Los que nos faltan

Brasil: El caos de un gobierno frente al virus se tradujo en múltiples sistemas de registro de muertos

Sin un ministro de salud y con un presidente que ha llamado al COVID-19 “una gripecita”, siete estados de Brasil y el distrito federal han tenido que crear sus propias plataformas de registro para hacer frente a la pandemia. Uno de ellos es el estado de Ceará, polo turístico de la costa brasileña, en donde un equipo liderado por una bióloga implementó un sistema digital para llevar un conteo más exacto de los contagios y muertes en su zona.

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Recife, al noreste de Brasil, cuenta con un servicio de vigilancia de los fallecidos por COVID-19. Allí se digitan los certificados de defunción de las víctimas del virus. Brenda Alcântara

A comienzos de diciembre de 2019, la bióloga y entomóloga Ricristhi Gonçalves fue nombrada Coordinadora de Vigilancia y Prevención Epidemiológica de Ceará, un turístico estado al noreste de Brasil. Hasta entonces, esta experta en el estudio de insectos había sido parte del equipo que combatió cuatro epidemias causadas por mosquitos: dos de dengue, una de zika y otra de chikungunya. No pasaría mucho tiempo para que asumiera un reto mayor: el SARS-CoV-2 llegó a estas tierras el 15 de marzo y, en menos de un mes, Ceará se convirtió en uno de los principales focos de contagio en el país. "Ahora no tenemos un solo día de descanso, queremos entender cómo se mueve este virus y aplicar medidas para acorralarlo", dice.

Por la fama de sus playas y dunas, Ceará es uno de los principales destinos de viajeros que buscan descanso en Brasil y su aeropuerto recibe la mayor cantidad de vuelos internacionales del país. Ese atractivo turístico se transformó en su pesadilla porque el flujo de pasajeros fue la razón de la rápida transmisión del virus entre sus habitantes. Cuando comenzó la crisis sanitaria, Fortaleza, la capital de Ceará, fue el área metropolitana con la tasa más alta de infecciones por coronavirus: 34,7 casos por cada 100 mil habitantes. En abril, las muertes pasaron de 9 a 422 por día. La tasa de letalidad llegó al 6% un mes después. Por todos lados, el sistema de salud dio muestras de colapso: faltaban camas para atender a los enfermos, no se podían procesar a tiempo las pruebas moleculares de todas las personas con síntomas de contagio y los muertos se multiplicaban.

En medio de esta crisis, Gonçalves y su equipo intentaban rastrear el alcance del virus e identificar a todos los fallecidos. “Estábamos muy sobrecargados y la información de los hospitales tardaba en llegar para procesarla en los sistemas de vigilancia epidemiológica”, relata a Salud con lupa.

Los datos sobre contagios y muertes de Ceará provenientes de los hospitales y las secretarías de salud de cada ciudad tardaban en llegar y no se podía hacer un análisis oportuno de la pandemia. Sin esa información era complicado tomar decisiones claves en corto tiempo como aislar los casos positivos, rastrear sus contactos y romper la cadena de transmisión. Pronto, el equipo de Gonçalves identificó que el problema estaba en los tres grandes sistemas de notificación de datos epidemiológicos del país.

A pesar del desorden en su registro, se sabe lo suficiente para ubicar a Brasil como el segundo país del mundo más afectado por el coronavirus, después de Estados Unidos. La actitud del presidente Jair Bolsonaro, quien subestimó desde el inicio la enfermedad y llegó a llamarla “gripecita”, ha debilitado las estrategias sanitarias del Ministerio de Salud. Por eso, varios estados de Brasil buscaron soluciones paralelas para proteger sus territorios.

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Homenaje de la ONG Río de Paz a las más de 100 mil víctimas del COVID-19 en la playa de Copacabana en Río de Janeiro. Antonio Lacerda / EFE

Multiplicación de sistemas

Frente a la necesidad de organizar mejor la forma de vigilancia del virus en las 184 ciudades de Ceará, el equipo de Gonçalves implementó un módulo especial para COVID-19 dentro del sistema estatal denominado Salud digital. Este modelo había funcionado antes para monitorear otras enfermedades y el principal objetivo era darle acceso a los hospitales para que ingresen en este registro directamente a las personas contagiadas y fallecidas.

Para esta tarea se designó a 22 gerentes de salud encargados de verificar los datos de los hospitales y de llenarlos en la plataforma, incluyendo los casos de las muertes ocurridas en casas. El módulo Salud Digital está interconectado al GAL, que reúne los resultados de los exámenes moleculares de coronavirus.

El personal del núcleo central del equipo de vigilancia de Ceará -que está en Fortaleza- creció un 30% para cumplir con el ingreso de datos tanto en los sistemas nacionales como en el módulo creado por el propio estado. Cinco enfermeras pasan el día en el teléfono enseñando a otros trabajadores de salud la forma correcta de registrar los casos positivos y las muertes. Esta tarea incluye turnos de 24 horas.

