Y a ti, ¿también te duelen las rodillas?

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Y a ti, ¿también te duelen las rodillas?

No es coincidencia que cada vez hablemos más del dolor de rodillas. La prevalencia de afectaciones a las rodillas, específicamente la artrosis, es un problema que aqueja a millones de personas desde los quince años. Y aunque no tiene cura, sí hay algunas recomendaciones que pueden ayudar a prevenirlo o retrasar el avance de la enfermedad.

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Parece una moda el hecho de que cada vez más personas, incluso jóvenes, se quejen de las rodillas. Entre los principales malestares destaca el dolor, la inflamación, los chasquidos y la dificultad para moverlas. Pero más que una moda es una tendencia al alza: los padecimientos de rodillas, específicamente la osteoartritis, son un problema de salud que se ha agravado en las dos últimas décadas en muchas partes del mundo.

La osteoartritis o artrosis es el padecimiento degenerativo de rodilla más común y sucede cuando el cartílago que protege y amortigua los extremos de los huesos se desgasta con el paso del tiempo. Este daño no se puede revertir, sin embargo, hay formas de prevenirlo o retrasarlo, al tener actividad física permanente, mantener un peso saludable y acudir con un especialista a tiempo. A veces, cuando tenemos dolores corporales, solo recurrimos a masajistas pero no olvidemos que profesionales como los traumatólogos, reumatólogos y terapeutas físicos son los indicados en estos casos.

De acuerdo con OrthoInfo, la plataforma informativa de la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, “una rodilla sana puede flexionarse y enderezarse sin dificultad, gracias a un tejido blando y resbaladizo llamado cartílago articular, que cubre, protege y amortigua los extremos de los huesos que forman la rodilla”.

Pero cuando una persona tiene osteoartritis, el cartílago se desgasta y se pone áspero a tal grado que los huesos (el fémur y la tibia) terminan frotándose uno contra el otro. “Para compensar la pérdida de cartílago, los huesos dañados pueden comenzar a crecer y formar dolorosos espolones” -protuberancias óseas que aparecen en los bordes de los huesos-, señala OrthoInfo.

La misma plataforma explica que entre las principales causas de la osteoartritis están la edad, la herencia genética, el exceso de peso, las lesiones previas producto del ejercicio o del esfuerzo excesivo (personas que regularmente se arrodillan, agachan o levantan mucho peso sin considerar una manera correcta de hacerlo), así como enfermedades como gota o la infección y enfermedad de Lyme, que es transmitida por garrapatas y que propicia dolor y debilidad en las articulaciones.

Ahora se sabe que esta afectación ocurre con mayor frecuencia en estos tiempos que en el siglo pasado. Un artículo publicado en la revista The Lancet en 2020 reveló con base en datos de 1990 a 2020, que la osteoartritis de rodilla tiene una prevalencia global del 16% entre personas de 15 años o más y del 22.9% en personas mayores de 40 años. “Hay 654.1 millones de personas (de 40 años o más) con osteoartritis en el mundo”, concluyen los autores. El grupo identificó que el aumento más significativo en el número de casos se registró a partir del 2000. En cuanto a su incidencia (la cantidad de nuevos casos), la osteoartritis afectó en 2020 a 86.7 millones de individuos mayores de 20 años, lo que deriva en una incidencia global de 203 casos por cada 10 mil personas al año.

El grupo de investigación también mostró otros datos interesantes: la enfermedad se agrava con el paso del tiempo y llega a un pico a la edad de 70-79 años; afecta con mayor frecuencia a las mujeres; y la educación está asociada negativamente con la enfermedad, lo cual significa que los individuos con un nivel de educación más bajo sufren más de este padecimiento en comparación con personas con nivel educativo más alto debido a que “realizan con frecuencia actividades físicas intensas o acceden a pocos conocimientos sobre la prevención de la osteoartritis de rodilla”.

Para los autores, estos resultados son importantes porque pueden ayudar a diseñar estrategias para prevenir la enfermedad desde sus etapas más tempranas. En el tema de prevención, hay evidencia sobre algunas cosas que pueden servir para cuidar las rodillas y evitar que el desgaste del cartílago se convierta en artrosis. Las recomendaciones más importantes incluyen: ejercitarlas, mantener un peso recomendable y evitar remedios sin sustento científico.

1.- Ejercítalas

Aunque hay quien piensa que lo mejor para evitar el dolor de rodillas es mantenerlas inmóviles, ahora la recomendación más generalizada es precisamente lo contrario: moverlas. OrthoCarolina, clínica especializada en ortopedia en Estados Unidos, recomienda mantenerse activo todos los días, ya que “la actividad física ayuda a prevenir la rigidez y la atrofia muscular, lo cual protege las rodillas de futuras lesiones”.

De acuerdo con la plataforma, para tener una actividad física que proteja las rodillas es ideal mezclar ejercicios y evitar rutinas que sean únicas y repetitivas. Para el médico ortopedista y traumatólogo mexicano Ruy E. Rodríguez Corlay, una de las razones de que haya cada vez más casos de artrosis entre población joven es “el auge que hay en la actualidad por los deportes de alto impacto sin moderación”, lo que lleva a pacientes de 40-50 años “a presentar desgaste prematuro de las rodillas”.

