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¿Cómo frenamos la curva de avance del coronavirus?

Las medidas tomadas en varios países de América Latina y el mundo buscan evitar que demasiadas personas se contagien a la vez del Covid-19 y colapsen los hospitales. El epidemiólogo Roy Anderson explica cómo China logró controlar la enfermedad y la importancia de seguir sus estrategias.

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Escenarios de los modelos de expansión del Covid-19 Roy Anderson

En un escenario de pandemia, no podemos impedir que el coronavirus Covid-19 circule, pero podemos evitar que demasiadas personas se contagien a la vez. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los Estados tomar acciones para frenar la curva de avance de la enfermedad y evitar que se saturen los servicios de salud. Algunas medidas ya están en curso en al menos 7 países de América Latina: el aislamiento de las personas infectadas y la cancelación actividades masivas. De esta manera, China, origen del brote, ha logrado controlar la enfermedad que se presenta como una gripe y en algunos casos deriva en una neumonía.

La estrategia de contención del virus funciona si las personas cooperan, si hay responsabilidad colectiva. El epidemiólogo británico Roy Anderson, del Imperial College de Londres, explica en la revista The Lancet que el control del Covid-19 en China se debe gracias a eso. “Se tomaron medidas drásticas de cuarentena para contener el avance del virus. El comportamiento social fue clave. Por eso, China ahora reporta 20 nuevos casos en 24 horas frente a los más de 4.100 detectados en ese tiempo en el resto del mundo”.

“Si las medidas [para controlar la propagación] se relajan dentro de unos pocos meses para evitar un duro impacto económico, es probable que aparezca un nuevo pico en otoño”, advierte Anderson, profesor de Epidemiología de Enfermedades Infecciosas en la Facultad de Medicina del Imperial College de Londres.

En poco más de dos meses, el nuevo coronavirus Covid-19 ha infectado a unas 114.000 personas y matado a unas 4.000. La mayoría de fallecidos fueron personas con edad avanzada y otras enfermedades, como la hipertensión y la diabetes.

El equipo de investigación de Anderson calcula que el virus infectaría al 60% de la población mundial en el peor de los escenarios. Las actuales estimaciones sugieren que el 80% de los casos serían leves o incluso sin síntomas, pero habría otro 15% en estado más grave, que requerirían oxígeno, y otro 5% en situación crítica, con necesidad de ventilación en la unidad de cuidados intensivos. La tasa de muertes proyectada está entre el 0,3% y el 1% de las personas afectadas.

Cuanto más lento se propague el virus, mejor podrán manejarlo los sistemas de salud.

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