El desastre ambiental que pagan pescadores, trabajadores y voluntarios

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El desastre ambiental que pagan pescadores, trabajadores y voluntarios

El mar manchado de petróleo ha dejado sin trabajo a pescadores que ahora, sin protección ni capacitación, se entregan a la labor de limpieza del crudo por un pago escaso. La lenta respuesta de la empresa Repsol —responsable del desastre ecológico— también ha empujado a ciudadanos voluntarios a la tarea de limpiar playas, pese al riesgo que significa para su salud.

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Según los datos más recientes del Ministerio del Ambiente, el derrame de petróleo del que es responsable la transnacional Repsol ya se extiende en 7,1 millones de metros cuadrados de mar. Foto: ANDINA

Ha pasado una semana desde que la Refinería La Pampilla, de la transnacional Repsol, reportó un derrame de petróleo en el mar de Ventanilla. Aunque en un primer momento la empresa dijo que solo se derramaron siete galones de hidrocarburo, hoy se sabe que al menos fueron seis mil y que el área contaminada actualmente asciende a 7,1 millones de metros cuadrados de mar y 1,8 millones de metros cuadrados de franja de playa. En suma, un desastre ambiental del que no nos vamos a recuperar quizá en unos años.

Desde Salud con lupa hemos explicado ya cuáles fueron las circunstancias en las que ocurrió este desastre, las fallas de Repsol y el impacto que tiene —y tendrá— la contaminación con petróleo en la fauna marina. En este reportaje, exponemos el daño que el derrame tiene en las personas que, por necesidad o por voluntad, hoy participan en el trabajo de limpiar el mar y las playas pese a que esa faena solo le corresponde a la empresa.

A la pesca del petróleo

Antes del derrame de petróleo las ganancias que los pescadores podían obtener con su labor ya eran bastante inestables, pero esta semana se vieron reducidas a cero. Peor aún, las expectativas de que su situación mejore pronto son casi inexistentes.

Guillermo Francia, representante de la Asociación de Pescadores Artesanales de Ancón, señala que así como un día podían pescar lo suficiente para ganar mil soles con su trabajo, al día siguiente podían ganar apenas lo que vale una bolsa de pan. Desde que el mar se tiñó de negro, sin embargo, ni siquiera tienen la posibilidad de tentar a la suerte. “Ha afectado a toda nuestra zona de pesca, porque nosotros (los pescadores de Ancón) trabajamos desde Ventanilla hasta la punta de Chancay”, indica. Su mayor preocupación es que el impacto del daño definitivamente va a extenderse hacia el futuro. Como explica Guillermo, el derrame de petróleo ha matado todo el sector de cría que tenían: las ovas de lenguado, chita, corvina, lisa, pejerrey, lapa, etc. “De aquí a seis, ocho meses, el que salga a buscar, no encontrará nada. Y no sé cuánto durará eso. El dolor que vamos a sentir todos los pescadores será grande”, dice.

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En pequeñas embarcaciones, los pescadores de Ancón ganan hasta S/ 100 cada uno limpiando el derrame de petróleo de Repsol. La empresa no los capacita ni les da equipos de protección. Foto: ANDINA

Por eso, después de cinco días sin poder capturar peces para vivir, una serie de pescadores decidió atender el ofrecimiento de Repsol de limpiar el aceite mineral del mar a cambio de un pago. Sin embargo, no sólo no recibieron ninguna capacitación técnica para encargarse de la limpieza del hidrocarburo, tampoco recibieron equipo de protección para el contacto con este.

—La gente está yendo así como sea porque está necesitada, tienen una semana acá sin tener trabajo. Están yendo como pueden— cuenta Guillermo.

El dinero que va a sus bolsillos no compensa ese riesgo. Según narra el representante de la Asociación de Pescadores Artesanales de Ancón, les están pagando alrededor de 690 soles, que son destinados a alquilar una chalana donde viajan dos pescadores, que necesitan comprar combustible y los víveres necesarios para preparar desayuno y almuerzo en altamar. “Al final les quedan cien soles, ochenta soles a cada pescador”, cuenta Guillermo Francia. Esa es su ganancia luego de pasar horas en el mar con redes que sirven para “encerrar” el petróleo, que luego es absorbido por una esponja y escurrido en una embarcación de la empresa Lamor, contratada por Repsol para la labor de limpieza del crudo.

