Focus on the Family: un grupo religioso que promueve terapias de conversión para personas LGTB

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Focus on the Family: un grupo religioso que promueve terapias de conversión para personas LGTB

Unos veinte estados de los Estados Unidos tienen leyes que prohíben ofrecer terapias de conversión sexual a menores de 18 años, pero una investigación de openDemocracy descubrió que presuntos profesionales de salud mental ligados a un grupo ultraconservador violan estas normas.

Grupo cristiano derechista de EEUU acusado de promover-terapia de conversión-antigay.png
Ilustración: Inge Snip

Profesionales de salud mental, impulsados Focus on the Family - un grupo religioso ultraconservador en Estados Unidos- ofrecieron remediar la “atracción homosexual no deseada” de una reportera encubierta de openDemocracy que se presentó como una adolescente lesbiana de 17 años.

A pesar de que unos veinte estados tienen leyes que prohíben ofrecer terapia de conversión sexual a menores de 18 años, supuestos psicólogos aconsejaron a la reportera que realice ayunos para “suprimir” su orientación sexual. Estos "tratamientos" son ofrecidos a las personas LGTB a través de un directorio.

En Virginia, uno de estos profesionales le dijo a la periodista que las personas LGTB eran “enfermizas”, y le recomendó no ingerir alimentos hasta que alcance el punto de verse a sí misma “en la cruz con Cristo [...] colgando, muriendo, sangrando”, porque “eso es transformador”. Otro orientador en Colorado aseguró que daba tratamiento para curar la “atracción homosexual no deseada”, expresión rechazada por las comunidades LGTB porque es usada para disfrazar la ‘terapia de conversión’.

La ‘terapia de conversión’ se define de manera diferente en distintos estados de Estados Unidos. Pero un informe de un experto de la ONU la describe como “intervenciones de diversa índole” que se basan en la creencia de que la orientación sexual y la identidad de género de las personas LGTB pueden y deben cambiarse o reprimirse para que vuelvan a ser heterosexuales o cisgéneros. Especialistas llaman a estas acciones ‘esfuerzos para corregir la orientación y la identidad de género’ (ECOSIG).

Además, organizaciones internacionales de salud y de derechos humanos las condenan por ser “peligrosas” e “ineficaces”. Un estudio realizado en Estados Unidos en 2018 encontró que los jóvenes LGTB que pasaron por tales ‘curas’ tenían más del doble de probabilidad de reportar intentos de suicidio.

La red de consejería de Focus on the Family

La Christian Counselors Network es un listado en línea creado por Focus on the Family, activo desde la década de 1970, que ofrece derivaciones a más de 100 de profesionales certificados de salud mental que brindan tratamiento específico para “problemas de homosexualidad”, “problemas de identidad de género” o ambos. Decenas de ellos atienden a niños, niñas y adolescentes, incluso en estados donde la ‘terapia de conversión’ a menores está prohibida.

El sistema de verificación para figurar en la red de Focus on the Family requiere “acreditación en atención de salud mental del estado” donde estas personas ejercen y completar un formulario en el que se les pide que expliquen “qué entiende usted que la Biblia enseña acerca de la homosexualidad y la identidad de género” y cómo será el “enfoque de su tratamiento” en estos temas. También tienen que pagar una cuota anual de 129 dólares.

Los aspirantes también deben prometer que respetarán la declaración ‘Consejería para asuntos de identidad sexual’ de la organización, que afirma: “Están avanzando las restricciones a cualquier tipo de ayuda para los jóvenes que no se adapte a los valores e identidad LGTB. Están en juego las libertades religiosas, sagradas para las familias y la vida de Estados Unidos, la autonomía del cliente, el bienestar individual y los derechos parentales”.

En respuesta a nuestras preguntas, Focus on the Family nos remitió un enlace a esa misma declaración, pues expresa su “postura respecto de quienes buscan ayuda para la atracción no deseada hacia el mismo sexo”.

“Apoyamos y creemos en la disponibilidad de ayuda profesional en cuestiones de sexualidad que sea respetuosa, segura, ética y receptiva a los valores y deseos del cliente”, dice la declaración. Y agrega que las personas LGTB “suelen sufrir estrés, tensión familiar y cuestionamientos que son profundamente inquietantes”.