Para prevenir o retrasar el daño, OrthoCrolina recomienda fortalecer los músculos superiores e inferiores de las piernas a través de ejercicios dirigidos a los isquiotibiales, los cuádriceps, los glúteos y los flexores de la cadera; estirar esos músculos para mantener la amplitud en el movimiento; elegir ejercicios de bajo impacto que no propicien un daño en el cartílago, como el ciclismo y la natación, así como evitar otros que requieran saltar, correr o detenerse bruscamente como el baloncesto o el futbol. Al menos, evitarlos sin una preparación progresiva del cuerpo para esos movimientos.

2.- Mantén un peso saludable

Rodríguez explica que la artrosis se presenta a edades más tempranas respecto al pasado, en buena medida, debido a la obesidad “porque aumenta la demanda mecánica de las rodillas”. El exceso de peso añade una tensión significativa a las rodillas debido al papel, de nuevo, del cartílago articular. La organización Pennsylvania Orthopedic Associates muestra que una de las funciones más importantes del cartílago articular consiste en absorber los golpes y transmitir la presión al hueso de manera que no haya una parte que soporte más peso del que pueda tolerar.

Mantener un peso saludable no es una recomendación exclusiva para las personas que quieren prevenir la artrosis, sino también para las personas que ya la padecen, pues ayuda a disminuir el dolor y aumentar la movilidad. Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Educación Física y Deportes de Ucrania mostró en una investigación que ciertos cambios en la dieta de un grupo de mujeres con obesidad y artrosis habían mejorado significativamente su calidad de vida.

Esos cambios implicaban tener una dieta baja en calorías, excluyendo el alcohol en ceso, alimentos con demasiados azúcares exceptuando frutas, frutos secos y miel; también se eliminó la harina de trigo, conservas, cereales, carnes ahumadas, embutidos y aderezos como cátsup y mayonesa; se recomendó, además, usar métodos de cocción al vapor, cocer, cocinar a fuego lento en el agua.

Al final de programa, los investigadores reportaron que no solamente hubo una disminución en el IMC de 30 a 27 de las participantes, sino que también hubo una reducción significativa del dolor: el promedio estadístico registrado del dolor antes del programa de tratamiento fue de 4,3 puntos, y en la fase final del examen llegó a 0,6 puntos. Por lo que concluyen que “cambios en el estilo de vida durante el asesoramiento dietético y la estimulación de ejercicios físicos es el primer paso en el tratamiento de los pacientes con obesidad y artrosis”.

3.- Antes de comprar suplementos o rodilleras, acuda a un especialista

Algunos sitios web recomiendan ciertos alimentos o aditamentos como rodilleras para prevenir el dolor de rodillas o la artrosis, sin embargo, no existe suficiente evidencia para concluir que son eficaces y seguros. Uno de los recursos más populares para tratar la artrosis son los extractos naturales de las semillas del aguacate y la soya, generalmente conocidos como insaponificables (o ASU: Avocado–Soybean Unsaponifiables), que se comercializan para reducir el dolor, la rigidez y mejorar la función articular.

Aunque no se sabe con certeza qué mecanismos actúan a nivel celular y metabólico para entender los efectos de estas sustancias en las articulaciones, hay evidencia, como esta revisión publicada en 2020 en la revista Biomoléculas, que muestra que los insaponificables actúan en las células implicadas en la inflamación y que a nivel clínico logran reducir el dolor y la rigidez en personas con artrosis de rodilla.

A pesar de ello, hay pocos estudios sobre su seguridad, y el hecho de que en muchos países se comercialicen como suplementos alimenticios, en vez de agentes farmacéuticos, propicia que la calidad y la composición del producto varíen. Por eso, el grupo de investigación concluye que si bien “está fuera de duda que los productos a base de ASU presentan efectos biológicos positivos significativos in vitro (…), es necesario realizar más estudios, especialmente a largo plazo, y consolidar su uso en humanos”.

Lo mismo opina el ortopedista Ruy Rodríguez respecto a los alimentos que son promovidos como la bala mágica contra la artrosis, como el pescado, lácteos, té verde o los aceites. En cuanto a alimentos, “no [han sido] comprobados por la ciencia”, dice Rodríguez. Hay “algunos alimentos ricos en antioxidantes, y (fármacos) como la diacereína, sulfato de condroitina y glucosamina que podrían retrasar el proceso, pero de ninguna manera prevenir o reparar [el daño]”, explica.

El especialista también aclara que aditamentos como las rodilleras no son recomendables. “No existen dispositivos en la actualidad que mitiguen los cambios asociados al tiempo o al uso mecánico de las rodillas”. E insiste: “Lo único preventivo son las actividades deportivas variadas, de preferencia de bajo impacto, y el control adecuado del peso corporal”.

Lo más importante es acudir con un especialista a tiempo. Hay que hacerlo “generalmente [cuando hay] dolor, que aumente durante la actividad física, datos de bloqueo mecánico, es decir que se trabe la rodilla en alguna posición o en caso de sentir inestabilidad de la misma”, explica Rodríguez. El diagnóstico acertado temprano puede ser vital para evitar que el desgaste avance rápidamente.

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