¿Pfizer? ¿Sinopharm? ¿Johnson?: Te explicamos a qué se refiere su eficacia

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¿Pfizer? ¿Sinopharm? ¿Johnson?: Te explicamos a qué se refiere su eficacia

Aunque no todas las vacunas están disponibles en todos los países de la región, de algo podemos estar seguros: todas ellas previenen que las personas vacunadas desarrollen enfermedad grave y mueran. Pero conforme se realizan más ensayos clínicos con personas de distintas características, se tiene información más específica que nos dice en qué consiste exactamente esa eficacia.

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A pesar de la aparente rapidez con la que las vacunas contra covid-19 han sido desarrolladas, su llegada se considera un éxito histórico debido a que todas han reportado niveles significativos de eficacia.

Pero conforme se hacen más ensayos clínicos, surge información detallada de cada vacuna que nos ayuda a entender no solamente qué tan eficaces son sino para qué, para quiénes y por cuánto tiempo.

Primero, es necesario recordar que la eficacia de estas formulaciones se traduce como la proporción o porcentaje de personas que no presentan una determinada característica (en este caso, infección por SARS-CoV-2 o covid-19 grave), dentro de un grupo de voluntarios que fueron vacunados como parte de un ensayo clínico, es decir, en condiciones controladas de salud, edad o sexo de los participantes.

Esa proporción se puede expresar en porcentaje y se determina con base en un procedimiento matemático simple. Se dividen a las personas que participan del ensayo en dos grupos: uno recibe la vacuna y otro recibe placebo (una sustancia sin efectos farmacológicos) y se sigue a ambos grupos durante cierto número de semanas o meses con el fin de ver la evolución de cada uno. La eficacia se calcula con base en la diferencia entre el número de personas enfermas que hubo en cada grupo.

Por ejemplo, si ambos grupos fueron de 100 personas y del conjunto que recibió placebo se enfermaron 50 individuos mientras que en el grupo vacunado solo fueron cinco, entonces la eficacia de esa vacuna imaginaria sería de 90% (que corresponde a 50 - 5 = 45, que es el 90% de 50).

Ese es el procedimiento estándar que se lleva a cabo para medir la eficacia de cualquier vacuna, independientemente del país, enfermedad o marca que se trate, y revela la definición base de la eficacia para toda vacuna: la proporción de personas que no se enferman por estar vacunadas respecto a las que se enferman por no estarlo.

Pero si el procedimiento para medir eficacia es el mismo, ¿por qué entonces solemos ver distintos porcentajes para las vacunas contra covid-19?

“Cuando se trata de enfermedades infecciosas que degeneran en enfermedades más graves, generalmente los síndromes, como es el caso del covid-19, la definición de eficacia se vuelve más compleja”, explica Thalía García Téllez, inmunóloga especializada en enfermedades infecciosas. De acuerdo con el Instituto de Métricas y Evaluación en Salud de la Universidad de Washington (IHME, por sus siglas en inglés), esta definición puede resumirse en tres:

  1. Eficacia para evitar la enfermedad sintomática: la persona contrae el virus, pero no desarrolla enfermedad porque la vacuna evita que desarrolle síntomas de covid-19.
  2. Eficacia para evitar enfermedad grave: la persona contrae el virus, pero no desarrolla síntomas severos, de manera que la vacuna evita que las personas sean hospitalizadas.
  3. Eficacia para evitar la infección (o transmisión): la persona no contrae el virus, por lo tanto, tampoco desarrolla síntomas ni enfermedad; la vacuna evita que infecte una célula y pueda multiplicarse para infectar otras, lo que también evita la transmisión del virus entre una persona y otra.

Para entender la diferencia, podemos tomar el caso de las personas con VIH y con SIDA. Una vacuna eficaz contra la infección evitaría que una persona adquiriera el virus de inmunodeficiencia humana; si la vacuna, además, fuera eficaz contra la enfermedad sintomática la persona VIH positivo no desarrollaría el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Y si la vacuna fuera eficaz contra enfermedad severa, entonces la persona, aunque desarrollaría SIDA, no sería de gravedad. Dado que son estados de salud y enfermedad distintos la vacuna potencial requiere mediciones de eficacia diferentes.

Cómo se ha medido la eficacia

En el caso de las vacunas para covid-19, los primeros porcentajes que se hicieron públicos fueron los relacionados con la eficacia para prevenir la enfermedad grave; es decir, se buscaba responder la pregunta: de la gente que está infectada y es sintomática ¿cuántas personas requieren hospitalización y/o desarrollan síntomas graves de la enfermedad?

“Ese porcentaje se puede medir en periodos relativamente cortos porque covid-19 es un síndrome que se presenta relativamente rápido y por eso se puede observar la evolución de la enfermedad en un periodo de ciertos meses. Pero también fue sencillo porque esos primeros ensayos clínicos incluyeron a personas que ya sabían que estaban infectadas porque presentaban síntomas; así que se pudo saber si la vacuna prevenía la enfermedad grave porque se podía evaluar la evolución de sus síntomas”, explica García Téllez.

