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‘Allinllachu’. Esta es la historia del ingreso del quechua a Google Translate

La incorporación de esta lengua, hablada por cerca de 4 millones de peruanos, podría ayudar a los funcionarios públicos y a los trabajadores de la salud a conectarse con sus comunidades. (Por cierto, “allinllachu” significa hola).

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Josefina Álvarez, una profesora de quechua, mostrando de manera virtual un alfabeto quechua desde Lima, a un grupo de alumnos de la escuela del barrio en el que vive. Lleva más de 30 años enseñando quechua.
Marco Garro/The New York Times

Cuando Irma Álvarez Ccoscco se enteró de que el idioma que ha hablado toda su vida, el quechua, había sido añadido a Google Translate, corrió a su computadora para probarlo. Para no decepcionarse tan pronto, empezó con algunas frases básicas. El resultado fue positivo. “Sí, sí funcionaba”, dice por teléfono esta mujer que es profesora y activista digital.

Esta es más que una nueva herramienta de comunicación; es la reivindicación de que el quechua y sus varios millones de hablantes en Sudamérica merecían una mayor voz y visibilidad, dice Álvarez Ccoscco. Ella y otros activistas del quechua llevaban años impulsando ese argumento. Después de todo, el quechua es una de las lenguas indígenas más habladas en el continente. Pero ahora, “lo dice una empresa tan grande como Google”, comenta. “Es como decir al mundo: ‘mira, acá estamos’”.

El quechua —o más exactamente el quechua sureño, la principal variante de la familia lingüística quechua— fue uno de los 24 idiomas que Google añadió a su servicio de traducción en mayo de este año. En conjunto, estos idiomas son hablados por 300 millones de personas.

Esta nueva tecnología no solo servirá para “conectar a las comunidades de todo el mundo”, como dice Google. También ayudará a los trabajadores de la salud, los profesores, los funcionarios públicos, los agentes de policía y otros servidores a conectar con los hablantes de esas lenguas en sus propias comunidades.

“En los Andes, faltan profesionales bilingües en campos muy críticos”, afirma Américo Mendoza-Mori, académico quechuahablante de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, quien estudia la identidad indígena y lingüística. “Hay millones de hablantes que necesitan ser atendidos y tratados como ciudadanos de su propio país”, afirma.

Eliana Cancha, una enfermera peruana de 26 años, dijo que solo dos de cada diez trabajadores de la salud hablan la lengua quechua que se utiliza ampliamente en la región donde trabaja, lo que obliga a muchos pacientes a tratar de explicar lo que les aqueja señalando partes de su cuerpo. “No pueden expresarse, o hacerse entender con los médicos como corresponde”, afirma Cancha, quechuahablante nativa. “Eso quiere decir que no están recibiendo el tratamiento adecuado”.

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Yeni Erazo, de 24 años, trabajaba en la traducción al quechua de un texto para una revista con la ayuda de Google Translate.
Marco Garro/The New York Times

Una lengua viva

El quechua surgió entre los Andes centrales de Perú hace más de 1.500 años. En el siglo V, se había expandido en dos grupos principales, con aún más variantes, y en el siglo XV, los incas adoptaron uno de ellos como lengua franca (de uso común) de su vasto imperio, que se extendía desde Colombia hasta Argentina.

En la actualidad, se calcula que entre ocho y diez millones de personas hablan quechua en Sudamérica, principalmente en Perú, Bolivia y Ecuador. El quechua sureño es, con mucho, el más usado, con hasta siete millones de hablantes.

Hasta hace poco, el sistema de aprendizaje automático de Google Translate necesitaba ver traducciones de un idioma a otros que conoce para dominarlo, cuenta Isaac Caswell, investigador científico de Google Translate. Pero ahora tiene tanta experiencia que puede aprender a traducir un nuevo idioma con nada más que un texto en ese idioma.

Caswell lo compara con un políglota encerrado en una habitación con nada más que una pila de libros en un nuevo idioma. Si se le da el tiempo suficiente, el políglota podría resolverlo.

Las lenguas subreepresentadas como el quechua tienen cada vez más presencia en internet, así que el modelo de traducción de Google aprende valiéndose de textos escritos en ese idioma que están disponibles en la web pública. “A medida que aumenta el número de comunidades en línea, es más posible hacer este tipo de cosas”, afirma Caswell.

El lingala, una lengua centroafricana, también acaba de incorporarse a Google Translate, aunque la hablan unos 45 millones de personas. Lenguas europeas como el sueco, el finlandés o el catalán, con un número mucho menor de usuarios nativos, han estado en la herramienta de traducción durante años, principalmente porque han estado sobrerrepresentadas en los textos en línea, dice Caswell.

“La gente lo está celebrando”, dice Maryk Francq Mavie Amonga, asistente de producción del servicio de noticias multilingüe Africanews y hablante nativo de lingala. “Hay muchos lugares que aún no nos conocen”.