‘Al pie de la cruz’

Una periodista de openDemocracy se comunicó con dos profesionales cuyos perfiles están publicados en la sección ‘encuentre un consejero’ del sitio web de Focus on the Family.

Se presentó como una adolescente de 17 años y tuvo varias sesiones virtuales pagadas con esos dos profesionales, que se encontraban en Virginia y en Colorado, dos de los 20 estados con prohibiciones vigentes.

Las normas de Virginia y Colorado comparten la definición de terapia de conversión’: cualquier práctica o tratamiento que “busque”, “intente” o “pretenda” “cambiar la orientación sexual o identidad de género de un individuo, incluyendo esfuerzos para modificar conductas o expresiones de género o para eliminar o reducir atracciones románticas o sexuales o sentimientos hacia individuos del mismo género”.

Ambas prohíben a prestadoras de salud o profesionales acreditados por esos estados emplear tales tratamientos con una persona “menor de 18 años”. Hacerlo constituye “conducta no profesional” y es pasible de “medidas disciplinarias”, dicen las dos leyes.

El primer consejero dijo a la periodista que se encontraba en Virginia, aunque en el sitio web estaba registrado como residente en otro estado cercano, donde las ‘terapias de conversión’ no tienen restricciones.

En la primera sesión, el terapeuta dijo a la reportera que debía “reprimir” sus deseos, leer la Biblia y evitar contacto con cualquier grupo cristiano que aceptara y afirmara la diversidad sexual.

“Ellos no te van a decir que tu depresión, tu ansiedad y todo eso, continuará si sigues el estilo de vida gay”, sostuvo.

El terapeuta describió a las comunidades LGTB como “enfermizas”, y dijo que su “tasa de suicidio es considerablemente más alta que el promedio nacional”.

“La tasa de ataques sexuales, de delincuencia, todo eso es mayor. Las enfermedades transmisibles, esas cifras son mayores en la comunidad gay [...] Todos esos números están ahí [...] Focus on Family ha hecho ese tipo de estudios”.

El profesional también aseguró que los hombres gay tienen en promedio 1.000 parejas a lo largo de su vida, y las mujeres lesbianas, 500.

‘Manipular mediante la difusión de información inexacta y contraria a la ciencia [...] es flagrantemente contrario a la ética’

En respuesta a estas afirmaciones, Douglas Haldeman, profesor de psicología y expresidente de la Asociación Psicológica de California, dijo a openDemocracy: “Que un terapeuta intente manipular mediante la difusión de información inexacta y contraria a la ciencia [...] incluyendo datos incorrectos sobre la comunidad LGTB y predicciones infundadas sobre el futuro de una persona gay, es flagrantemente contrario a la ética”.

Explicar la atracción homosexual a una paciente menor de edad como “estilo de vida gay”, tal como hizo el terapeuta, “es insultante”, dijo Lisa Linsky, destacada abogada de Nueva York que ha sido galardonada por su trabajo en asuntos LGTB.

Shannon Minter, director jurídico del National Center for Lesbian Rights, afirmó: “Esto constituye ‘terapia de conversión explícita’”. Pero advirtió que quienes se dedican a tales actividades muy raramente dicen a sus pacientes: “Tú eres gay; voy a cambiar eso”.

Linsky, del área de litigio del comité de diversidad de la Asociación Estadounidense de Abogados, indicó que “esta gente se expresa de tal modo que ni siquiera ves los términos ‘terapia de conversión’ [...]. Se han vuelto mucho más sofisticados y solapados en las formas para atraer a la gente joven y cambiarla [...] y eso es aterrador”.

El terapeuta también sugirió el ayuno como “remedio” para la homosexualidad. ”Sería fantástico [...] Cuando te privas de comer y beber […] estás dependiendo por completo del poder sustentador de Cristo […] mientras lo haces y oras, puedes verte a ti misma en la cruz con él, con él allá arriba, colgando, muriendo, sangrando, y luego al pie de la cruz, llorando y clamando. Es transformador”.

