Climatopedia

Cocinar con leña: una práctica que nos daña tanto como el humo de los autos

Aunque la mayoría de los hogares rurales en el Perú cocina con leña, los especialistas aseguran que hacerlo provoca graves problemas de salud. Los riesgos de respirar estos gases nocivos podrían disminuir si prestamos atención a ciertas señales.

Cocina con leña
Una mujer prepara sus alimentos en una cocina de leña en Huancavelica.
Foto: Milton Rodríguez

Por lo general, lo primero que pensamos cuando hablamos de contaminación ambiental son cientos de autos abarrotando una avenida o una fábrica emitiendo una intensa humareda sin parar. Pero no toda la contaminación ocurre en las calles. Aunque, según cifras del 2019, el 70% de la contaminación del aire en Lima es causada por el parque automotor, nuestros hogares también pueden ser una fuente muy importante de polución ambiental.

A simple vista puede parecer una práctica inofensiva, pero cocinar con leña en espacios cerrados es altamente dañino para el medioambiente y la salud. Las estufas de leña son estructuras de ladrillo donde reposa una lámina de metal que sirve para conducir el calor hacia los alimentos. Debajo de ella ocurre la combustión, que es la reacción química entre el oxígeno y un material oxidable.

Para poder generar la combustión, estas estufas utilizan varios materiales como el queroseno (un líquido inflamable que proviene del petróleo) y combustibles sólidos como madera, carbón vegetal y mineral, entre otros. El problema es que la combustión es ineficiente porque la leña no alcanza a quemarse por completo y entonces genera partículas nocivas.

Estas partículas imperceptibles merodean en la mayoría de hogares rurales en el Perú que utilizan este tipo de estufas. En el censo de 2017 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) se reportó que el 21,3% de hogares peruanos usaban combustibles contaminantes. Y de acuerdo con un estudio publicado en 2016, más del 95% de la población rural peruana dependía de estos compuestos para cocinar y calentarse. Sin embargo, no solo en los hogares rurales se cocina con leña: en varios de los sectores más vulnerables de Lima también se utiliza este tipo de estufa para preparar los alimentos.

Al liberar estas partículas, se disminuye enormemente la calidad del aire en los hogares y aumenta el riesgo de generar enfermedades respiratorias en sus habitantes. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que alrededor de 2,600 millones de personas en el mundo están siendo afectadas por los gases que emiten las estufas de leña.

Para la investigadora Stella Hartinger, del Centro Latinoamericano de Excelencia en Cambio Climático y Salud (Clima), “toda la contaminación que está en el aire de una casa tiene un impacto en el exterior. Es decir, contribuye a los gases de efecto invernadero y a la contaminación en la comunidad. Solo que aparte de la ambiental, las personas que cocinan con leña tienen además la contaminación intra domiciliaria”.

Sin embargo, es difícil que los hogares que dependen de las cocinas de leña dejen de usarla de un momento a otro. Comparados con el gas de petróleo licuado (GLP), que recientemente ha puesto en jaque a América Latina por el incremento de su precio y el desabasto, los combustibles sólidos son más accesibles, principalmente para las personas que viven en comunidades rurales.

Por eso, un gran número de especialistas destacan la importancia de difundir información precisa sobre el riesgo de tener una cocina de leña en casa. Contar con el conocimiento específico sobre esto puede ayudar a que las personas decidan optar por alternativas menos contaminantes y dañinas para la salud.

Los componentes tóxicos de las estufas de leña

El problema de que no se logre una combustión completa en las estufas de leña es que lo que queda contamina. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la leña que no arde debidamente se convierte en dióxido de carbono y esto origina sustancias altamente tóxicas, principalmente monóxido de carbono (CO), pero también benceno, butadieno, formaldehído, hidrocarburos poliaromáticos, entre otras.

En sitios cerrados, con poca o nula ventilación, estos componentes tóxicos se mantienen en el aire, aumentando así la posibilidad de que las personas los respiren durante más tiempo. “Ese monóxido de carbono es un gas incoloro, inodoro e insípido, así que ni siquiera sabemos que está ahí. Cuando entra a nuestro cuerpo desplaza al oxígeno, por lo que si llega a concentrarse una alta cantidad puede incluso causar la muerte”, sostiene Patricia Segura Medina, investigadora del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) en México.

Un artículo de 2014 explica que el CO tiene una afinidad con la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno a todo el cuerpo. Esto quiere decir que cuando el CO entra en contacto con la sangre, ambos se unen con mucha facilidad. Es tan estrecha la relación entre los dos, que se calcula que es 250 veces superior a la que hay entre la sangre y el oxígeno, por lo que el CO termina desplazándolo y forma lo que se conoce como carboxihemoglobina (COHb).

Es común encontrar altos índices de COHb en personas fumadoras como resultado de la combustión del tabaco, de ahí que el estudio haya considerado preguntar a los pacientes sobre sus prácticas diarias y así poder detectar diferentes fuentes de exposición al CO, como vivir en una zona con mucho tráfico, o utilizar chimenea, horno de aceite o quemar leña.

