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Francia Márquez, activista y ex trabajadora del hogar, es la vicepresidenta de Colombia

Su ascenso al poder resulta significativo no solo porque ella es negra en un país donde los afrocolombianos suelen ser objeto de insultos y trato racistas, sino porque tiene orígenes humildes en un país donde la clase económica a menudo define el lugar de una persona en la sociedad.

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Francia Márquez, nueva vicepresidenta electa de Colombia.
Federico Ríos

Por primera vez en la historia de Colombia, una mujer afrocolombiana está en la cima del Poder Ejecutivo.

Francia Márquez, una activista ambiental del Cauca, un departamento montañoso en el suroeste de Colombia, se destacó como un fenómeno nacional y logró movilizar décadas de frustraciones acumuladas de los votantes. El domingo, como compañera de fórmula de Gustavo Petro, se convirtió en la primera vicepresidenta negra del país.

Según los resultados preliminares, el binomio Petro-Márquez ganó las elecciones en segunda vuelta por la presidencia. Petro, quien ha sido guerrillero y luego senador durante mucho tiempo, se convertirá en el primer presidente de izquierda de Colombia.

El ascenso de Márquez resulta significativo no solo porque ella es negra en un país donde los afrocolombianos suelen ser objeto de insultos y trato racistas, sino porque tiene orígenes humildes en un país donde la clase económica a menudo define el lugar de una persona en la sociedad. La mayoría de los expresidentes recientes se educaron en el extranjero y están vinculados con las familias poderosas y las personalidades influyentes del país.

Para un segmento de los colombianos que claman por un cambio y una representación más diversa, Francia Márquez es su defensora. La pregunta es si el resto del país está preparado para ella.

Algunos de sus críticos la han calificado de divisiva, y han dicho que forma parte de una coalición de izquierda que busca destruir, en lugar de construir sobre, las normas del pasado.

No ha ocupado antes un cargo político, y Sergio Guzmán, director de la consultora Colombia Risk Analysis, dijo que “hay muchos interrogantes sobre si Francia sería capaz de ser comandante y jefe, si manejaría la política económica, o la política exterior, de manera que diera continuidad al país”.

Sus opositores más extremos han apuntado directamente a ella con clichés racistas, y critican su clase y legitimidad política.

Sin embargo, en la campaña electoral, el análisis persistente, franco y mordaz de Márquez sobre las disparidades sociales en la sociedad colombiana ha impulsado una discusión sobre la raza y las clases sociales de una manera que casi no se vio en los círculos políticos del país.

En las últimas semanas, una reconocida cantante y presentadora de televisión colombiana la llamó King Kong; una popular senadora de derecha sugirió que debería ser “coherente” y cambiar su nombre porque Francia “fue imperio colonizador esclavista”; y el presidente del Senado la definió como la candidata del Ejército de Liberación Nacional, un violento grupo rebelde que dice defender a los pobres.

A pesar de los avances económicos en las últimas décadas, Colombia sigue siendo muy desigual, una tendencia que ha empeorado en medio de la pandemia, siendo las comunidades negras, indígenas y rurales las más rezagadas. El 40 por ciento del país vive en la pobreza.

Márquez, de 40 años, dijo que eligió postularse para el cargo “porque hemos tenido gobiernos a espaldas de la gente y de la justicia y de la paz”.

De empleada doméstica a lideresa

Francia Márquez creció durmiendo en un piso de tierra en la comunidad de La Toma, en el Cauca, una región azotada por la violencia relacionada con el largo conflicto interno del país. Su madre, una partera, estaba sola cuando la dio a luz, dijo Márquez en una entrevista, porque no había nadie más en casa. Desde adolescente trabajó en las minas de oro y también fue empleada doméstica.

Márquez se convirtió en activista alrededor de los 13 años, en medio de una propuesta para expandir un proyecto de represa que buscaba desviar un río importante del Cauca y que cambiaría la vida de su comunidad. Con el tiempo, asistió a la facultad de derecho y lanzó y ganó una campaña legal para impedir que las principales empresas mineras lograran mudarse a su zona.

En 2014 llamó la atención nacional cuando lideró una marcha de 640 kilómetros desde el Cauca hasta Bogotá, exigiendo que el gobierno detuviera a los mineros ilegales que habían invadido su comunidad con retroexcavadoras.

La marcha terminó con un plantón en el Ministerio del Interior y un acuerdo con el gobierno. Por su trabajo, Márquez ganó el Premio Ambiental Goldman, a veces llamado el “Nobel ambiental”.

Como muchos activistas en Colombia que desafían el statu quo, Márquez ha recibido reiteradas amenazas de muerte.

En el evento de campaña no muy lejos de su ciudad natal, la entonces candidata estaba rodeada por la guardia indígena, una unidad de seguridad tradicional que lleva bastones de madera que representan la paz y la fuerza.

Cerca había un escuadrón de guardaespaldas y, más allá, un círculo de policías vestidos de verde.

En la multitud, entre un marimbero y un pendón que decía “atrévete a votar” había de pie una muestra representativa de Colombia, incluidas muchas mujeres con turbantes, una prenda que ahora simboliza la lucha y la fuerza afrocolombiana.

En el escenario, Márquez dijo que de haber seguido las reglas, ella estaría lavando platos en la cocina de una familia adinerada. “Parte de lo que le incomoda a la élite de este país es que una mujer que estuvo trabajando en una casa de familia hoy le vaya a gobernar”, dijo.

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