¿Es mi niño un adicto a los videojuegos?

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¿Es mi niño un adicto a los videojuegos?

En esta entrevista, el director ejecutivo de Salud Mental del Ministerio de Salud, Yuri Cutipé, nos explica qué comportamientos en los niños advierten un uso problemático de los videojuegos. Y qué carencias pueden estar escondiendo.

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En todo el mundo, durante estos dos años, nuestros cerebros han estado sobreexpuestos al internet y a las pantallas Freepik

Durante la pandemia, una misma discusión se ha repetido en miles de casas peruanas: los padres piden a sus hijos que “apaguen ya” el Play Station, el Nintendo, la tableta, el celular o la computadora. Y los niños no quieren hacerlo. Al ver su mundo reducido a un solo lugar (la casa), millones de pequeños han encontrado el espacio y la interacción que necesitan en los videojuegos. Los primeros meses del aislamiento, el internet y los juegos en línea se convirtieron en aliados de los padres que tenían que trabajar desde casa y, al mismo tiempo, encargarse de los quehaceres cotidianos. Los niños se entretenían mientras que los adultos avanzaban con sus pendientes.

Sin embargo, con el paso del tiempo, los videojuegos han empezado a convertirse en una fuente de tensión en casa. Muchos niños no quieren comer, dormir o conversar con la familia porque prefieren estar frente a una pantalla. A algunos ya no les interesa ir al parque o salir por un helado, lo único que quieren es encender sus consolas. Los padres preocupados intentan detener este comportamiento con horarios y reglas, pero reducir el tiempo que pasan sus hijos en los videojuegos es un proceso retador. En esta entrevista, el Dr. Yuri Cutipé, psiquiatra especialista en niños, explica porqué, más allá de prohibir las pantallas, los adultos deben tratar de averiguar qué vacío están llenando los videojuegos en las vidas de sus hijos.

Dr. Cutipé, durante la pandemia hemos escuchado a más de un padre de familia decir que su niño se ha vuelto “adicto a los videojuegos”. ¿Es posible que un menor genere adicción al juego?

Como psiquiatra de niños, veo este tema frecuentemente. Es una preocupación común de los padres en la pandemia, sin embargo, los casos de adicción en sí son muy raros. En todo el mundo, durante estos dos años, nuestros cerebros han estado sobreexpuestos al internet y a las pantallas. Se necesita tiempo para realizar estudios que puedan evidenciar el efecto de pasar demasiadas horas conectado. Incluso ya se están realizando algunas investigaciones sobre el impacto de las pantallas en nuestro cerebro desde un punto de vista orgánico y neurológico. En el caso de los niños el resultado es más peligroso pues sus cerebros están en desarrollo.

Claro, es muy probable que haya consecuencias a largo plazo, pero ahora mismo hay muchos niños que se irritan más rápido o no tienen ganas de socializar, ¿podría estar esto relacionado con el uso excesivo de los videojuegos?

Sí. Si bien no hablamos de adicción, en la mayoría de los casos que he visto existe un uso problemático de los videojuegos. Este uso se manifiesta cuando la persona le da prioridad al juego, poniéndolo por encima de actividades vitales como el dormir o comer. Hay niños que tenían muy buen apetito, pero ahora no quieren ni almorzar con tal de seguir jugando. Otros no quieren dormir a pesar de estar muy cansados o han abandonado actividades que antes les interesaban. Quizás ya no quieren ver dibujos ni jugar con la pelota. Sólo quieren sus videojuegos. Todas esas son alertas para los padres. Si observan este tipo de comportamiento en sus hijos, deben poner atención y tratar de explorar cuáles son las razones: ¿qué está llenando el videojuego en la vida de ese niño? ¿qué es lo que no encuentra en su entorno? Puede ser que no esté encontrando la atención que necesita, entretenimiento, organización, afecto… Entonces, el niño intuitivamente, al tener acceso a estos aparatos, empieza a llenar un vacío con ellos y a sentir que la vida es agradable otra vez y a sentirse menos solo.

Bueno, es que, a partir de la pandemia y con las clases virtuales, muchas familias han cambiado sus rutinas. Algunos ya no tienen una hora de comer establecida ni tampoco de sueño, almuerzan frente a la computadora o se conectan a clases desde la cama. ¿El no tener una rutina bien organizada puede afectar emocionalmente a un niño?

La organización de nuestras actividades diarias es un recurso muy importante para preservar el bienestar emocional a todas las edades, no solo durante la niñez. Si no tenemos una programación, no vamos a cumplir nuestras metas, y además vamos a sentir frustración y tensión a partir del desorden. El orden siempre ha sido un reto para el ser humano, pero a la vez es una herramienta que nos permite acceder al bienestar. En el caso de los niños, a un desarrollo integral normal.