Aunque se considera que en no fumadores el COHb debería ser de 2% y en fumadores puede alcanzar hasta el 10%, el análisis de sangre de la muestra arrojó que el valor medio es de 2,8 y 6,4 respectivamente. Los investigadores reconocen que el resultado no se puede atribuir únicamente al consumo de tabaco, sino que podría ser causado por contaminación del hogar.

Los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs) son otros compuestos liberados durante la combustión y se consideran altamente nocivos porque son capaces de incidir en el material genético y causar cáncer a largo plazo.

Hay, además, partículas tan pequeñas que son indetectables al ojo humano pero capaces de llegar al sistema respiratorio y circulatorio. Así lo explica Segura: “El material particulado son moléculas liberadas al ambiente que tienen diversos compuestos que se mezclan en un medio para poder ser respirado; evidentemente la mayor cantidad entra por la nariz, pero una gran cantidad puede entrar por la boca y los ojos, y lastima”, dijo.

Esa materia particulada es comúnmente conocida como PM 2.5, porque tienen un diámetro de 2.5 micrómetros, o sea menos que el grosor de un cabello humano, según la California Office of Environmental Health Hazard Assessment (OEHHA).

“Todas las combustiones generan partículas de diferentes tamaños. Cuando respiras por la nariz ya se limpió todo lo que tiene un tamaño muy grande. Pero las partículas que miden menos de diez micras, pueden pasar a la garganta y después a la tráquea hasta llegar a tus alvéolos donde solo puede llegar algo que mida menos de cinco micras”, explicó Segura.

Atención a los síntomas

Es muy probable que muchas de las personas que mayormente están expuestas a las complicaciones por la exposición al humo de la leña y otros combustibles sólidos, no tengan las condiciones para evitarlas o para acceder a servicios de salud que les permitan atenderse rápidamente.

Así que una forma oportuna de actuar es identificando señales en el cuerpo. De acuerdo con Patricia Segura, algunos síntomas que se pueden notar en las personas intoxicadas por la inhalación de humos son los siguientes: 1) dolor de cabeza y fastidio punzante en las sienes, 2) respiración agitada, 3) mareo y 4) taquicardia.

Otros síntomas indicarían una emergencia médica: 1) cara rojiza como consecuencia del esfuerzo que hace el cuerpo para llevar todo el oxígeno disponible al cerebro, y 2) dedos y boca de color azul o morada debido a la falta de oxígeno en la sangre.

Los casos más graves deben ser atendidos en un hospital donde, a partir de estudios clínicos, se intentará compensar la falta de oxígeno con ayuda respiratoria.

Hay que saber que no todos los daños causados por humos tóxicos revelan consecuencias inmediatamente. La OMS calcula al menos 3.8 millones de decesos prematuros originados por la contaminación del aire doméstico; de ellos, el 27% se debe a neumonía, 18% a accidentes cerebrovascular, 27% a cardiopatía isquémica, 20% neumopatía obstructiva crónica y 8% a cáncer de pulmón.

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) también puede ser una consecuencia de la inhalación de sustancias tóxicas en casa. La OMS advierte que “una de cada cuatro muertes (25%) por EPOC en adultos en países de ingresos bajos y medianos se debe a la contaminación del aire doméstico”.

Aunque no se sabe con precisión cuánto tiempo debe pasar para que una persona expuesta a las partículas contaminantes desarrolle este tipo de enfermedades, se trata de un proceso que puede durar meses o años. Y durante todo este tiempo, muchas veces el daño puede pasar desapercibido, sobre todo cuando las personas no conocen el riesgo que corren al cocinar con leña todos los días.

También se ha demostrado que la exposición a la contaminación del aire doméstico “casi duplica el riesgo de neumonía en la niñez y es responsable del 45% de las muertes por esa enfermedad en menores de cinco años”, y que puede inducir bajo peso en recién nacidos, según un artículo de 2014.

Intoxicarse por cocinar o tratar de conseguir calor en un inmueble se ha convertido en un problema de salud pública. Por ello diversos programas de apoyo social alrededor del mundo han buscado alternativas, como el Fondo de Inclusión Social Energética (FISE), un programa gubernamental que promueve el acceso al GLP en las comunidades peruanas más vulnerables mediante vales de descuento.

Pero, de acuerdo con Stella Hartinger, se deben encontrar soluciones acompañadas de conocimiento científico actualizado: “Estas políticas públicas no han considerado si hay errores en lo que se ha implementado. Les falta volver a evaluar y ver si realmente lo que han planteado es apropiado”, aseguró.

Lo que nos dice la experiencia es que sí podemos evitar la contaminación doméstica por el uso de cocinas de leña. Sin embargo, es vital saber cómo nos afectan los humos tóxicos, cómo podemos evitarlos y comprender que las soluciones son parte de un proceso que debe ajustarse continuamente.

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