Desde las chalanas, los pescadores de Ancón han registrado la contaminación que el petróleo ha dejado en el mar. Por horas, se dedican a la limpieza soportando el fuerte olor del crudo, que puede causarles intoxicación. Vídeo: Guillermo Francia (Asociación de Pescadores Artesanales de Ancón)

Según señaló Repsol en un comunicado el día viernes 21 de enero, la empresa ha alcanzado acuerdos con cuatro asociaciones de pescadores de Ventanilla. No ha pasado lo mismo con los pescadores de Ancón, con quienes la empresa tuvo una mesa de diálogo que terminó sin ningún compromiso.

¿Cuál es la reparación a la que apuntan los gremios de pescadores? Alejandro Bravo, secretario general de la Federación de Integración y Unificación de los Pescadores Artesanales del Perú (Fiupap), declaró a Salud con lupa que en primer lugar, buscan que se incluya en la reparación a todos los pescadores, no solo a los que están afiliados a una asociación, que son alrededor de 800. El reclamo más inmediato y necesario es que se garantice para todos un trabajo bien pagado, en condiciones seguras: con capacitación, equipamiento de protección y un seguro debido al riesgo que asumen en las labores de limpieza. A ello se suma una indemnización económica que debe calcularse de acuerdo a la magnitud del daño que les ha causado Repsol. “Ayer les han ofrecido darles un cheque de S/ 500, pero eso no compensa nada”, apunta Bravo. No es el primer ofrecimiento de la empresa que ha sido criticado por su pequeñez.

“La empresa Repsol se ha comprometido a entregar estos días, canastas de productos básicos para las familias de las zonas afectadas”, dijo Mirtha Vásquez, presidenta del Consejo de Ministros, el día jueves en una conferencia de prensa en Ventanilla. Sus siguientes palabras fueron ahogadas por los abucheos del público indignado.

— ¿En la canasta va a venir un doctor o una enfermera que atienda las necesidades de salud de la familia? ¿Va a venir combustible para las embarcaciones? ¿Gas para cocinar nuestros alimentos? ¿Pagos para cubrir las universidades de nuestros hijos? No, estamos hablando de canastas que son una burla —sostiene Alejandro Bravo.

El bochornoso ofrecimiento de la empresa, presentado por el gobierno como algo positivo, tuvo que ser aclarado horas después en una nueva conferencia de prensa. “Quiero dejar en claro que cualquier tipo de requerimiento que la población haga o que la empresa entregue, no forman parte de ninguna indemnización o reparación. No es así como se indemniza un daño ambiental. Queremos dejar en claro ese tema de las bolsas laborales y las canastas de alimentos que entre la empresa y la comunidad están acordando”, precisó Mirtha Vásquez. Además, agregó que Repsol no podía contratar a pescadores o población de la zona para actividades que impliquen un riesgo o actividades para las cuales no están preparados. Algo que claramente no se está cumpliendo.

En riesgo de intoxicación

Irritación en los ojos, en la piel y en el aparato respiratorio. Esos son, a grandes rasgos, los peligros para quienes se exponen al petróleo, según ha informado el Ministerio de Salud (Minsa) a la población. La alerta no solo se hizo necesaria para los pescadores y habitantes cercanos a las zonas contaminadas, también para las decenas de voluntarios que han decidido acudir a las playas para contribuir con la limpieza y el rescate de la fauna marina perjudicada por la contaminación.

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En pocos días, jóvenes voluntarios se organizaron para formar el grupo Salvando Vida Animal, con el fin de apoyar en el rescate de la fauna afectada por el derrame de petróleo de Repsol. Foto: Andrea Pereira (Twitter)

¿Por qué harían falta voluntarios cuando una transnacional está a cargo de la respuesta al desastre ambiental? Los grupos de ciudadanos y ciudadanas que se organizaron para ayudar empezaron a formarse entre el martes y miércoles de esta semana, luego de tres días de ver el petróleo extenderse cada vez más lejos en la costa peruana y a trabajadores —no de Repsol, sino de municipalidades aledañas— recogiendo el crudo con escobas y recogedores de plástico. La lentitud y poca transparencia de la empresa para responder a la crisis despertó en las personas la rabia que se transformó en acción. Esas buenas intenciones, sin embargo, tuvieron como primeras consecuencias un manejo inadecuado de los animales que se buscaba rescatar, y también daños a la salud de los mismos voluntarios.

