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¿Por qué es tan difícil conseguir oxígeno en algunos países de América Latina?

Con el aumento de contagios de COVID-19 en la región, la demanda de oxígeno se ha disparado, pero existen ciertos problemas para llevarlo a los lugares donde más lo necesitan. Según la OMS, se requieren alrededor de 88.000 cilindros de oxígeno medicinal diarios para atender la demanda global. Actualmente, hay escasez en Perú, México, Honduras y Nicaragua.

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El oxígeno es uno de los medicamentos esenciales de la OMS desde el 2017. Shutterstock

Con el ritmo actual de la pandemia, alrededor de un millón de casos nuevos cada semana, algunos pacientes van a necesitar oxígeno medicinal, pero no podrán obtenerlo. Resulta paradójico, ya que el oxígeno está en el aire que respiramos, junto con otros elementos como nitrógeno, argón o Co2, que se pueden separar cuando se comprimen.

No mucha gente lo sabe, pero desde el 2017 el oxígeno es uno de los medicamentos esenciales de la OMS. Resulta vital para los casos críticos que llegan a desarrollar neumonías, Síndromes de Deficiencia Respiratoria y hasta hypoxia, que es cuando falta oxígeno en la sangre, lo que compromete el funcionamiento de todos los órganos. Por eso, según el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, se necesitan alrededor de 88,000 cilindros o concentradores (que extraen el aire del medio ambiente y lo pasan por tamices moleculares hasta alcanzar concentraciones terapéuticas) para producir 620,000 metros cúbicos de oxígeno diarios en el mundo. El problema es que no se consiguen en algunos de los lugares que se han convertido en focos de contagio.

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¿Por qué? Para empezar, por falta de recursos. La desigualdad se puede evaluar de muchas maneras, una de ellas es la atención en salud que un país ofrece a sus habitantes. Según un estudio publicado en 2015 por la revista médica The Lancet, de 800 centros de salud en países pobres, el 24% no tenía cómo suministrar oxígeno a sus pacientes y el 31% no contaba con servicio de electricidad permanente, lo que impide que también funcionen los concentradores, aunque los tengan.

La OMS ha comprado unos 14.000 aparatos de este tipo para enviar a más de 120 países que no tienen los recursos para comprarlos, y espera que unos 170.000 más puedan estar disponibles en los próximos seis meses, ya que en el momento no hay suficiente producción para abastecer la demanda.

¿Por qué la insistencia con los concentradores? Porque aunque algunos modelos no son recomendables para ciertos climas, necesitan cambios de filtros y mantenimiento, es una de las formas en que las clínicas y hospitales pueden autoabastecer su demanda de oxígeno, y no tener que depender de productores y proveedores externos. La otra opción es tener sus propias mini plantas, pero la mayoría de centros de salud, especialmente en países del tercer mundo, no tienen cómo pagarlas. El precio de una de estas unidades, que trabaja con tecnología de adsorción por oscilación de presión (PSA, por sus siglas en inglés) puede estar entre $350.000 y $400.000 dólares. Y son tan altos sus costos de mantenimiento, que a veces las terminan desmontando, explica Ingrid Reyes, directora de la Cámara Sectorial de Gases Industriales y Medicinales de Colombia.

Ante esta situación, la mayoría de centros hospitalarios han optado por comprar el oxígeno que necesitan a otros fabricantes o a sus comercializadoras autorizadas, que se los llevan de dos formas: en camiones cisternas y en cilindros a presión fabricados en acero pesado. En la primera, el oxígeno se transporta en su forma líquida, para rellenar un tanque criogénico que está en la misma clínica u hospital. Es tan frío, a -183 C, que si entra en contacto con la piel, genera quemaduras graves. En la segunda forma, el oxígeno ya viene en su estado gaseoso en el interior de cilindros que se conectan a la red interna del hospital. Cuando esta no existe, como suele pasar en los hospitales con menos recursos, se instalan directamente en las habitaciones. Los cilindros vienen en diferentes tamaños, los “balines” o “balones” más pequeños se utilizan para tratar a pacientes en casa.

