Opinión | EDITORIAL

No hay más tiempo que perder

El Perú tiene un nuevo presidente: Pedro Castillo. Aunque siga pendiente la proclamación del ganador por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), el cómputo de los votos al 100% y la desestimación de todas las solicitudes de nulidad de mesas de sufragio dejan claro que el resultado es irreversible. Es momento, entonces, de superar el entrampamiento en el que se ha visto sumido el país en las últimas semanas para abordar los temas más urgentes -la pandemia y la vacunación-, temas que terminaron desplazados en la agenda pública en medio de una campaña de terror, infundadas acusaciones de fraude y una espiral de desinformación que busca un golpe de Estado.

La pregunta que debemos estar haciendo es de qué forma el virtual presidente retomará y acelerará el proceso de vacunación para enfrentar la covid-19. Si bien el gobierno de Francisco Sagasti ha adquirido 62 millones de dosis que estarán llegando al país a lo largo del año, la aplicación de las vacunas marcha aún a paso lento, sobre todo en el interior del país. Como informó Salud con lupa, el Perú se ubica en el puesto 15 de un total de 18 países de Latinoamérica respecto al porcentaje de la población inmunizada. Mientras que en Chile el 59,7% de los habitantes ha recibido, al menos, una dosis al 11 de junio, nuestro país alcanza un 10,23%, por detrás de Ecuador, Venezuela y Bolivia. Además, el avance es bastante desigual entre las regiones. A la cabeza, están Ica y Tacna, que están atendiendo ya a los mayores de 55 y 50 años respectivamente; por el contrario, Loreto, Ucayali, San Martín y Cajamarca no consiguen siquiera vacunar al 40% de los mayores de 60 años.

Esta cuestión se vuelve más apremiante con la amenaza de una tercera ola de la pandemia, que parece estar golpeando ya Arequipa. El Gobierno ha dispuesto allí el cerco epidemiológico, lo que implica restringir el transporte para impedir el ingreso y la salida de personas de dicha región, tras un aumento de casos que sitúan a las provincias de Arequipa, Camaná, Castilla, Caylloma, Caravelí e Islay en riesgo extremo. A esto se le suma el hallazgo, en la región, de la variante Delta del coronavirus, una de las que generan mayor preocupación por su facilidad de propagación.

Los grandes medios de comunicación nacionales, que se lanzaron de lleno a apoyar la candidatura de Keiko Fujimori, se resisten a pasar la página del enfrentamiento electoral, angustiados ante la posibilidad de un cambio de modelo económico. Sin embargo, el tiempo sigue corriendo. Cada día mueren en el país alrededor de 400 personas por covid-19, una enfermedad que ya ha costado la vida de más de 188 mil peruanos, y el proceso de transferencia de gobierno todavía no comienza, con lo cual se retrasan las coordinaciones necesarias para garantizar la sostenibilidad y la mejora de la lucha contra la pandemia. En el sector salud, el cambio de autoridades no debería suponer riesgos de retrasos para la campaña de vacunación. Al contrario, debería procurarse que el proceso se acelere con la llegada de más vacunas al país. La emergencia obliga al nuevo Gobierno a rodearse de un equipo experimentado para mejorar la estrategia sanitaria.

Mientras aguardamos que el JNE formalice la victoria de Castillo, quienes hemos escogido el periodismo tenemos la responsabilidad de alertar sobre los problemas de salud pública que requieren atención inmediata, de combatir la desinformación que conspira contra el éxito del plan de vacunación y de exigir, desde ahora, al virtual presidente que clarifique las acciones que tomará para manejar esta crisis, la mayor de nuestra historia republicana.

Cuando se instale el nuevo gobierno, el equipo de Salud con lupa se mantendrá vigilante en resguardo de los derechos de la ciudadanía desde una posición independiente. Y no hay tiempo que perder. La distribución del voto que está llevando a Castillo al sillón presidencial expresa las demandas sociales postergadas, las brechas de desarrollo -incluida la salud- que hacen de nuestra república una promesa incumplida. Las peruanas y los peruanos más olvidados han alzado su voz y esperan que, por fin, algo comience a cambiar.

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