Terapias sin evidencia: cuando el ‘remedio’ amenaza la salud

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Terapias sin evidencia: cuando el ‘remedio’ amenaza la salud

El Ministerio de Salud no ha elaborado una lista de tratamientos pseudocientíficos pese al peligro que implican. Essalud suspendió hace dos años el uso de homeopatía, pero la revisión de las terapias incluidas en su programa de medicina complementaria avanza con lentitud.

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La promesa de las curas milagrosas puede hacer más daño que bien. En Perú, la desinformación y la desconfianza de la población en el sistema de salud crean un fructífero escenario para el negocio de las terapias alternativas.

Una paciente con cáncer de cuello uterino vuelve a consulta médica después de un largo período. Aunque en 2019 la enfermedad estaba controlada, debía acudir a chequeos al menos cada seis meses. No lo hizo y dos años después, el cáncer ha avanzado hacia los pulmones. También tiene un tumor en el estómago.

“A veces piensan que una planta les va a hacer bien, que los va a ‘desinflamar’. Entonces se pierden de vista. Ahora la paciente ya no va a tener una opción de tratamiento curativo. De repente entrará a quimioterapia para poder impedir que el cáncer vaya a otros órganos, pero va a ser bastante complicado que pueda ser curativa”, dice Iris Villalobos, jefa del Servicio de Medicina Paliativa y Tratamiento del Dolor del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN).

A lo largo de su carrera, Iris Villalobos ha escuchado sobre distintas terapias alternativas a las que los pacientes con cáncer recurren buscando curarse o al menos mitigar el dolor que sienten. En ese escenario, el primer peligro que surge es que las personas confían tanto en el presunto remedio milagroso que abandonan o retrasan la búsqueda de una atención médica convencional.

La doctora Villalobos recuerda que hace años llegó un hombre con un tumor renal, a quien le habían recomendado tomar sangre de caballo para el dolor. “Tenía la creencia de que eso le iba a calmar las molestias y no iba a sus consultas. No recibía tratamiento y su enfermedad estaba avanzando”, explica.

Un estudio publicado en 2017 por investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, concluyó que los pacientes que eligen recibir terapias alternativas como tratamiento para un cáncer curable en lugar de tratamientos convencionales presentan mayor riesgo de muerte. El grupo que analizaron estuvo integrado por 840 pacientes que fueron diagnosticados con cáncer de seno, pulmones o colon entre el 2004 y el 2013. De ellos, 280 habían recibido solamente medicina alternativa y no tratamientos convencionales como quimioterapia, radioterapia, cirugía o terapia hormonal.

Dicha investigación precisa que la medicina alternativa no es lo mismo que la medicina complementaria o la integrativa. “Mientras que la medicina complementaria e integrativa incorpora un amplio rango de terapias que complementan la medicina convencional, la medicina alternativa es una terapia sin evidencia que fue dada en lugar del tratamiento convencional”, indican los autores.

En Perú, el Seguro Social de Salud (EsSalud) ofrecía terapias alternativas como homeopatía y flores de Bach como parte de los servicios de la Gerencia de Medicina Complementaria. Pero en 2019 suspendió estas terapias para hacer una revisión detallada de cada una y descartar aquellas que no cuentan con evidencia científica o que se ha demostrado que no funcionan. “Ahora estamos en el análisis para poder ver si se les da luz verde o más bien, se retiran de forma definitiva”, señala Claudia Matos, responsable de esa área.

No se trata de un proceso sencillo. En junio del año pasado, un equipo de seis personas empezó a hacer la búsqueda científica de una lista aproximada de cuarenta terapias, para discutir y analizar la evidencia sobre cada una. Hasta el momento, solo ha finalizado la revisión de cuatro terapias, por lo que están buscando ampliar el equipo a diez personas para avanzar más rápido. “Las flores de Bach son las que más piden (los pacientes), pero no les podemos dar luz verde. No tenemos evidencia de que [esta terapia] funcione”, comenta Matos.

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A mediados de 2019, un usuario de Twitter reportó que su familiar recibía homeopatía como tratamiento en EsSalud. Luego de una ola de críticas, la entidad suspendió esta y otras terapias para someterlas a revisión. Foto: @Dsollado

La necesidad de poner límites

El análisis que actualmente realiza EsSalud resulta de gran relevancia para separar la paja del trigo. Si bien no significa necesariamente que la población dejará de recurrir a las terapias que se descarten, sí impediría que sean ofrecidas dentro del sistema de salud. Será un paso importante, pues existen antecedentes de lo permisiva que puede ser parte de la comunidad médica respecto a las terapias sin evidencia.

