El luchador social
que casi pierde un pie

[César Sánchez Rojas, 34 años]

Si el cuerpo de César Sánchez fuera partido en dos mitades, el lado derecho le pertenecería a un veterano de guerra. Su pómulo y parte de la frente está saneada con placas de titanio debido a un choque con su auto que le hundió la cara. En la pierna, una cicatriz rodea a su rótula. Hace ocho años, montando skate, César se golpeó contra el filo de la vereda, abriéndosele una boca. Herida que se reabrió al recibir una descarga eléctrica de un cable pelado. Fue en ese mismo lado derecho donde recibió la mayoría de los doce perdigones de goma con los que fue masacrado el jueves 12 de noviembre. Piernas, nalga, pecho y brazos. Y fue en ese mismo lado que una bala le destrozó el dedo gordo del pie.

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Foto: Omar Lucas

Curtido en el cuerpo a cuerpo, en una de las barras del Cono Sur de la Trinchera Norte, César sabía a lo que iba al plantarse en la primera línea. Estaba preparado para recibir varazos, ahogarse en medio de las bombas lacrimógenas e incluso para ser apresado. Pero no para ser baleado. Por eso lamenta tanto haberse olvidado de sus botas con punta de acero. Lo lamenta desde el mostrador de su lavandería, en Miraflores. Sentado, con la pierna vendada y apoyada sobre un mueble.

“Me pongo depresivo, pero cuando sé que han muerto dos compañeros, me digo: tengo que ser fuerte. Al menos puedo saltar en un pie y hacer mis cosas”, dice César tras haber estado internado durante 23 días en el Hospital Arzobispo Loayza. Después de la lesión en su rótula pudo flexionar su pierna derecha otra vez al cabo de un año. Esta vez los plazos serán similares. A mediados de enero le sacarán los fierros con los que le han reconstruido el dedo gordo. César deberá esperar cuatro meses más para volver a caminar y un año y medio para hacer su vida normal.

Eso si todo sale bien. Si no es así, su dedo gordo se quedará paralizado y, por ende, no podrá correr ni hacer trekking, unas de sus actividades favoritas. Y quién sabe cómo vaya a caminar. Eso le asusta. Su nueva forma de andar. Pero la duda por lo menos está. Cuando recién lo atendieron el pronóstico era que debían cercenarle la punta del dedo. César anota, además, que fue objeto de una negligencia: aquella noche el médico que le revisó el dedo reventado y abierto como una flor lo mandó a su casa en lugar de internalo. Tuvo que esperar cuatro días para ser internado y una semana y media para ser operado.

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Foto: Omar Lucas

En ese lapso de tiempo lo visitaron sus amigos y su padrastro. Su madre, una mujer que no acepta sus convicciones políticas, cumplió la advertencia que le hizo aquel 12 de noviembre: “Si vas a la marcha te olvidas de mí”. Sus hermanos, quienes consideran que es una pérdida de tiempo involucrarse en las causas sociales, tampoco fueron a verlo.

César dice haber quedado con un tic nervioso producto de los ataques que para suerte suya fueron televisados en el reportaje de un programa dominical. Los brazos y las piernas le tiemblan por las noches. Este prevencionista de riesgo que hace un año invirtió en su propia lavandería promete seguir luchando desde donde pueda por una nueva Constitución Política. “Mi mamá me dice que tarde o temprano voy a terminar muerto. Pero cuando veo la realidad no puedo mantenerme indiferente”, dice César, acariciándose el vendaje. Habrá que resguardar, como cada tanto, su lado derecho.

Coordinación y edición general: Fabiola Torres / Texto: Renzo Gómez / Fotografías: Omar Lucas / Edición de videos: Jason Martínez


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