Luego de dos sesiones, este profesional de salud mental envió a nuestra periodista cuatro correos electrónicos insistiendo en retomar los encuentros.

Acerca de estos intercambios entre reportera y terapeuta, el profesor de psicología Haldeman dijo que “valerse del poder diferencial en la relación terapéutica y acosar a una clienta que viene con preguntas es reprobable y una clara evidencia de por qué necesitamos leyes contra la ‘terapia de conversión’ aprobadas en los 50 estados” del país.

Para el experto legal Minter, “esta conducta viola la ley”.

‘Hablar con Dios’

El segundo orientador en salud mental, con sede en Colorado, puso el acento en la importancia de orar y “hablar con Dios” sobre temores y deseos, en lugar de compartir sentimientos con familiares y otros seres queridos, pese a que la reportera le dijo que tendía a aislarse cuando se sentía deprimida.

“No tendrás problemas al hablar con Dios porque él no tiene ninguno. En cambio, si hablas con otras personas, en la conversación pueden surgir sus propios problemas y eso es duro de enfrentar. Habrá un tiempo y lugar para eso, por ahora empieza con Dios”, le dijo el profesional a nuestra reportera en una sesión.

Cuando la periodista comentó que temía ser juzgada por su orientación sexual, él contestó: “Si tienes mucha vergüenza [...] puede que, sin querer, estés buscando más vergüenza para validar la que ya sientes por ti misma”.

Si bien advirtió que atendía sobre todo a hombres con “atracción homosexual no deseada”, se mostró dispuesto a prestar un tratamiento similar a nuestra periodista.

Aclaró que estaba certificado como orientador en Colorado, pero puesto que la reportera estaba en otro estado, le planteó sesiones de asesoramiento (coaching, en inglés) – que no están reguladas ni definidas por la ley. Además, comentó que podía reducir a la mitad sus honorarios, pues su labor tenía “donantes generosos”.

Pedimos a los dos terapeutas que declaren en nuestra investigación. Ninguno de los dos respondió.

Escasas repercusiones

Actualmente, veinte estados y el Distrito de Columbia prohíben a las profesiones vinculadas a la salud mental brindar ‘terapia de conversión’ a menores, y lo mismo hacen al menos 90 ciudades, condados y otros municipios de Estados Unidos.

Pero Amie Bishop, de la organización de derechos LGTB OutRight Action International, dijo: “Los hallazgos de openDemocracy destacan la urgente necesidad de que se hagan cumplir las prohibiciones que ya existen”.

Estas prácticas, además, están en “flagrante violación” de los códigos y regulaciones que rigen las profesiones de salud mental, agregó.

Hay quienes argumentan que las normas locales hacen muy poco para prevenir estas actividades, que deberían ser criminalizadas.

Sin embargo, hay otras vías para llevar estos hechos a la justicia, según Mathew Shurka, un sobreviviente y prominente activista contra las ‘terapias de conversión’.

“Nosotros representamos a una mujer joven en Berkeley, California, que demandó a su terapeuta y ganó. Ahora estamos patrocinando a sobrevivientes que están presentando denuncias a las autoridades estatales de certificación profesional”, dijo Shurka, quien dirige el proyecto Born Perfect, del National Center for Lesbian Rights, dedicado al litigio y a campañas por cambios legislativos.

Según Shurka, el punto débil de estos terapistas son las denuncias por mala praxis y fraude comercial. En 2015, por ejemplo, un fallo contra el grupo Jews Offering New Alternatives for Healing ordenó que cerrara de inmediato sus operaciones al declararlo culpable de fraude al consumidor, por ofrecer servicios que decían cambiar la orientación sexual o la identidad de género de las personas.

Pero Bishop, de OutRight, observó que “las prohibiciones solas no serán suficientes para terminar la mal llamada terapia de conversión”. Ella cree que la demanda de tales servicios persistirá “hasta que las personas LGTB sean plenamente aceptadas por sus familias, sus religiones y sus comunidades”.


* Dánae Vílchez contribuyó a este artículo

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