Una investigación del 2017 reveló que, de un total de 285 médicos generales, 22.5% consideraba que la eficacia de la homeopatía estaba científicamente probada. Además, la mitad de ellos señaló que recomendaría alguna vez la homeopatía a sus pacientes. Esta percepción podría considerarse un eco de la misma formación fomentada por el gremio médico en años anteriores.

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Las flores de Bach, una terapia alternativa que EsSalud ofrecía hasta el 2019.

De acuerdo a una revisión de los cursos que el Colegio Médico del Perú auspició entre 2011 y 2015, siete de ellos abordaban alguna terapia pseudocientífica. Dos eran cursos de homeopatía, mientras que los demás eran de proloterapia, radiónica, biodescodificación, sintergética y medicina tradicional hipocrática. “Dicho auspicio brinda una inmerecida credibilidad a estas terapias entre los médicos, quienes de no estar adecuadamente capacitados en la búsqueda y análisis de evidencia científica, pueden aceptar estas charlatanerías sin cuestionarlas y recomendarlas a sus pacientes, poniendo en peligro su salud”, señalaron tres investigadores en una carta al decano del Colegio Médico publicada en 2016 en la revista Acta Médica Peruana.

La carta fue respondida por el decano Miguel Palacios. Él aseguró que su gestión se había propuesto corregir la práctica de difundir eventos sobre terapias sin suficiente evidencia científica. “Hasta el momento parece que han cumplido”, comenta el epidemiólogo Álvaro Taype-Rondán, una de las personas que envió la carta con la revisión de los cursos.

Sin embargo, recientemente el Colegio Médico del Perú volvió a ser criticado por su posición frente a las terapias alternativas, debido a un proyecto de modificación de su Código de Ética y Deontología. El documento incluía un artículo que señalaba: “El médico debe oponerse y denunciar toda forma de comunicación falsa (charlatanería) en el campo de la salud. Esto no incluye a la medicina integrativa. No debe participar en la preparación y uso de medicamentos sin validación científica ni autorización del organismo regulador competente”.

¿Cómo entender esa afirmación? Para Claudia Matos, quien es gerenta de Medicina Complementaria de EsSalud desde 2019 y tiene una amplia experiencia en medicina integrativa, el proyecto resulta confuso. “La medicina integrativa no necesita ser excluida del análisis de la medicina basada en evidencias. Precisamente es medicina integrativa porque ya pasó el filtro”, señala.

Tal como su nombre lo indica, la medicina integrativa busca integrar a la medicina alternativa con la convencional: que no solo convivan (como ocurre con la medicina complementaria), sino que ambas sean parte del sistema de atención de salud. Para ese objetivo, las terapias alternativas obligadamente deben pasar por una evaluación científica. En ese sentido, la medicina integrativa también viene a ser medicina basada en evidencias.

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Uno de los puntos que fue cuestionado en el proyecto de Código de Ética para el Colegio Médico del Perú

Sin embargo, cuando se habla de medicina integrativa, no siempre se entiende de ese modo. Como señala el epidemiólogo Álvaro Taype-Rondán, el término frecuentemente es usado para “lavarle la cara” a la medicina alternativa y a la complementaria. Un ejemplo es el texto incluido en el proyecto de Código de Ética del Colegio Médico. “Pareciera que dicen ‘cualquier tipo de charlatanería menos esta’”, señala Taype-Rondán. Ese fue uno de los motivos por los que el documento fue criticado y posteriormente retirado, pues médicos denunciaron que se estaba abriendo la puerta a la práctica de terapias pseudocientíficas bajo el “paraguas” de la medicina integrativa.

La desconfianza en que el Colegio Médico realice acciones concretas contra las terapias sin evidencia tiene fundamento. Salud con lupa identificó a más de 15 médicos que promueven el consumo de dióxido de cloro como método de prevención frente a la covid-19. Si bien se abrieron procesos disciplinarios en el gremio médico contra algunos de ellos hace casi un año, ninguno ha sido sancionado.

“Hay un pensamiento más político que en favor de la salud de la población. Tenemos un Colegio Médico que pareciera estar protegiendo al médico por más falta que cometa, antes que proteger a la población”, apunta Álvaro Taype-Rondán.

Contra la pseudociencia

En Perú no existe un listado oficial de terapias que no cuentan con evidencia científica o que no funcionan. Según un estudio publicado en 2017, de un total de 381 pacientes de hospitales en Lima a quienes se consultó sobre su uso de terapias alternativas o complementarias, los métodos más usados fueron la fitoterapia, que es el uso de plantas medicinales; la trofoterapia, que apunta a la curación a través de los alimentos, y la acupuntura corporal. Quienes declararon aceptar alguno de estos métodos indicaron como sus motivos que “es más natural” y “se puede integrar a la medicina convencional”.

