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La desigualdad se vuelve más tolerable en un Perú donde millones siguen al borde de la pobreza

La nueva encuesta de Oxfam y el Instituto de Estudios Peruanos revela una contradicción: aunque siete de cada diez peruanos reconocen la desigualdad económica, quienes la consideran inaceptable disminuyeron del 51 % al 38 % en dos años. Al mismo tiempo, el 84 % cree que el país se gobierna en beneficio de unos pocos, mientras casi seis de cada diez personas viven en pobreza o son vulnerables a caer en ella.

La desigualdad se vuelve más tolerable en un Perú donde millones siguen al borde de la pobreza
Desarrollo visual con apoyo de IA

La mayoría de los peruanos reconoce que vive en un país profundamente desigual, pero cada vez menos considera que esa situación es inaceptable. Esta contradicción aparece en la tercera Encuesta Nacional de Percepción de Desigualdades (ENADES 2026), elaborada por Oxfam en Perú y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), que revela una caída de 13 puntos porcentuales en el rechazo a las diferencias económicas entre ricos y pobres desde 2024.

El estudio, titulado Poder para pocos, desigualdad para muchos, plantea una pregunta: ¿por qué una sociedad que reconoce sus desigualdades parece estar menos dispuesta a considerarlas intolerables?

La encuesta no establece las causas de este cambio, pero ofrece algunas pistas. Más personas confían en que sus hijos vivirán mejor. Ese optimismo convive, sin embargo, con una realidad frágil: millones de familias pueden caer en la pobreza ante una enfermedad, la pérdida del empleo o una emergencia que implique gastos inesperados.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en 2025 la pobreza monetaria afectó al 25,7 % de la población, frente al 20,2 % registrado antes de la pandemia, en 2019. Otro 32,8 % se encontraba en situación de vulnerabilidad económica: sus ingresos superaban la línea de pobreza, pero podían resultar insuficientes ante una crisis.

En conjunto, casi seis de cada diez peruanos eran pobres o estaban expuestos a caer en la pobreza.

Para Alejandra Alayza, directora de Oxfam en Perú, la disminución del rechazo a la desigualdad es una señal preocupante. “Eso no es aceptación, es una peligrosa resignación. Y lo que se tolera, se perpetúa”, afirmó durante la presentación del estudio.

Más ingresos, poca seguridad

La menor indignación frente a la desigualdad coincide con una percepción más favorable de la economía familiar. En 2024, el 44 % de los entrevistados afirmaba que sus ingresos le alcanzaban para cubrir sus necesidades. En 2026, esa proporción aumentó al 53 %.

También creció el porcentaje de quienes consideran que están económicamente mejor que sus padres cuando tenían su edad: pasó del 60 % al 66 %. Y ocho de cada diez entrevistados creen que sus hijos tendrán una mejor situación económica cuando sean adultos.

Estas expectativas contrastan con la situación de aproximadamente 11,4 millones de peruanos que, según las estadísticas oficiales recogidas por Oxfam, se encuentran en situación de vulnerabilidad monetaria. No figuran como pobres, pero una enfermedad, una emergencia o la pérdida del empleo podrían comprometer seriamente sus ingresos.

La situación es especialmente difícil en las zonas rurales. En 2025, la pobreza afectó al 35,5 % de sus habitantes y otro 47,2 % se encontraba en situación de vulnerabilidad económica. Es decir, más de ocho de cada diez personas del ámbito rural vivían en pobreza o estaban expuestas a caer en ella.

El mito del esfuerzo individual

La ENADES 2026 también revela cómo una parte de la población explica la pobreza. El 38 % de los entrevistados cree que las personas pobres lo son porque desaprovechan las oportunidades. Otro 37 % considera que quien trabaja duro llegará a ser rico y el 34 % piensa que todos los peruanos tienen las mismas posibilidades de salir de la pobreza.

Los autores del informe relacionan estas creencias con el mito del emprendedor: la idea de que el progreso depende principalmente del esfuerzo individual, sin considerar suficientemente las condiciones en las que cada persona nace, estudia y trabaja.

GRÁFICO AFIRMACIONES SOBRE DESIGUALDAD

Sin embargo, las oportunidades no son las mismas para todos. Crecer en una comunidad sin atención médica especializada, estudiar en una escuela con infraestructura deficiente o vivir donde escasea el empleo formal puede limitar las posibilidades de desarrollo.

La propia encuesta muestra que el 55 % considera que el lugar donde una persona vive durante su infancia es muy importante para las oportunidades que tendrá más adelante.

El informe también relaciona la confianza en las soluciones individuales con la desconfianza hacia las instituciones. Cuando el Estado no responde, muchas familias dependen de sus propios recursos y de la organización comunitaria.

La riqueza en pocas manos

Las percepciones recogidas por la ENADES 2026 contrastan con la elevada concentración de riqueza en el Perú.

Según estimaciones del World Inequality Lab utilizadas por Oxfam, entre 2019 y 2025 el 1 % más rico de la población concentró el 42 % de la nueva riqueza generada en el país. En cambio, el 50 % más pobre recibió apenas el 1,4 %.

La distancia es todavía más evidente al comparar patrimonios. La riqueza promedio de una persona perteneciente al 0,1 % más rico se estima en 29,8 millones de dólares, frente a los 6201 dólares de alguien ubicado en la mitad más pobre de la población. Es una diferencia de aproximadamente 4800 veces.

