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Conocer tu historia clínica siempre ha sido crucial, antes y después del COVID-19

El coronavirus ha demostrado que no se puede atender una enfermedad sin prestarle atención a la historia médica completa del paciente. Mientras más detalles sepas sobre las enfermedades que has sufrido, las intervenciones a las que te has sometido y los medicamentos que consumes, más pronto podrás conseguir un diagnóstico certero y un tratamiento efectivo.

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Si conoces bien tus antecedentes médicos, podrás ayudar a tu doctor a comprender mejor tu situación y a definir un tratamiento eficaz para ti.
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¿Sabes si tu abuelo es hipertenso o si tu abuela es diabética?¿Puedes decir de memoria los medicamentos que consumes? ¿Sus miligramos? ¿Desde cuándo los tomas? ¿Tuviste cirugías cuando eras pequeño? ¿Sabes por qué? ¿Eres alérgico al maní, a la penicilina, al yodo? Si sufres de diabetes, ¿podrías señalar de qué tipo?

Toda esa información forma parte de tu historia clínica y los doctores pueden tomar decisiones sobre cómo tratarte en función de ella. Conocer al detalle tus antecedentes médicos, y el de tu familia cercana, es la manera más responsable y útil para asegurarte de conseguir una atención de calidad. Estos datos son vitales para que los trabajadores de la salud ahorren tiempo y recursos, y sepan tratar a los pacientes de forma más eficaz. Lamentablemente, son pocas las personas que llevan un registro minucioso sobre su salud.

Un reciente artículo de The Lancet advirtió que este tipo de analfabetismo médico se ha vuelto muy relevante durante la epidemia actual: “la infodemia de COVID-19 ha destacado que la alfabetización sanitaria deficiente entre la población es un problema de salud pública subestimado a nivel mundial”, dicen los autores.

En medio de esta pandemia, conocer la historia clínica es especialmente importante para definir un mejor tratamiento en los pacientes que tienen comorbilidades. Un ejemplo son los casos con hipertensión. “Se tienen indicios de que ciertos fármacos antihipertensivos, como los derivados del Ara II, pueden estar asociados con un mayor riesgo de complicaciones severas en pacientes con COVID-19, así que si la persona nos reporta que tiene hipertensión, podemos hacer un cambio de medicamento y evitar prescribirle esos fármacos”, dice Francisco Gabriel Reyes, jefe de urgencias del Hospital Juárez de México.

Un paciente bien informado tiene mayor control durante su atención en un hospital. Puede advertir de ciertas dolencias, alergias o condiciones previas facilitando así a los doctores encontrar el camino más claro para ayudarlo. “Se dedican tiempos, recursos humanos e infraestructura en un paciente del que no tienes claros sus antecedentes ni sus medicaciones, lo cual se agrava en condiciones en las que los sistemas de salud están en crisis, como en esta epidemia. Creo que podríamos ahorrar mucho si toda la gente supiera de autocuidado”, dice la médico internista geriatra Karina Rodríguez Quintanilla. En su experiencia, quienes menos conocen sus antecedentes médicos son los hombres porque delegan a sus esposas la organización y administración de medicamentos. Lo mismo sucede con las personas mayores que, con el paso del tiempo, dependen del registro que lleven sus hijos.

La información es control

Cada decisión que se toma en un tratamiento médico tendrá un efecto directo en el paciente. Aunque haya procedimientos universales, el organismo de una persona no es igual al de otra. Quizás la penicilina sea el camino seguro para combatir algunas infecciones, sin embargo, en alguien alérgico a este componente podría provocar una reacción anafiláctica que llegue a ser mortal. La dexametasona es un tratamiento frecuente en pacientes con COVID-19 que requieren oxígeno, sin embargo si las personas son diabéticas el fármaco puede aumentar sus niveles de glucosa y empeorar su condición. Otro caso son los pacientes con enfermedad cardiaca, si les administra hidroxicloroloquina o azitromicina puede desencadenarse una arritmia fatal. En esos detalles radica una gran diferencia.