Sin embargo, la experiencia demuestra que las terapias alternativas y la medicina convencional no necesariamente resultan una buena combinación.

Hace cuatro años, el oncólogo Jesús Anampa recibió en su consultorio en Nueva York a una paciente con cáncer de seno que había pasado por su primera quimioterapia. La señora, de unos 60 años, decía sentir como si su estómago hubiera explotado. Era un dolor intenso, que parecía excesivo para el tratamiento que estaba llevando. “Yo le había preguntado qué otros medicamentos tomaba y me había dicho que nada. Pero luego me llama y me dice: ‘¿Usted cree que las pastillas que me está dando mi hija pueden ser la causa de esto?’”, cuenta el médico.

Las mencionadas pastillas eran presuntos estimulantes del sistema inmune. Las habían adquirido por internet y la paciente tomaba seis cada día. El producto no contaba con ningún permiso de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), no había claridad sobre sus componentes y menos aún había sido prescrito por un profesional sanitario: era una terapia alternativa.

En este caso, se observa cómo el uso de terapias alternativas puede generar efectos secundarios y afectar el resultado del tratamiento convencional. “Obviamente (la paciente) se perjudicó, porque tuvimos que bajar la dosis de la quimioterapia. Entonces recibió un tratamiento menos óptimo para el cáncer”, explica Anampa.

El peor de los casos, por supuesto, sigue siendo que los pacientes dejen sus tratamientos por confiar en métodos sin ninguna validez científica.

En 2013, un joven español con leucemia llamado Mario Rodríguez murió después de seis meses de abandonar la quimioterapia y rechazar un trasplante de médula ósea. Tenía 21 años y había decidido cambiar el tratamiento propuesto por el hospital para seguir una terapia alternativa a base de vitamina C, que era administrada por un curandero sin formación médica.

Este caso dio origen en España a la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP), fundada por el padre de Mario Rodríguez para evitar que más pacientes sean víctima de fraudes. Aunque la justicia finalmente absolvió al curandero, se puso sobre la mesa la importancia de identificar las prácticas o productos que no poseen un verdadero valor terapéutico pero se promocionan como si lo tuvieran.

De acuerdo al epidemiólogo Álvaro Taype-Rondán, el término de pseudoterapias o terapias pseudocientíficas alude a aquellas terapias alternativas que, aparte de no tener evidencia, carecen de un sustento fisiopatológico. “Esto incluye por ejemplo a la homeopatía, las flores de Bach. Estos tratamientos que ni siquiera tienen mucho sentido a nivel de la fisiología, la bioquímica”, señala. Sucede lo mismo con terapias que, si bien disponen de evidencia para usos puntuales, se promocionan con un alcance más amplio. “Por ejemplo, la acupuntura tiene ciertos efectos puntuales que sí se han demostrado. Pero cuando se pretende usar para todo, se cae en una terapia pseudocientífica”, precisa Taype-Rondán.

La APETP ha elaborado una lista de terapias pseudocientíficas y, lo que es más importante aún, también lo ha hecho el gobierno español. En 2019, los ministerios de Ciencia y Sanidad, junto al Instituto de Salud Carlos III, publicaron un informe basado en la revisión de 138 terapias: 71 fueron consideradas pseudoterapias, pues no se identificaron publicaciones científicas que permitan establecer su seguridad o eficacia. Algunas de ellas son los cristales de cuarzo, la cromopuntura, el feng shui, la numerología, la orinoterapia y la llamada medicina ortomolecular, precisamente la que utilizó Mario Rodríguez en su intento de vencer la leucemia.

Las 67 restantes fueron clasificadas como “en evaluación”, lo que no implica un respaldo. Entre estas últimas, se incluyó a la fitoterapia, la acupuntura, el yoga, el tai chi y —curiosamente— también a la homeopatía y las flores de Bach, que han levantado polémica en Europa. Esa información ha sido divulgada como parte de una campaña llamada Conprueba contra las pseudoterapias y pseudociencias.

Aún es difícil imaginar si Perú tendrá en algún momento una campaña similar contra la desinformación y la pseudociencia. Por el momento, la evaluación que realiza EsSalud para descartar terapias sin evidencia de seguridad o eficacia de la atención de salud es un primer paso. Uno que —de ser bien difundido — no solo beneficiará a los asegurados, sino a toda la población.

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