Estas cifras se refieren al patrimonio acumulado (bienes y otros activos, descontando las deudas), no a los ingresos mensuales.

El informe también advierte que las encuestas de hogares utilizadas para medir oficialmente la desigualdad de ingresos tienen dificultades para registrar lo que perciben las personas más ricas. Por eso, Oxfam empleó una metodología alternativa, desarrollada por el economista Germán Alarco y sus colaboradores, que incorpora estimaciones de ingresos no captados por esas encuestas.

El poder de unos pocos

La ENADES 2026 también examina quiénes son percibidos como los grupos con mayor capacidad para tomar decisiones y cuánto poder sienten tener los ciudadanos.

El 84 % de los entrevistados cree que el Perú está gobernado por unos cuantos grupos poderosos que actúan en beneficio propio. Apenas el 6 % considera que las decisiones se toman para beneficiar a toda la población. Aunque sigue siendo una percepción ampliamente mayoritaria, disminuyó respecto de 2024, cuando alcanzaba el 90 %.

Al identificar a esos grupos, el 51 % menciona a actores políticos, como los partidos y el Congreso; el 36 % señala a actores económicos, entre ellos las grandes empresas; y el 21 % al Gobierno y las instituciones públicas.

GRÁFICO EL PAÍS ES GOBERNADO POR GRUPOS PODEROSOS EN SU PROPIO BENEFICIO

La sensación de falta de influencia también es extendida. Solo el 27 % cree que ciudadanos como ellos pueden intervenir en las decisiones nacionales, mientras que la mitad está en desacuerdo. Además, el 55 % considera que el país se gobierna desde Lima sin tomar en cuenta a las regiones.

“Después de tres ediciones, la ciudadanía nos dice que ve la desigualdad no solo en el bolsillo, sino en el poder y no se equivoca”, afirmó Alayza.

Para la directora de Oxfam, la concentración de la riqueza también tiene consecuencias políticas. “Quien concentra la riqueza concentra también el poder de decidir. Por eso la desigualdad en el Perú ya no es solo económica, es política. Y lo que está en juego aquí es la democracia”, sostuvo.

Menos participación ciudadana

Los indicadores de IDEA Internacional analizados por Oxfam muestran que, entre 2020 y 2024, la participación política retrocedió un 12 %, el compromiso cívico disminuyó un 14,4 % y la democracia local cayó un 20,1 %.

También se deterioraron las condiciones para ejercer libertades fundamentales. CIVICUS, una organización internacional que monitorea la libertad de expresión, asociación y reunión, pasó de clasificar el espacio cívico peruano como «obstruido» en 2018 a «represivo» en 2024.

El informe relaciona este deterioro con la inestabilidad política, el debilitamiento de la representación y las decisiones que han reducido los mecanismos de participación ciudadana. Entre ellas menciona las restricciones aprobadas en 2022 para promover referéndums sobre reformas constitucionales sin autorización del Congreso y los cambios a la legislación de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI).

En abril de 2025, una experta de Naciones Unidas advirtió que las modificaciones a la ley de la APCI afectaban gravemente la libertad de asociación y podían permitir interferencias indebidas en el funcionamiento de las organizaciones no gubernamentales.

Sin embargo, las dificultades para participar mediante los canales institucionales no han impedido otras formas de organización. Las ollas comunes, los comités vecinales y las movilizaciones sociales muestran cómo los ciudadanos siguen buscando respuestas colectivas a problemas que las autoridades no resuelven.

La desigualdad en salud

Las diferencias económicas también se reflejan en las posibilidades de recibir atención médica, acceder a una educación adecuada o conseguir justicia.

La ENADES 2026 revela que el 63 % de los peruanos considera muy desigual el acceso a la salud. Si se incluye a quienes lo califican como algo desigual, la proporción llega al 81 %.

La percepción es todavía mayor en el acceso a la justicia, considerado muy o algo desigual por el 86 % de los entrevistados. En educación, alcanza el 74 %.

GRÁFICO . DESIGUALDAD EN EL ACCESO A JUSTICIA, SALUD, EDUCACIÓN Y EMPLEO

En el caso de la salud, contar con un seguro no siempre garantiza recibir atención cuando se necesita. La falta de especialistas, las dificultades para conseguir citas, la escasez de medicamentos y los gastos de transporte pueden convertirse en barreras, especialmente para quienes viven lejos de los hospitales de mayor complejidad.

Para las personas con enfermedades crónicas o que requieren tratamientos continuos, estas dificultades pueden ocasionar retrasos en la atención y gastos que comprometen el presupuesto familiar.

La mayoría exige medidas al Estado

Pese a que menos personas consideran inaceptable la desigualdad económica, el 68 % de los entrevistados está de acuerdo con que el Estado aplique políticas firmes para reducir las diferencias de ingresos entre ricos y pobres. Ese respaldo se mantiene en niveles similares a los registrados en 2022 y 2024.

La encuesta también muestra desconfianza sobre el cumplimiento de las obligaciones tributarias. El 77 % cree que las personas más ricas encuentran formas de evitar el pago de los impuestos que les corresponden y el 76 % piensa lo mismo de las grandes empresas.

El sondeo deja una pregunta abierta sobre el futuro del país: qué posibilidades existen de reducir las desigualdades cuando buena parte de la población siente que tiene poca influencia sobre las decisiones que podrían corregirlas.