Según reportó el 20 de enero la primera ministra Mirtha Vásquez, dos voluntarios que estuvieron en la zona del derrame tuvieron que ser atendidas en hospitales de Puente Piedra debido a la manipulación del petróleo. Frente a esas circunstancias, el Ministerio de Salud ha empezado a aplicar una estrategia de prevención y atención, con equipos de profesionales de salud en distintas playas afectadas.

Elizabeth Rojas, jefa de la Dirección de Promoción de la Salud, dijo a Salud con lupa que el personal de salud está coordinando con agentes comunitarios para poder hacer llegar a la población las indicaciones de mantenerse a distancia de las playas y de no ingresar al agua. Estos equipos también estarían atentos para atender los síntomas que puede generar la exposición al petróleo, ya sea por contacto o por inhalación. “Hay dolor de cabeza, mareos, carraspera, irritación de los ojos, de las mucosas. Hemos visto que algunos han comenzado con síntomas digestivos por consumir productos contaminados”, señaló.

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Se han instalado puestos de atención médica en distintos puntos de las playas contaminadas, para atender a personas que sufran síntomas por exposición al petróleo. Foto: Ministerio de Salud

Esas son algunas de las manifestaciones de intoxicación identificadas hasta el momento, pero aún se desconoce cuáles pueden ser los efectos a largo plazo. Tampoco se conoce por completo el impacto real del derrame de petróleo en la naturaleza, y por ende, en la salud ambiental. Lo que sí ha quedado claro es quiénes son los más vulnerables frente a los riesgos.

Siempre los más vulnerables

Los desastres ambientales son desastres sociales. Más aún en un país como Perú, marcado por la desigualdad. Cuando las investigaciones a nivel administrativo, civil y penal terminen, quizá Repsol pague una multa considerable y algunos de sus trabajadores enfrenten una condena. Pero en los siete días desde que seis mil barriles de petróleo cayeron al mar, quienes vienen pagando las culpas de Repsol son los de siempre, los más pobres y los más precarios.

Pescadores artesanales que por necesidad hoy limpian el mar de petróleo sin equipos de protección por un pago miserable. Obreras de limpieza de la Municipalidad de Comas que, sin la protección debida, retiran el hidrocarburo de una playa —algo que no es parte de sus funciones. Repartidores que llevan comida a voluntarios en una playa contaminada, enviados por la empresa de delivery PedidosYa, que no les reconoce derechos laborales.

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La Municipalidad de Comas difundió fotografías de las trabajadoras de limpieza enviadas a limpiar el petróleo de la playa sin el debido equipamiento.

No es de extrañar que esta semana la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil) haya tenido que manifestarse casi tantas veces como las autoridades ambientales y sanitarias. En un comunicado publicado este viernes, esta entidad anunció que si se detecta que las empresas incumplen con garantizar la seguridad y salud de sus trabajadores, podrían recibir una multa de hasta S/ 241 638.

Un equipo de inspectores fue designado para verificar que los trabajadores cuenten con los equipos de protección personal adecuados, que se respeten las medidas de prevención frente a la covid-19 y que los trabajadores cuenten con un seguro complementario de trabajo de riesgo. En el caso de los pescadores que actualmente realizan la labor de limpieza por un acuerdo con Repsol nada de esto se cumple.

“Somos conscientes que la ciudadanía está preocupada e indignada por el daño ambiental, pero también es prioritario el respeto por la integridad de los trabajadores y trabajadoras”, ha manifestado el Ministerio de Trabajo. Esa observación se hace necesaria ante empresas como PedidosYa, que, al igual que muchas otras, fue convocada por influencers que les solicitaron dar algún tipo de apoyo en el desastre ambiental. Un apoyo que puede ser útil, pero que se llevó a cabo con exposición innecesaria de los repartidores y con poco criterio, pues se entregó comida en una zona contaminada donde el consumo de alimentos claramente no era recomendable.

En Perú, los desastres ambientales nos revelan las fracturas que tenemos como sociedad. Eso ha quedado claro en la semana que ha pasado desde que ocurrió el derrame de petróleo. Y el futuro, al parecer, solo nos traerá más que lamentar.

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