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Mariflor Gómez, cantautora limeña quechuahablante, grabando un video en su vivienda.
Marco Garro/The New York Times

La ola digital de los hablantes indígenas

Alvarez Ccoscco describe que hace poco más de una década el quechua apenas existía en internet. Pero ella y otros activistas de esa lengua se han dedicado a digitalizar diccionarios, adaptar software de código abierto, escribir blogs y revistas electrónicas y ofrecer versiones. Todo en quechua, desde extensos documentos coloniales y cuentos hasta videojuegos.

“Google se está uniendo a este ecosistema existente de esfuerzos digitales para asegurarse de que el idioma está ahí”, dice Mendoza-Mori. Agrega que en los últimos años se ha abrazado el idioma y se ha luchado contra los estereotipos que retrataban la lengua como una reliquia del pasado o una curiosidad cultural.

Yeni Erazo, de 24 años, administradora de salud en Lima, cuenta que, aunque su familia la educó para que se sintiera orgullosa de hablar quechua, fue acosada por hablarlo en la escuela primaria. Incluso en la prestigiosa universidad a la que asistió la gente la miraba de reojo.

Pero encontró un grupo de quechuahablantes nativos a los que no solamente les gustaba hablar quechua, sino que lo hacían en voz alta como ella. Juntos, hicieron una revista digital en quechua centrada en la identidad cultural, con 11 ediciones hasta ahora. En este momento trabaja en una serie de videos de TikTok para promover más debates sobre el idioma en las redes sociales. “Yo me siento yo cuando hablo mi quechua”, afirma. “¿Por qué no debería sentirme orgullosa?”.

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Walter Escobar y Sairah Choque, presentan los programas de televisión Ñuqanchik y Jiwasanaka, que se emiten en dos lenguas indígenas en una cadena nacional.
Marco Garro/The New York Times

La resistencia de un pueblo

Tras la invasión española del imperio inca en 1532, el quechua pasó a ser visto como un signo de atraso o una fuente de sospecha por la nueva clase dirigente. Su uso se prohibió oficialmente después de que el líder indígena Túpac Amaru II encabezara una rebelión que recorrió el sur de los Andes a finales del siglo XVIII y que terminó con su tortura, desmembramiento y decapitación en público.

Aun así, los quechuahablantes siguieron constituyendo la mayoría de la población peruana a principios del siglo XX. Pero en 2017, el porcentaje de peruanos que identificaban el quechua como su lengua materna era solo del 14%.

A medida que los quechuahablantes migraban del altiplano andino a las ciudades —algunos en busca de oportunidades, otros desarraigados por los conflictos—, la lengua no fue transmitida a las nuevas generaciones.

En los años 80 y 90, las sangrientas batallas entre los terroristas de izquierda y las fuerzas de seguridad del Estado diezmaron los pueblos quechuahablantes, dejando tras de sí tantos cuerpos torturados y fosas comunes donde hasta hoy las familias de “los desaparecidos” siguen recogiendo sus restos.

En Lima, donde muchos huyeron para escapar, “no podías hablar quechua abiertamente porque eras considerado comunista, terrorista”, dice Ricardo Flores, un rapero, historiador y profesor de quechua que creció en San Juan de Lurigancho, un distrito de la capital con una alta concentración de quechuahablantes.

Flores relata que aún hoy, “se hacen los desentendidos algunos señores, en los mercados y en los parques”. “Pero sí entienden quechua, solo lo reservan para sus casas”, dice este hombre cuyo nombre artístico es Liberato Kani.

El estigma ha pesado tanto sobre el quechua que no está claro si la lengua está creciendo o más bien disminuye, explica Mendoza-Mori. Aunque el último censo de Perú registró un aumento de los hablantes de la lengua, puede ser únicamente porque más personas están dispuestas a reconocer que la hablan, indica.

Incluso cuando los hablantes de quechua celebraron su inclusión en Google Translate, un profesor de derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, una de las más importantes de Lima, fue noticia por preguntar por qué se seguía hablando. En su lugar, pedía alabar el francés, el alemán y el italiano como lenguas de cultura y ciencia.

No cabe duda de que se han hecho avances considerables. En 2016, el canal de medios de comunicación estatal de Perú, TVPerú, añadió un noticiero en quechua a su programación diaria. En 2019, una estudiante de doctorado, Roxana Quispe Collantes, escribió y defendió la primera tesis en quechua en Perú.

De todas las traducciones del quechua que hizo Alvarez Ccoscco, dice que una en particular la llena de orgullo: “Musqusqaykimanta astawan karutaraq chayasaqku”. Se trata de un verso del escritor peruano José María Arguedas en un poema dedicado a Túpac Amaru II, que, según ella, Google tradujo más o menos correctamente como: “Llegaremos más lejos de lo que nunca soñaste”.


c. 2022 The New York Times Company

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