Entrevistas

Dr. Yuri Cutipé: “Hay que explicar a los niños lo que sucede pero con optimismo”

El Director de Salud Mental del Ministerio de Salud explica la nueva medida para mitigar la ola de angustia infantil por la cuarentena. Desde el lunes 18 los niños podrán hacer breves caminatas al aire libre con un adulto.

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Los adultos no deben aprovechar las caminatas diarias con los niños para atender pendientes. Deben evitar llevarlos a lugares concurridos como mercados, bancos y farmacias.

Es probable que los niños no entiendan qué es la COVID-19, el colapso de los sistemas de salud en el mundo ni el impacto económico de una pandemia. Sin embargo, eso no los hace inmunes a las preocupaciones que hoy nos invaden. Alrededor del mundo, millones de niños están manifestando su ansiedad mediante cambios repentinos de ánimo, problemas para dormir y hasta dolores estomacales. Algunos estudios sobre aislamientos previos, demuestran que mientras más se prolongan mayores son las posibilidades de provocar estrés postraumático.

Para mitigar esa ola de angustia infantil, desde este lunes 18 de mayo entrará en vigencia una estrategia conjunta del Ministerio de Salud (MINSA) y el Ministerio de Educación (MINEDU): los niños podrán salir a caminar por media hora cerca de sus casas y con la supervisión de un adulto. Esta medida, según explica el Dr. Yuri Cutipé, es para disipar el estrés de los más jóvenes por el encierro y contrarrestar los efectos del sedentarismo. Además, recomienda el Director de Salud Mental del Ministerio de Salud, los adultos pueden aprovechar estas caminatas para conversar con los niños sobre el contexto que estamos viviendo y ayudarlos a mantener la esperanza.

¿Por qué el Gobierno ha tomado la decisión de permitir caminatas diarias para los niños?

Nosotros, desde la Dirección de Salud Mental del MINSA, hemos alertado a las autoridades de mayor nivel sobre el efecto de la cuarentena en la población conforme van pasando los días. Sobre todo en los más vulnerables: los niños y adolescentes. No vamos a dejar de lado la importancia de aplanar la curva pero también tenemos que decir que hay un empeoramiento del estado emocional de los niños en el encierro. Es de esperarse que haya un impacto mayor en los que viven en hogares muy pequeños. Quizás los que tienen casa con patio y azotea puedan aprovechar mejor el espacio pero no es la situación de la mayoría. Además el sedentarismo y el desorden en la alimentación, que suele presentarse en el aislamiento, pueden interrumpir el desarrollo óptimo de un niño. Por eso se va a permitir una actividad supervisada al aire libre por día.

Me comentaba que algunos padres le han hecho llegar sus preocupaciones pues tienen miedo de salir a la calle. ¿Qué podría precisar al respecto?

Que la medida que ha dictado el Estado es una facilidad no una obligación. Si los padres tienen miedo de salir a la calle con sus hijos, pues no lo hagan. Cada quien se va adaptando a esta nueva situación a su propio ritmo. Lo importante es que sepan que desde el 18 de mayo la potestad la tienen ellos otra vez. Ellos elegirán si toman una pequeña caminata alrededor de su casa. No deben salir de su urbanización, tienen que mantenerse dentro de un radio de 500 metros del domicilio. Además deben llevar mascarillas y respetar las distancias. No aprovechen las caminatas para hacer los pendientes. Recomendamos que los adultos no vayan a los mercados, farmacias ni bancos. Este debe ser un paseo de 30 minutos para que el adulto converse con el niño, suelten el cuerpo y compartan un momento grato.

¿Hay algún registro de cuadros de ansiedad o depresión infantil durante esta cuarentena?

En nuestras líneas de apoyo recibimos muchas llamadas de padres que tienen problemas con sus hijos. Algunos niños están irritables, no quieren hacer las tareas, tienen pesadillas o han empezado a mojar otra vez la cama. No tenemos registros numéricos de casos oficiales pero estas llamadas están en concordancia con estudios internacionales sobre epidemias previas. Hay uno, por ejemplo, que señala que después de diez días de encierro los niveles de ansiedad se multiplican por cuatro. Otro demuestra que mientras más se prolongan las cuarentenas más relación tendrán con síntomas de estrés postraumático.

¿Qué sucede con los más pequeños que aún no verbalizan sus emociones? He leído que en algunos la ansiedad se manifiesta con escorbutos o dolores estomacales.

Sí, tengo muchos años atendiendo niños y adolescentes y es innegable que la ansiedad se somatiza en malestares físicos. Los más chiquitos presentan problemas gastrointestinales o dolor de estómago, como cuando por estrés escolar el niño se siente mal un domingo por la noche o lunes en la mañana. Algunos padres creen que es una manipulación consciente de los hijos pero en realidad es una respuesta de su organismo que ellos no controlan. En los más mayorcitos, púberes y adolescentes, la somatización migra a dolores de cabeza o dolores corporales generalizados.

Ahora los mismos adultos tenemos problemas para convivir con la incertidumbre, ¿cómo ayudar a los niños con la ansiedad?