La mayoría de grandes plantas industriales alrededor del mundo, que utilizan la tecnología ASU (unidades separadoras de aire en inglés) tienen suficiente músculo financiero y fabrican oxígeno para uso medicinal e industrial por toneladas. Según Karina Kocha, quien dirige la sección de Business Intelligence de un medio especializado en la industria llamado Gasworld, estas plantas operan normalmente a un 75-85% de su capacidad, así que pueden aumentar su producción sin mayores problemas para satisfacer una demanda mayor y hasta exportar a los lugares donde no hay. El problema, según ella, podría ser más de infraestructura y logística en los hospitales para satisfacer la demanda, y en el cuello de botella que se puede armar porque la cantidad de camiones para transportar el oxígeno en su forma líquida y la cantidad de cilindros para envasarlos en su forma gaseosa, son limitados.

Las reservas de oxígeno en el Perú

Desde fines de junio, la Defensoría del Pueblo advirtió que 16 regiones del país tenían menos de una semana de stock de oxígeno medicinal en los hospitales del Ministerio de Salud. Mientras tanto, EsSalud y las clínicas no han reportado sus reservas.
Región ▲ Pacientes que requieren oxigenoterapia ▲ Consumo diario de oxígeno medicinal ▲ Stock de oxígeno medicinal ▲ Días que durará el stock▲
Fuente: Defensoría del Pueblo. Información actualizada al 26 de junio.

En Guayaquil, Ecuador, que fue uno de los primeros focos de infección graves en la región, se vio la escasez de bombonas o cilindros desde mediados de abril. Luego, cuando el Perú pasó a ser el segundo país en contagios, después de Brasil, se hizo evidente que no había suficiente oxígeno. Allí, además de un problema de logística y escasez de cilindros, sí parece haber también un problema de producción de base y de concentración del mercado. Esto llevó al presidente Martín Vizcarra a expedir un decreto de emergencia, obligando a los operadores a incrementar la producción y a adjudicar unos $28 millones de dólares para crear nuevas plantas. En algunas regiones simplemente no existen o están dañadas.

Justamente, en la ciudad de Leticia, en el amazonas colombiano, tuvieron que pedir el traslado de los pacientes que estaban en cuidados intensivos a otros lugares del país, porque se dañó la planta, que tenía más de 30 años de uso, y se quedaron sin oxígeno en su momento más crítico. Tampoco había forma de llevarles cilindros o tanques adicionales por vía terrestre, y las aerolíneas en el país se niegan a transportar este tipo de carga en las cantidades necesarias, porque cualquier cambio de presión podría provocar una explosión. En Brasil, cuyas distancias son enormes y tampoco hay carreteras para llegar hasta algunas de sus poblaciones en el “pulmón del mundo”, fueron los aviones militares los que llevaron el oxígeno que escaseaba.

Más al norte, en Honduras, el jefe de la Sala de Emergencia del Seguro Social (IHSS) en Tegucigalpa dijo que la cantidad de pacientes ya estaba rebasando la capacidad de oxígeno que tienen y, por eso, algunos enfermos tenían que compartir los cilindros.

En Nicaragua se está presentando la misma situación que se ha visto en las últimas semanas en Lima y otras ciudades peruanas, en donde conseguir bombonas se ha vuelto una tarea imposible y abundan los mensajes en redes sociales de familiares desesperados buscando lo que haya para comprar o alquilar, a precios muy por encima de su valor habitual.

En la Ciudad de México, los precios de los balones también se han disparado. Algunos pacientes que están en etapa de recuperación deberían poder salir del hospital, pero como necesitan continuar con la oxigenoterapia en dosis inferiores y no los consiguen para llevar, se están quedando internados más tiempo del necesario. En algunos lugares de este país, como Chiapas, también se han reportado ventas de cilindros no autorizados, como sucedió en el Perú.

