En primera línea

El dilema de los estudiantes de medicina

Un interno de un hospital del Callao quisiera continuar con su entrenamiento médico pero no puede hacerlo porque ni su universidad ni el Ministerio de Salud le ofrece un entorno seguro.

Cuando se declaró el estado de emergencia nacional por el nuevo coronavirus, la indicación fue que los estudiantes de medicina vayamos de inmediato a nuestros hogares. Aun así, uno de los directores del hospital nos dijo que teníamos que seguir asistiendo y que todo era una exageración. “Hasta que no llegue un papelito oficial de la Oficina de Apoyo a la Docencia e Investigación (OADI) ustedes tienen que venir”, nos repitió. La pandemia avanzaba tan rápido que menos de una hora después tuvo que retractarse. El 16 de marzo, fecha en la que empezó la cuarentena, tuve que aislarme en mi propio cuarto. Conseguí una olla arrocera y algunos víveres para no salir. Los días previos el virus ya estaba en el país y los internos trabajamos sin la protección adecuada. Como nuestras universidades no mandaban mascarillas, el hospital se negaba a dárnoslas. Los jefes de servicio a escondidas tomaron unas cuantas para nosotros. Con condiciones como esas, yo no podía regresar a casa sin precaución: mi abuela es paciente renal crónica y mi mamá sufre de diabetes.

Todas estas semanas pienso en lo que haré el resto del año. Al inicio estaba convencido de que la emergencia duraría máximo un mes y que regresaría a trabajar con el Equipo de Protección Personal (EPP) necesario. Pero la realidad sigue cambiando mis planes. El mayor problema que enfrentamos los internos de medicina es que estamos sumidos en un vacío legal. Nuestras autoridades estudiantiles, los decanos, no saben qué hacer con nosotros. Las universidades nos consideran estudiantes pero el Ministerio de Salud ahora nos trata como personal. Por eso es que nos quieren imponer el regreso a los hospitales sin que quede claro quién va a garantizar nuestra seguridad. Si pienso en mi entrenamiento profesional, esta emergencia es una oportunidad única. Enfrentar una enfermedad que lleva solo cinco meses en el mundo es una experiencia invaluable. Sin embargo, con un sueldo mensual que no alcanza los S/500 y sin seguro médico, trabajar durante la pandemia es un riesgo que lamentablemente no puedo tomar.

Coordinación general: Fabiola Torres
Investigación: Daniel Rojas
Edición: Stefanie Pareja

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