Desde un inicio hemos recomendado un acercamiento cariñoso y sensible a los niños. Esto implica observarlos con atención. Quizás a través del juego, con algunas verbalizaciones indirectas, ellos nos dejen saber lo que sienten. Cuando hacen hablar a sus muñequitos puede que mencionen sus propios temores. Si dicen tener miedo, cólera, pena o alegría hay que asegurarles que sus emociones importan. Decirles que son normales en la situación que estamos pasando. Tenemos que hacerles preguntas con tacto para saber qué información han interiorizado estos días y, a partir de eso, guiarlos con optimismo. Los adultos podemos llorar delante de los niños pero siempre hay que explicarles que el llanto y la tristeza son normales. Que a veces uno se siente así en la vida pero que los problemas se resuelven. Hay que repetirles que esto pasará y reforzarles la esperanza.

Y más allá de las palabras, ¿cuánto puede influir en un niño el estrés de sus padres?

La salud mental de los padres es el factor de protección más importante en el niño. Los adultos ya hemos tenido diversas batallas personales y hemos salido adelante. Esta pandemia es otra de esas veces. Usemos esa perspectiva de nuestras luchas previas para manejar mejor nuestras emociones en casa.

Un adulto puede decir “ya no doy más” pero en el fondo sabe que tiene que continuar y que lo hará. Quizás el niño, sin experiencia previa, crea que esa expresión es cierta y se angustie más.

Exacto. Los niños no tienen experiencia de vida y se pueden estresar mucho más que un adulto. Ellos no tienen la confianza de resolver problemas porque no lo han hecho antes. Si un niño ve a sus padres discutir por las cuentas o los escucha decir cosas pesimistas con frecuencia lo más probable es que se angustie. Y cuando eso pase el niño no acostumbra decirlo, normalmente esconde sus preocupaciones detrás de una conducta irascible o violenta. Esa actitud debemos entenderla como un pedido de ayuda. Es como si el niño dijese: dime qué hacer, dime cómo lidiar con esta situación y yo te voy a creer.

¿No pasar tiempo con otros niños también aumenta el estrés infantil? Es cierto que ahora muchos tienen clases virtuales pero, por ejemplo, no tienen ese espacio de recreo para jugar con sus amigos.

Justo algunos profesores nos han reportado que cuando sus alumnos se conectan a las clases les piden unos minutos para que los dejen hablar entre ellos. Hasta les piden que, por favor, salgan de las cámaras (risas). Nosotros les hemos explicado a los maestros que esto es totalmente normal. Con sus virtudes y defectos, desde el MINSA y el MINEDU estamos tratando de trasladar la currícula educativa presencial a la virtualidad pero no debemos olvidar esos espacios de interacción espontánea. Esa experiencia es la que más le interesa al niño y es la que impacta directamente en su desarrollo socioemocional. La crisis exige que seamos creativos y ahora tenemos el reto de replicar en lo posible el valor del recreo en nuestra propuesta en línea.

En estas semanas de aislamiento es probable que los niños estén pasando más tiempo con sus aparatos tecnológicos, ¿qué actitud deberían tener los padres al respecto?

Los padres somos los responsables de nuestros niños. Sin embargo nuestra supervisión no debe ser persecutoria. Eso la convierte en confrontación y termina en pérdida de autoridad, sobre todo con los adolescentes. En el hogar se debe llegar a acuerdos sobre el uso de la tecnología y, en el mejor de los casos, tener un esquema claro. Los padres deben establecer una rutina pero previa conversación con el niño. Hay que tomar en cuenta sus opiniones y negociar con fundamento. Si el niño pide tres horas seguidas en el celular, no se le debe ordenar un rotundo no. Hay que explicarle que se le cansará la vista, que tiene otros deberes, etcétera. Si ambos llegan a un acuerdo no se sentirán frustrados. Los niños tienen sus razones para pedir algo, puede que estén equivocadas pero merecen ser escuchados.

En un inicio usted también hizo mención a la importancia de la opinión de los niños y señaló que se pierde generalmente en nuestra sociedad. ¿Podríamos aprovechar esta cuarentena para aprender a escucharlos mejor? ¿Cuán importante es que lo hagamos?

Reconocer que los niños tienen voz es muy importante y transcendental para su futuro. Como decía Gabriela Mistral sobre la infancia: es ahora que los niños están “formando sus huesos”. Esos son los huesos que los van a sostener por el resto de sus vidas. Si seguimos criando generaciones en el silencio, las próximas tampoco tendrán una voz articulada que sepa expresarse desde la razón. Es vital que los niños aprendan a decir lo que sienten, lo que piensan, lo que desean. Comprendo que los padres se preocupen por las clases escolares de los chicos pero un niño necesita aprender a analizar las situaciones concretas de su vida y no solo ejercicios matemáticos. El escenario que estamos viviendo es una oportunidad para enseñar a los pequeños a resolver los problemas cotidianos y a forjar la confianza en uno mismo.

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