Para evitar llegar a esta situación y ante el aumento de casos en Chile, una de las grandes compañías productoras de gases tanto industriales como medicinales, Indura, tomó una medida de urgencia. Empezó a recolectar todos los cilindros de clientes industriales que habían suspendido sus actividades o estaban en desuso, para lavarlos, acondicionarlos y que fuesen seguros para envasar el gas medicinal. No es lo ideal, igual debe pasar por controles sanitarios, pero importar unos nuevos desde las fábricas europeas, norteamericanas o chinas, en plena pandemia, tomaría unos seis meses y la emergencia no da espera.

Además de los cuidados en su manipulación y envase, el oxígeno que es utilizado para uso medicinal debe cumplir una serie de normas y estándares de calidad, registros sanitarios y certificados de buenas prácticas de manufactura de cada país, condiciones que no necesariamente debe cumplir el oxígeno industrial. Para poderlo suministrar a los pacientes, además de un nivel de pureza mínimo del 82%, no debe tener ningún otro elemento tóxico o contaminante, y debe ser generado por compresores sin aceite. Para diferenciarlo del industrial y también de otros gases, las etiquetas deben llevar una cruz de color rojo, que indica que su uso es terapéutico.

Aun así, hay quienes arrancan, falsifican, cambian etiquetas o pintan los cilindros para engañar al cliente. Son este tipo de manipulaciones y engaños los que pueden resultar peligrosos para la salud, porque si bien el oxígeno dentro del tanque puede ser de la calidad necesaria, se corre un alto riesgo al comprar un cilindro que no ha pasado todos los controles de calidad y sanidad, porque nunca se sabe qué bacterias, residuos tóxicos y otros gases invisibles pero dañinos pueden estar allí.

Además de comprarlo a proveedores autorizados que cumplan con todas las normas, hay que saber utilizar el oxígeno. Como cualquier medicamento, no se puede consumir sin saber la dosis adecuada y necesaria, según el estado de salud del paciente. Y para los casos severos y críticos de COVID-19, no se pueden tratar con bombonas o balones en las casas, sino en un hospital, donde los pacientes deben estar monitoreados constantemente por médicos o personal especializado.

Según las recomendaciones generales de la OMS, a los niños se les puede suministrar dosis bajas que oscilan entre 1-2 litros por minuto. A los adultos, a partir de 5 L/min, pero pueden llegar a necesitar hasta más de 15L/min. Depende de la saturación de oxígeno y el nivel de presión en la sangre. “No hay una receta para todos, cada caso es único”, dice la doctora Emily Rincón, de la Fundación Nuemólogica Colombiana. Además, un neumólogo no solo mide estos valores, sino que también debe tener en cuenta la velocidad de respiración, cómo se mueven sus músculos, la tensión y otros factores, como la edad, el sexo del paciente, y si hay otras condiciones preexistentes como EPOC o fibrosis.

También es fundamental saber utilizar otros elementos e insumos que son los que permiten llevar el oxígeno desde la fuente (bien sea un concentrador, un cilindro o una red alimentada por tanque) hasta el paciente: las cánulas (el tubito que se conecta a su nariz, y que puede generar sangrado si el flujo es muy alto, por ejemplo); las mascarillas de reservorio (las que llevan una bolsita pegada); o a través de una entubación, que ya no pasa por la nariz o la boca, sino que conecta directamente con el árbol traqueal, que lleva el aire directamente a los bronquios (el procedimiento es complejo y lo debe realizar un especialista con experiencia).

En cualquier caso, lo clave para las personas que necesitan oxígeno es que tengan un suministro confiable y disponible, para garantizar el éxito del tratamiento y no que tengan que suspenderlo abruptamente porque se dañó una planta, se fue la luz o se acabaron las reservas del tanque y no hay más cilindros de repuesto. Sin este medicamento esencial, millones de pacientes críticos alrededor del mundo no podrán sobrevivir al coronavirus.

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