Además, conocer algunos datos sobre la salud de tus familiares cercanos también puede ayudar a que tú consigas un mejor tratamiento. Por ejemplo, si una persona tiene psoriasis, una enfermedad que acelera el ciclo de vida de las células cutáneas y produce escamas y manchas rojas en la piel, pero no sabe si sus padres la tuvieron, los médicos deberán esperar a que este padecimiento avance para confirmarlo. En cambio, si el paciente reporta que hubo un caso en su familia entonces el diagnóstico sería más rápido.

“El paciente puede decir: ‘me tomo una pastilla blanca en el día y dos amarillas en la noche. A nosotros eso no nos sirve de nada. Es muy importante que nos den información precisa porque con base en eso podemos definir un plan, cambiar un fármaco, incrementar o disminuir una dosis para poder estabilizar a un paciente”, dice Francisco Gabriel Reyes.

En los casos de pacientes mayores o con enfermedades crónicas que no saben describir sus condiciones normales, cualquier síntoma podría ser confundido por el médico como señal de una nueva enfermedad, cuando en realidad era una anomalía previa o “normal”.

Según la doctora Rodríguez Quintanilla, si la mayoría de las personas no maneja información sobre su propia salud se debe a la falta de cultura del autocuidado. Hay personas que creen no tener ninguna enfermedad, sin embargo, son obesas, hipertensas o diabéticas. “Los pacientes relacionan el concepto de enfermedad con dolor, por lo tanto, si no hay dolor la gente piensa que no está enferma”, explica el infectólogo mexicano Uri Torruco. También es importante exigir que los doctores expliquen a detalle la condición que uno presenta, las razones del tratamiento que se elige y los medicamentos que se prescriben. De esa forma, aunque se tenga que pasar consulta con otro médico, uno estará al tanto de su situación.

Por eso, en cualquier momento y especialmente en tiempos de COVID-19, los especialistas recomiendan que cualquier persona tenga información clara y precisa para responder las siguientes preguntas:

  1. Motivo de consulta. ¿Por qué has sacado una cita médica? ¿Qué tipo de molestia tienes? ¿Qué es distinto a cómo te sentías antes? ¿Desde cuándo te empezaste a sentir así? ¿Qué tipo de cambios en tu rutina has tenido recientemente?
  2. Otras enfermedades actuales. ¿Qué otros padecimientos tienes y cómo los controlas?
  3. Antecedentes. ¿Qué padecimientos has tenido en el pasado? ¿Cuándo exactamente? ¿Qué tratamientos, intervención, terapias has tenido?
  4. Fármacos. ¿Qué fármacos o sustancias consumes de manera regular y para qué? ¿Desde cuándo? ¿Cada cuánto? ¿Con receta o sin ella?
  5. Alergias. ¿Eres alérgico(a) a algo (alimentos, medicamentos, animales o plantas)? ¿Qué medicamentos tomas para controlarlo?
  6. Antecedentes familiares. ¿Qué enfermedades han tenido tus padres, abuelos, hermanos? (Algunos padecimientos son importantes de mencionar debido a su componente hereditario como la hipertensión arterial, la diabetes o el cáncer, entre otros).
  7. Inmunizaciones. ¿Qué vacunas te han puesto y cuándo?
  8. Hábitos. ¿Fumas, bebes alcohol, o consumes alguna droga ilícita? ¿Cuánto y desde cuándo? ¿Te han donado sangre alguna vez (fecha, tipo, hubo reacciones adversas)? ¿Haces alguna actividad física? ¿En qué consiste tu alimentación? ¿Cuántas horas duermes en promedio?
  9. Dependientes. Si estas en contacto con personas que dependan de ti, por ejemplo, adultos mayores, niños o personas con enfermedades crónico-degenerativas, la recomendación es que sepas también su historia clínica.
  10. Tiempos en los que aparecieron tus síntomas. Para determinar la ruta de contagio por COVID-19, es importante que el paciente sepa cuándo aparecieron sus síntomas. Con esa información, los médicos pueden identificar en qué momento pudo ser más contagioso y qué otras personas estuvieron en riesgo de infectarse.
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