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2020, el año de la infodemia

Enfrentamos un enorme caudal de información, no siempre fiable, sobre el Covid-19 que provoca pánico y ansiedad en muchas personas. Por eso, Salud con lupa se dedicó a verificar y explicar los temas de mayor interés sobre la pandemia para aprender a distinguir la información verdadera de la errónea.

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La infodemia, una gigantesca ola de información - mayormente poco fiable- sobre la pandemia de Covid-19, causó estrés y conductas de riesgo. Shutterstock

En 2020 comprobamos que un virus no fue el único que puso en riesgo la salud de todo el planeta. La avalancha informativa sobre el nuevo coronavirus provocó ansiedad y estrés en muchas personas y, en algunos casos, conductas riesgosas con desenlaces fatales. A principios de febrero, antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase la pandemia por SARS-CoV-2, lo hizo por infodemia: el peligro por exceso de datos, mayormente falsos y alarmistas, alrededor de este virus. Quisimos respuestas en un momento en el que todavía había poca evidencia científica y demasiada incertidumbre, lo que dificultó la búsqueda de fuentes fiables.

«Las enfermedades contagiosas nuevas dan miedo, nos asustan porque son desconocidas e imprevisibles», apunta en un artículo en The Conversation Karin Wahl-Jorgensen, que investiga la relación entre los medios y las emociones en la Universidad de Cardiff (Reino Unido). El miedo, según esta investigadora, ha tenido un papel clave en la cobertura informativa del nuevo coronavirus. Wahl-Jorgensen encontró la palabra ‘miedo’ en uno de cada diez artículos publicados entre mediados de enero y febrero de este año. Y el miedo, como tantas emociones, es contagioso y se puede propagar rápidamente, cuenta.

En los primeros meses de la pandemia, dos hombres fueron atendidos en Catar tras ingerir gel hidroalcohólico. En India, 12 personas enfermaron por beber licor hecho con semillas de estramonio, una planta tóxica a la que un vídeo publicado en redes sociales concedía la milagrosa capacidad de inmunizar contra la Covid-19.

Peor fue el rumor acerca de que el consumo de metanol (un tipo de alcohol no apto para consumo humano y utilizado en combustibles y disolventes) podía desinfectar el cuerpo y aniquilar el virus. Al menos 800 personas murieron tras consumirlo en Irán y otros países.

En aquellos días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugería que inyectar desinfectante en pacientes sería un remedio contra el Covid.

Más allá de la muerte, son evidentes - aunque difíciles de medir - los daños que sobre la salud y la sociedad están provocando contenidos falsos como estos, los que más se han compartido durante 2020 en todo el mundo:

1.- La pandemia no es una mentira

Pseudocientíficos, conspiranoicos y grupos negacionistas han intentado asentar la creencia de que vivimos una "plandemia", un engaño orquestado por unas élites globales que la utilizan como instrumento para controlar a la población.

Al hacer estas afirmaciones, obvian que la propia OMS declaró la existencia de una pandemia o de que instituciones sanitarias, gubernamentales y académicas y medios de comunicación independientes de todo el mundo informan a diario de casos y muertes, que ascienden ya a más de 80 y 1,7 millones de personas, respectivamente, en 191 países.

2.- Las mascarillas no son peligrosas para la salud

En verano proliferaron los "antimascarillas", que militaron en las redes sociales en contra del uso de este equipamiento médico porque, según decían, pueden provocar hipoxia, infecciones y hasta inflamación pulmonar.

En estos meses, sin embargo, autoridades sanitarias e investigadores han constatado que las mascarillas son una barrera efectiva y que su uso es seguro para la salud. La única precaución que debemos tomar es la de respetar sus consejos de uso y vida útil.

3.- Las vacunas no matan

Ninguna vacuna provoca la muerte ni lleva asociada una tasa de mortalidad, aunque así lo han intentado hacer creer grupos antivacunas, desde meses antes de que las farmacéuticas presentaran sus antivirales contra la covid.

La vacuna de Pfizer, la primera que se ha administrado en Europa, puede provocar cansancio, dolor de cabeza, muscular o en las articulaciones, fiebre, escalofríos, según el prospecto. En casos raros (1 %), pueden tener efectos secundarios como malestar general e inflamación de los ganglios linfáticos.

4.- El Covid-19 no se ha expandido a través del 5G

Las teorías que sostienen que el 5G es nocivo son tan jóvenes como esta tecnología , que todavía se está desplegando, pero han arraigado aprovechando la pandemia: el gancho es que se puede contraer el coronavirus al usar redes de quinta generación.

No obstante, no hay pruebas de que haya relación entre la exposición a estas tecnologías y la salud. De hecho, expertos aseguran que es físicamente "imposible" la interacción entre las ondas de las redes de telecomunicaciones y un virus.

5.- Las vacunas no están hechas con microchips ni tejidos de abortos

Los antivacunas también han boicoteado los antivirales contra el Covid-19 afirmando que contienen ingredientes tan peligrosos como extraños. Dicen que llevan microchips, un dispositivo que a día de hoy no puede introducirse en una solución inyectable, o tejidos procedentes de abortos, cuando lo que emplean algunos medicamentos son nuevas células creadas en laboratorio.

6.- La vacuna de la gripe no ha propagado el coronavirus

Antes de la campaña de vacunación de la gripe circularon mensajes que aseguraban que el contagio del Covid-19 había empezado realmente en octubre de 2019 con la inyección de vacunas contra el virus de la influenza "contaminadas"; el coronavirus, según esta teoría, habría permanecido latente en el organismo de los enfermos hasta aflorar meses después.

De nuevo, se trata de una afirmación sin fundamento científico. El SARS-CoV-2 no tiene relación con el virus de la gripe y haberse inyectado ese antiviral no aumenta el riesgo de contraerlo.

7.- Ningún alimento puede curar el Covid-19

Comer alimentos alcalinos con pH elevados no elimina el coronavirus ni evita su contagio, ni siquiera altera l pH de la sangre. Tampoco funciona tomar café, ajo, beber mucha agua, tomar té con bicarbonato o vitamina C. De hecho, no hay evidencia de que ningún alimento proteja contra el coronavirus.

8.- Una sopa de murciélago no originó el virus

La paciente cero del coronavirus que originó la pandemia en la ciudad china de Wuhan no se contagió por tomar una sopa de murciélago, como predicaba uno de los bulos que estrenaron la infodemia.Aunque el origen exacto del SARS-CoV-2 sigue siendo incierto, por el momento se desconoce qué animal concreto ni en qué lugar preciso se transmitió el virus a los humanos. Además, la OMS incide en que la comida no es una vía de transmisión.

9.- Bill Gates no dijo que la vacuna mataría a 700 mil personas

Al cofundador de Microsoft y multimillonario estadounidense Bill Gates se le ha vinculado con la pandemia desde muchos grupos conspirativos, que le acusan de diseñar un plan para crearla y propagarla junto a otros miembros de una oscura elite mundial.

Una de las supuestas pruebas aportadas en estos mensajes es que Gates advirtió en una entrevista de que la vacuna contra el Covid-19 podría matar a 700.000 personas.

Sus palabras fueron tergiversadas: el magnate dio esa cifra para referirse a las personas que podrían sufrir algún efecto secundario (no fallecer) si se inyectaran los antivirales, no a los posibles muertos.

Con información de la Agencia EFE

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