas y arena, además de capas oscuras de sedimentos que podrían corresponder a petróleo acumulado bajo la superficie de la playa Cavero.
“Luego de un derrame, entre el 20% y el 30%, dependiendo del tipo de crudo, se evapora; no desaparece, sino que puede trasladarse con el viento a otra parte. El material más grueso se queda y forma bolas de alquitrán que permanecen hasta por décadas en el mar o en la playa”, explicó el biólogo marino Stefan Austermühle, miembro del equipo.
Desde el punto de vista de la salud pública, las bolas de alquitrán pueden albergar bacterias infecciosas peligrosas para las personas. Cuando se detectan concentraciones superiores a 100 gramos por metro cuadrado, una playa debería cerrarse de inmediato. “En la playa Cavero, nosotros hemos encontrado hasta 1,500 gramos por metro cuadrado. Eso obliga al cierre urgente de la playa y a una limpieza y remediación inmediata”, señaló Austermühle.
Como se recuerda, el derrame contaminó 15 mil hectáreas de áreas costeras y marinas. Esto paralizó las actividades económicas de cerca de 10 mil familias dedicadas a la pesca artesanal en Ventanilla y provocó, además, la muerte de 1,852 animales silvestres. Muchos pescadores no han podido retomar su trabajo y han dejado de percibir ingresos básicos para sostener a sus familias.
“Lamentablemente, debo decir que ya no se puede pescar, porque todas las playas de los cinco distritos afectados —y, por qué no decirlo, hasta Huacho— están contaminadas. No han sido remediadas, como dice la empresa”, señaló Mercedes Yovera, vicepresidenta de la Federación de Pescadores Artesanales, Ancestrales y Tradicionales de los distritos de Ventanilla, Santa Rosa, Ancón, Chancay, Aucallama y Santa Rosa.
De acuerdo con el estudio Valorización económica de la pérdida para las familias pescadoras afectadas por el derrame de Repsol en la costa del Perú, elaborado por CooperAcción con el apoyo de Oxfam en Perú, pescadoras y pescadores artesanales como Mercedes han dejado de percibir en promedio S/ 11,902 mensuales, lo que equivale a una pérdida anual de S/ 149,714 por familia.
“Como se ha podido ver, el petróleo persiste. La empresa, lamentablemente, nos ha engañado al decir que las playas ya están aptas para ejercer nuestra actividad, que es la pesca. Sin embargo, estamos viendo que no es así: el petróleo sigue presente”, señala Alfredo Máximo de Garay, pescador afectado por el derrame.
Ventanilla: sin planes de rehabilitación
Tras el desastre, el Estado peruano exigió a Repsol la elaboración de planes de rehabilitación para las zonas afectadas. Sin embargo, ninguno de los 18 planes presentados por la transnacional ha sido aprobado. Según el Ministerio del Ambiente, estos documentos deben establecer medidas orientadas a eliminar o reducir a niveles aceptables los riesgos para la salud humana y el ambiente asociados a la contaminación.
A la fecha, de acuerdo con CooperAcción, los planes de rehabilitación presentados por Repsol acumulan 606 observaciones sin subsanar. Estas fueron formuladas por entidades como el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre, el Ministerio de la Producción, la Dirección General de Capitanías y Guardacostas, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado y la Dirección General de Salud Ambiental. Estas observaciones están vinculadas a los impactos en distritos como Huacho, Chancay, Aucallama, Ancón, Santa Rosa y Ventanilla. Sin la aprobación de estos planes, el proceso de rehabilitación no puede avanzar de manera efectiva.
El biólogo marino Stefan Austermühle explicó que la principal medida planteada por Repsol frente al derrame es la llamada “atenuación natural”. “Con esto nos están vendiendo la idea de que, tras el derrame, la naturaleza se recupera por sí sola; es decir, que no hace falta acción humana para recuperar el mar”, señala.
Además, advierte que la empresa estaría tomando muestras superficiales en las playas contaminadas a 20 centímetros de profundidad o, en otros casos, a más de un metro, donde ya no se encuentran restos sólidos del derrame, para justificar que la zona ha sido remediada. De igual forma, habría presentado evidencias en peces centradas en tejidos externos, cuando la contaminación suele concentrarse en órganos internos, como el hígado, lo que contribuiría a proyectar la idea de que no existe afectación a la fauna marina.
Por su parte, Repsol no ha emitido ningún comunicado público a poco de cumplirse cuatro años del derrame en Ventanilla. Sin embargo, en su página web sostiene que ha invertido más de mil millones de soles en labores de limpieza inmediata, remediación, monitoreo ambiental y compensación social. También destaca un informe de abril de 2025 del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), según el cual en las playas de Ancón y Pocitos (Ancón) los niveles de residuos del desastre se encuentran dentro de los Estándares de Calidad Ambiental (ECA) aceptados.
Para Alexander Ventura, pescador afectado por el derrame, todavía no hay cambios reales en su vida ni en la de su comunidad. Por eso exige que se pase del papel a la acción: “Que se pongan a trabajar en planes de remediación, que los ejecuten y que no se queden solo en documentos. Que ayuden a limpiar las playas, nuestros puntos de pesca, y que haya repoblación de las especies que nos arrebataron desde el día del derrame”, reclama.