También se tienen estudios que reportan eficacia contra enfermedad sintomática porque resulta relativamente sencillo evaluar si una persona con el virus desarrolla o no síntomas. Pero lo que ha sido mucho más difícil de conseguir son los niveles de eficacia contra la infección, es decir, responder a la pregunta: de las personas que están en contacto con el virus ¿cuántas de ellas lo contraen?

Esto es especialmente complicado porque para determinar ese porcentaje es necesario hacer ensayos con personas que hayan estado en contacto con el virus (por ejemplo, haber convivido con una persona infectada) y determinar cuántas de ellas se infectaron, pero como existe un buen número que no desarrollará síntomas ni acudirá a los servicios de salud, entonces calcular el porcentaje final resulta complicado.

A pesar de la dificultad, ya existen los primeros ensayos clínicos que revelan qué tan eficaz es una vacuna para evitar que una persona se infecte. Y las dos vacunas que reportaron ese porcentaje son Pfizer/BioNTech y Moderna, las cuales previenen infección por SARS-CoV-2 en 90%.

Los porcentajes disponibles

Por ahora, los porcentajes más difundidos de cada vacuna tienen que ver con su eficacia para prevenir la enfermedad sintomática o para prevenir enfermedad severa (que implicaría hospitalización o muerte). Todos estos porcentajes varían en función de la variante de SARS-CoV-2 que se trate.

El IHME ha hecho el seguimiento de ensayos clínicos, así como estudios cuasi observacionales para tener el conjunto de eficacias para prevenir enfermedad sintomática y grave, y calcular los potenciales porcentajes de cada vacuna para prevenir infección.

Eficacia no es lo mismo que efectividad

Mientras que la eficacia nos dice qué tan bien funciona una vacuna para prevenir enfermedad sintomática o grave en un ensayo clínico, la efectividad nos indica qué tan bien funciona la vacuna en la población general. Por lo tanto, no es absolutamente seguro que se obtendrán los mismos porcentajes de eficacia que de efectividad en una determinada población.

Cuando se aplican las vacunas en condiciones reales, se tiene una población diversa, con distintas condiciones de salud, edad y sexo difíciles de prever y monitorear. Por lo tanto, resulta complicado tener certeza absoluta de que los porcentajes de eficacia serán los mismos que de efectividad.

De los estudios sobre efectividad que se han llevado a cabo, destaca uno publicado en The Lancet sobre el proceso de vacunación en Israel, uno de los pocos países en los que se ha superado el 50% de población vacunada. El estudio revela que el porcentaje de efectividad de la vacuna Pfizer/BioNTech llegó al 95.3% contra la infección (enfermedad sintomática), 97.5% contra la hospitalización y 96.7% contra la muerte.

Por lo tanto, algunos especialistas, como el mismo Anthony S. Fauci, asesor médico del presidente Joe Biden, afirman que la efectividad de estas formulaciones podría, incluso, superar a su porcentaje de eficacia.

"Como muchos de ustedes saben, la efectividad en el mundo real no suele ser tan buena como la eficacia en las condiciones prístinas de un ensayo clínico [pero] Hemos encontrado justo lo contrario con las vacunas covid-19, donde la efectividad es prácticamente tan buena, si no mejor, en el entorno del mundo real", dijo Fauci en una conferencia con la Sociedad Torácica Americana.

La eficacia seguirá siendo un tema de estudio

El hecho de que hoy sepamos qué niveles de eficacia para prevenir enfermedad sintomática o grave tiene la mayoría de las vacunas no quiere decir que estos porcentajes sean definitivos.

El hecho, por ejemplo, de que surjan nuevas variantes del SARS-CoV-2 sugieren a las personas encargadas de estos estudios nuevas preguntas: ¿la vacuna funciona contra esta variante? ¿durante cuánto tiempo? Pero también, conforme se va ampliando el número y la diversidad de personas que participan en los estudios, surgen otras: ¿funciona igual para una persona sana que para una con diabetes o con VIH? ¿Funciona igual en un adulto mayor que en un adolescente? ¿Funciona igual si ya la persona ya tuvo covid-19?

Todas esas preguntas siguen siendo parte de estudios que ya se llevan a cabo en muchas partes del mundo, lo que significa que veremos porcentajes de eficacia más diversos y específicos para cada población y, además, que tendremos vacunas cada vez más adecuadas. Como pasa con la gripe, es muy posible que tengamos nuevas y mejoradas versiones de la vacuna contra covid-19 cada año.

Lo más importante es recordar que, aunque no se sabe si todas las vacunas lograrán prevenir la infección, la evidencia muestra que todas evitan que la mayor parte de las personas sean hospitalizadas o mueran por covid-19. Por eso, independientemente del porcentaje de eficacia que se conoce hasta ahora, lo cierto es que la única posibilidad de disminuir la gravedad de la pandemia es vacunándonos.

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