Ahora, es un hecho que la organización temporal tiene que ver con la organización espacial. Por la pandemia se ha reducido el espacio de acción e interacción para los más pequeños. Solo tienen la casa para realizar todas sus actividades. La organización del tiempo entonces se ha hecho más complicada para los adultos que los cuidan. Restringir las actividades a un solo espacio ha terminado por complicar los horarios. Por eso, en la pandemia hemos visto una tendencia a alterar los hábitos de alimentación, patrones de sueño, horarios laborales y escolares. Frente a esto, es razonable que los cuidadores hayan buscado herramientas de ayuda. ¿Cómo aliviar el malestar emocional del niño debido al aislamiento? Ese ha sido el gran reto de estos tiempos y lo que miles de padres tenían a la mano era el internet, incluido los videojuegos en línea. Esas consolas han terminado conteniendo todo el malestar por los cambios en el hogar.

Claro, y ahora que los niños se han acostumbrado a jugar muchas horas, restringirles el uso de sus videojuegos es complicado. Algunos se alteran fácilmente. Hay padres que comentan ver a sus hijos más violentos o tener arranques de cólera más seguido.

Hay que tener en cuenta que la expresión emocional es propia de cómo te estás sintiendo en un momento. En un partido de fútbol no vamos a pedir a las personas que no expresen sus emociones: si nuestro equipo falla un penal, vamos a gritar. Es normal. En el juego existe la tendencia a tener una expresión emocional y más aún si es en equipo. Entonces hay que entender que hay un nivel normal de expresión emocional. Sin embargo, si una vez terminado el juego hay manifestaciones de irritación permanente, hay que tener cuidado. Y si durante el juego hay una manifestación demasiado intensa, si el niño ya no sabe controlar la cólera, por ejemplo, y rompe algo o agrede a alguien, también hay que tener cuidado. En esos casos es bueno conversar con el menor para escuchar qué es lo que le pasa y encontrar estrategias para expresar sus emociones sin hacer daño a los demás ni a él mismo.

¿Qué recomienda a los padres que quieran modular el tiempo que pasan sus hijos con los videojuegos?

Los papás sabemos que el proceso de crianza es un proceso muy retador, que se necesita no solo capacidad y conocimiento sino también apoyo y, a veces, los padres no buscamos la ayuda que necesitamos para seguir conduciendo el desarrollo de nuestros menores. La crianza exige la presencia permanente de los padres y una atención cariñosa y sensible a las necesidades de los niños. Ser cariñoso no es ser permisivo, no va en contra de tener autoridad, pero esa autoridad se genera a partir de la capacidad del diálogo y una observación permanente a las necesidades de los niños. No a partir de los gritos y el miedo. Los cuidadores deben tomar en cuenta lo que los niños piden. Para eso tenemos que atrevernos a hacer preguntas sobre qué necesitan, cómo podemos mejorar todos juntos, tomar en cuenta sus sugerencias y hacer acuerdos con ellos. Obviamente esos ajustes se irán haciendo progresivamente, sin parar, sin forzar. El objetivo es hacer acuerdos sin dejar de caminar juntos.

Es interesante esto porque los adultos podemos obviar los deseos de un niño al estar convencidos de que sabemos lo que es mejor para ellos. A veces los padres pueden decir cosas como “no importa lo que tú quieres, tienes que hacer esto y punto”. ¿Sirven realmente esas frases para corregir a un niño?

Esas expresiones no ayudan al niño a sentirse comprendido. Si sirven para algo es para que los adultos saquen la frustración y la cólera que están sintiendo, pero no para obtener un cambio favorable en el menor. Ese no es el mejor camino y los padres lo sabemos. Los hijos no se tomarán en serio la vida a partir del miedo sino del entendimiento. No hay otra manera de ayudar a los niños a que sean mejores en su desempeño: es con la experiencia y con el diálogo. Quisiera poder darles a los padres tres consejos mágicos para educar a los hijos, pero, como he mencionado, la crianza de un niño es un proceso retador. No es nada sencillo. No hay fórmulas mágicas.

Dentro de poco, si las circunstancias lo permiten, los niños podrán regresar al colegio. Tendrán que volver a organizarse, soltar los videojuegos y cumplir con otras actividades ¿Es recomendable que los padres vayan preparando a sus niños para el regreso a la escuela?

Es muy necesario para evitar que el cambio sea brusco y les afecte demasiado. Los padres ya hacían esto antes de la pandemia. Semanas previas al inicio de clases, empezaban a hacer que sus niños duerman más temprano, por ejemplo. Imagínate si eso lo hacían por tres meses de vacaciones, después de dos años hay que hacerlo con mucha más razón. Ayudarlos a dormir a sus horas y reprogramar el horario de las comidas puede ser muy útil. Los niños deben dormir por lo menos de ocho a diez horas y aun así levantarse con anticipación para ir al colegio. En la pandemia algunos niños han estado con el pijama todo el día. Eso tiene un significado muy simbólico sobre la situación extraordinaria que estamos atravesando, pero a estas alturas los adultos hacemos bien en tratar de recuperar el orden de la casa. Que la cama no sea el lugar donde se juega, se come, se estudia. Regresarla a su propósito original: que sea solo donde se duerme. Esas pequeñas rutinas pueden darle al niño la estabilidad que necesita.

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