Anticuerpos evolucionan hasta un año después de la infección y protegen de nuevas variantes

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Anticuerpos evolucionan hasta un año después de la infección y protegen de nuevas variantes

Un estudio de la Universidad Rockefeller, de Nueva York, revela que la gama de anticuerpos aumenta en alcance y potencia luego de la vacunación en pacientes que ya han padecido de covid-19.

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La vacunación aumenta los anticuerpos en aquellos que ya han tenido covid-19. Shutterstock

Desde que inició la pandemia, cada avance de la ciencia para conocer más sobre el SARS-CoV-2 es una chispa de esperanza para la humanidad. Esta vez la revelación proviene de un equipo de científicos encabezado por el brasileño Michel Nussenzweig, jefe del Laboratorio de Inmunología Molecular de la Universidad Rockefeller e investigador del Instituto Médico Howard Hughes.

El estudio, publicado ayer en la revista Nature, lleva por título “Amplitud de los anticuerpos neutralizantes contra el SARS-CoV-2 un año después de la infección” y concluye que los anticuerpos generados como respuesta a la infección de covid-19 continúan evolucionando entre los seis y doce meses posteriores al contagio. Pero no solo eso. Si el paciente recibe la vacuna, esos anticuerpos pasan a ser “altamente eficaces” contra las diversas variantes del covid-19.

Se analizaron muestras de sangre de 63 personas que habían superado el nuevo coronavirus con un año de anterioridad, de los cuales el 41% (26) había sido inoculado con al menos una dosis de las vacunas de los laboratorios Pfizer-BioNTech o Moderna. Vacunas que emplean la tecnología de ARN mensajero (ARNm), la cual consiste en enseñar a las células a producir una proteína que desencadena una respuesta inmunitaria frente a la infección.

El hallazgo: mientras en los pacientes no inoculados, los anticuerpos neutralizantes —aquellos que evitan la reinfección— y las células b —linfocitos del sistema inmunológico que ‘recuerdan’ al patógeno invasor para producir anticuerpos con mayor velocidad en futuras infecciones— se mantuvieron relativamente estables, en los pacientes vacunados aumentaron todos los componentes de la respuesta humoral —respuesta inmunológica específica de los linfocitos b— y, además, “dio lugar a actividades de neutralización mayores al virus original hallado en Wuhan”. Es decir, las vacunas potencian la capacidad neutralizante de quien ya ha padecido el nuevo coronavirus. De esa manera, es capaz de enfrentar a sus variantes de preocupación.

Dicho de otro modo: “un año después de la infección, la actividad neutralizante en los participantes que no habían sido vacunados fue menor contra todas las formas del virus”. La menor actividad neutralizante se observó contra la variante Beta (501Y. V2), descubierta en Sudáfrica.

“Los datos sugieren que la inmunidad en individuos convalecientes (que reciban vacunas de ARNm) será muy duradera”, señala el estudio. Lo más cercano a una garantía de inmunidad en meses donde han brotado variantes más transmisibles que incluso reducen el grado de efectividad de las vacunas como la variante Delta (B1,617.2), hallada por primera vez en la India. A su vez, supone una constatación de lo valioso que resulta inmunizar a la población.

De hecho, los investigadores han dejado entrever la posibilidad de que los pacientes vacunados que no han sido infectados por el covid-19 reciban una vacuna de refuerzo para generar una inmunidad contra las variantes del virus que ya se han esparcido en el mundo.

La memoria de las células B

A fines de mayo, hace apenas un par de semanas, otro grupo de investigadores, esta vez de la Universidad de Washington, en Saint Louis, descubrieron que las células B, aquellas que conservan la memoria del virus, permanecen en la médula ósea luego de la infección con la finalidad de producir anticuerpos cuando resulte necesario.

En su caso, analizaron muestras de sangre de 77 personas en intervalos de tres meses. Análisis que inició un mes después de que se contagiaran de coronavirus. Solo seis de las 77 personas necesitaron ser hospitalizadas. El resto solo acusó síntomas leves.

Si bien los niveles de anticuerpos en la sangre se redujeron notoriamente a los cuatro meses del contagio y el descenso fue más bien gradual en los meses siguientes, las células B de memoria permanecieron inactivas en la médula ósea. “Los ensayos coinciden con la creciente literatura que sugiere que la inmunidad provocada por el contagio y la vacunación contra el SARS-CoV-2 parece ser de larga duración”, señala Scott Hensley, inmunólogo de la Universidad de Pensilvania.

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