"Antes usábamos un formulario de Google para hacer conteos paralelos de los datos de fallecidos que nos llegaban por correo y por teléfono de los distintos sistemas nacionales, mientras esperábamos los certificados de defunción que se recogían en los hospitales. Ahora podemos ver la pandemia en tiempo real, pues los datos se están subiendo desde los hospitales", dice Gonçalves.

Desde que se confirmó el primer caso de COVID-19 en Brasil, siete de los 26 Estados han creado sus propios sistemas de conteo de contagiados y fallecidos y también lo hizo el distrito federal por las falencias detectadas en los sistemas nacionales. Ceará no ha informado cuánto ha invertido, pero se sabe que Pernambuco gastó 53 mil dólares, Rio Grande do Norte 80 mil dólares y Maranhão 2 mil dólares.

El conteo después de la cuarentena de papel

Todas las mañanas, el motociclista Iury Marinho recorre diez hospitales en Recife, capital de Pernambuco, para recoger los certificados de defunción que llenan a mano los médicos en los servicios de salud. Entre abril y mayo, cuando las muertes se dispararon en esta ciudad, los certificados permanecían en ambientes aislados durante cinco días antes de ser entregados a Marinho. Solo después de una “cuarentena de papel”, como le llamó el personal administrativo, podían ser trasladados al Sistema de Información de Mortalidad (SIM), donde se ingresan los datos en forma manual.

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Archivo con los certificados de defunción en papel de Recife que se añaden en el Sistema de Información de Defunciones Nacionales (SIM). Brenda Alcântara

“Yo iba a recoger entre 150 a 180 certificados de defunción por las mañanas. Los ponía en una bolsa de plástico a la que además le pasaba alcohol. Era mi deber y no tenía miedo de contagiarme”, cuenta Marinho sobre esos meses en los que Recife tuvo la mayor cantidad de muertes y contagios.

Este procedimiento, aunque se mantuvo como una medida de prevención, se suma a los factores que retrasan el ingreso de los fallecidos al SIM, el sistema oficial de mortalidad del país. Así se trabaja en casi todos los Estados, ya que el SIM trabaja con certificados de papel en 5.570 ciudades brasileñas desde hace 45 años.

"Antes del COVID-19, teníamos hasta 60 días después de la fecha del fallecimiento para que los datos lleguen al Ministerio de Salud. Ahora son 48 horas", explica Conceição Oliveira, jefe del Sector de Información de Salud en la ciudad de Recife.

Para Paulo Lotufo, profesor de Epidemiología en la Universidad de São Paulo, esta pandemia debería ser una oportunidad para hacer reformas y que los hospitales trabajen con un solo sistema de registro de datos unificado al SIM. “Para eso se necesita reconocer los problemas e inversión en áreas estratégicas”, dice.

Un presidente incrédulo

Desde el 5 de junio, los datos publicados por el Ministerio de Salud no se consideran confiables. Ese día, el total de personas infectadas con el nuevo coronavirus y el número de muertes desde el comienzo de la emergencia fueron excluidos del portal oficial.

A pesar de haber reincorporado los datos cuatro días después, el Ministerio de Salud ya no actualiza la información en forma detallada. Además, la actitud negacionista del presidente Jair Bolsonaro frente a la pandemia hizo que las estadísticas federales despierten desconfianza, especialmente cuando el país lleva más de dos meses sin ministro de salud.

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El sistema de notificación Saúde Digital de Ceará permite que los hospitales del estado ingresen los casos de contagios y fallecidos directamente al sistema. Ascom Saúde / Ceará

El mismo día que Ceará registraba sus primeros casos de COVID-19, el mandatario se reunió con sus seguidores en una concentración masiva en Brasilia. Tras ser diagnosticado con COVID-19, salió a las calles sin mascarilla.

Con un presidente que no cree en la ciencia y con un Ministerio de Salud descabezado, distintos grupos de profesionales empezaron iniciativas para intentar exponer la magnitud de la pandemia en Brasil. Un grupo de periodistas, desarrolladores e investigadores han creado sistemas paralelos independientes para dar cuenta de las muertes y los casos de contagio. Uno de ellos es el proyecto Covid 19 Brasil. “Nuestra principal fuente era el Gobierno Federal, pero ha sido imposible confiar en sus datos. Por eso comenzamos a recurrir a las secretarías de los estados y los municipios. Aun así, auditamos los datos todos los días, porque incluso entre ciudades y estados hay diferencias en los números”, explica Domingos Alves.

La pandemia ha registrado en Ceará 147 mil casos positivos y más de siete mil muertes hasta el 23 de julio. A diferencia de los meses de abril y mayo, la tasa de letalidad se ha reducido al 4,9%. Si bien el sistema de Salud Digital no ha acabado con el subregistro de fallecidos, la bióloga Gonçalves está convencida que ayudó a reducirlo y a tomar decisiones claves para que el estado supere la pesadilla de los primeros meses.

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