Indígenas y menonitas enfrentados por la deforestación en la Amazonía

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Indígenas y menonitas enfrentados por la deforestación en la Amazonía

Imágenes satelitales comprueban que la colonia menonita ha deforestado bosques primarios en Ucayali y Loreto. Estas familias se asientan en zonas para la agricultura y abren caminos que facilitan invasiones para otras actividades.

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En Ucayali se construyen entre el 70 % y el 80 % de los caminos ilegales de la Amazonía peruana y varias ONG dan cuenta de una escalada de deforestación en la selva. EFE/ Ivan Brehaut

El fresco viento de la mañana y los rayos del sol acarician la espalda de Policarpo Sinarahua Taminchi (50 años), jefe de la comunidad indígena Buenos Aires, ubicada en la provincia de Ucayali. Mientras caminan, él y sus compañeros observan cómo avanza la deforestación en los bosques desde que, hace cinco años, se instalara en parte de su territorio comunal un grupo perteneciente al movimiento cristiano menonita.

Buenos Aires se ubica a siete horas de la ciudad de Pucallpa y, para acceder hasta allí, se debe viajar en una embarcación con motor fuera de borda (llamada colectivo rápido).

También se puede usar la ruta que incluye desplazarse por río desde Pucallpa hasta la localidad de Masisea y desde aquí viajar en mototaxi hasta esa comunidad, donde viven 47 familias pertenecientes al pueblo indígena Shipibo-Konibo.

En la actualidad, la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental de Ucayali investiga por deforestación de bosques primarios a la Asociación Colonia Menonita Cristiana Agropecuaria Masisea, asentada en esta región. El caso está en la etapa de investigación preparatoria.

El Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP, por sus siglas en inglés) comprobó, mediante imágenes satelitales, que la colonia menonita viene deforestando los bosques en Ucayali desde 2017. Pero no es la única zona donde se han asentado.

El MAAP ha detectado que existen tres colonias menonitas en Loreto y dos en Ucayali, que hasta el año pasado habían deforestado 3.400 hectáreas de bosques primarios.

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Un hombre conduce un tractor en la comunidad indígena Buenos Aires, en Masisea. EFE/ David Diaz Gonzales

La más reciente colonia menonita se ha asentado en Ucayali, región Loreto, donde, según el último informe del MAAP, ya han deforestado 299 hectáreas de bosques. Sidney Novoa, de Conservación Amazónica (ACCA) y quien ha participado en el estudio, dice que la zona deforestada no había sido designada para uso agrícola.

“Estamos en un escenario complicado por la creciente deforestación. Pero lo riesgoso con estas colonias menonitas es que se ubican en sitios muy alejados, en bosques primarios bien conservados y abren carreteras, hacen agricultura. Al abrir caminos facilitan la llegada de invasiones y de más gente que pone en riesgo la Amazonía”, explica Novoa.

Más de 2.000 hectáreas irregulares

El apu Policarpo Sinahuara y sus compañeros avanzan por el bosque y sus pisadas quedan marcadas en la tierra húmeda por el rocío de la madrugada.“Pasaron por aquí de madrugada (los menonitas), está fresca la huella”, dice el líder indígena mientras revisa los rastros en la arena.

Según la Fiscalía Ambiental de Ucayali, unas 2.000 hectáreas que ocupa el pueblo menonita en Ucayali fueron obtenidas de manera irregular. De esas, 73 hectáreas corresponden al territorio de la comunidad indígena Caimito y 800 a la comunidad de Buenos Aires. Además, la mitad de esas 2.000 hectáreas fueron deforestadas, sin contar con ninguna autorización, sostiene el Ministerio Público.

No obstante, los menonitas, liderados por Isaac Zacharías Klassen -patriarca y representante legal de esta colonia, según la Superintendencia Nacional de Aduanas y Administración Tributaria (Sunat)-, siguen talando el bosque para instalar sus cultivos de soya y arroz.

En diciembre de 2020, el Gobierno Regional de Ucayali sancionó con 2.648 UIT (más de 11 millones de soles o 2,9 millones de dólares al cambio de hoy) a la asociación menonita por haber cambiado el uso de la tierra sin autorización. En junio de este año se amplió el plazo del procedimiento sancionador, pues unos meses antes se declaró nula la resolución y se retornó hasta la etapa de descargos por parte de la asociación.

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Un terreno deforestado para siembra agrícola en la comunidad indígena Buenos Aires, en Masisea. EFE/ David Diaz Gonzales

A finales de agosto del año pasado, hubo una reunión entre las autoridades de las comunidades indígenas aledañas al área de conservación regional Imiría (Caimito, Junín Pablo, Nuevo Loreto y Nueva Yarina) y las autoridades de la Dirección Regional de Agricultura de Ucayali, en la que se acordó que la comunidad de Caimito solicitará la exclusión de las 73 hectáreas de su territorio que actualmente ocupan los menonitas.

Asimismo, pidieron que la Dirección Regional de Agricultura de Ucayali continúe con el proceso de georreferenciación de dicha comunidad, a fin de asegurar sus tierras.

Aunque en la cita no estuvo presente el jefe de la comunidad nativa de Buenos Aires, Policarpo Sinahuara, se acordó que él también deberá solicitar la exclusión de las 800 hectáreas entregadas por la Dirección Regional de Agricultura a los menonitas de forma irregular, con la idea de avanzar con el proceso de actualización de la georreferenciación y protección de su territorio.

“La deforestación es grande y avanza en la comunidad. Nosotros vamos a defender nuestro territorio”, asegura Sinarahua, preocupado por la llegada de colonos a sus tierras con el objetivo de sembrar hoja de coca.

Sinahuara ha solicitado garantías para su vida ante la Subprefectura de Callería.

La vida en Caimito

Caimito es una comunidad indigena del pueblo Shipibo-Konibo, ubicada a orillas de la laguna del Imiría. Alberga a 455 familias, que están preocupadas por la presencia de extraños.

“Ellos (los menonitas) están acabando con los bosques, plantas medicinales, y también con los animales. Esto no puede seguir de esta manera”, dice Elva Cruz Nunta, una habitante shipiba de la zona.

La mujer considera que los menonitas "tienen que salir de aquí, nos tienen que respetar y haremos prevalecer nuestros derechos”.

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Una mujer indígena en la comunidad indígena Buenos Aires, en Masisea. EFE/ David Diaz Gonzales

Los efectos de la deforestación en sus bosques se siente en la ausencia de animales silvestres. Conforme pasa el tiempo, los integrantes de Buenos Aires deben trasladarse a sitios más alejados en busca de comida: si antes caminaban entre 1 y 2 kilómetros ahora recorren entre 7 y 10 kilómetros para hallar alimento.

La deforestación es un gran problema para las comunidades porque se rompe la relación armoniosa que se ha mantenido durante miles de años con el bosque. Asimismo, contamina el aire, degrada el bosque y los suelos, atenta contra el hábitat de la fauna silvestre y pone en riesgo la existencia física y cultural de los pueblos indígenas.

Berlín Diques, presidente de la Organización Regional Aidesep Ucayali (ORAU), señala que la deforestación de los bosques genera, además, "pérdida de los insumos para la artesanía, principal actividad económica de las mujeres indígenas”.

“Hacemos un llamado al Gobierno Regional para que actúe en este caso de deforestación de nuestros bosques, a través del área de comunidades indígenas y la Dirección Regional Agraria de Ucayali”, solicita el apu.

Este reportaje hace parte de la redifusión acordada bajo la alianza estratégica establecida entre Amazon Rainforest Journalism Fund del Centro Pulitzer y la Agencia Efe.

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