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La escuela rural: el reto de adaptar estrategias para un país diverso y desigual

En el Perú, el Ministerio de Educación anunció que comprará 719.000 tablets para los alumnos de zonas rurales del cuarto, quinto, sexto grado de primaria y de toda la secundaria completa. Sin embargo, la emergencia sanitaria por COVID-19 ha encontrado a la educación rural en su propia crisis estructural. Es necesario adaptar la estrategia para entender prioridades, ventajas y limitaciones de cada localidad del país.

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En medio de la emergencia sanitaria, los colegios rurales del Perú se enfrentan al reto de no perder el año escolar. Foto: Andina

En momentos de crisis, la sociedad tiende a revaluar sus escalas de valores y prioridades. Ahora, resulta más claro para las personas, por ejemplo, que la educación es un derecho, antes que una actividad orientada a incrementar la productividad económica. En el Perú, reconocer el derecho a la educación nos lleva a mirar las brechas estructurales e históricas que suponen mayores desafíos.

La principal deuda que tenemos como sociedad reside en el cuasi abandono de la educación rural. Tanto el Estado como las élites han mostrado poco interés en la escuela rural, sus docentes, sus estudiantes, sus saberes, sus estrategias y sus metodologías, como lo evidencia el lugar que ocupa en las políticas educativas que se han dado a lo largo de los años.

Distintos estudios académicos muestran que las escuelas rurales funcionan en un escenario caracterizado por la pobreza material. El 86% no cuenta con acceso a servicios básicos: agua, desagüe y luz. Por eso, la emergencia sanitaria por COVID-19 ha encontrado a la educación rural en su propia crisis estructural y ha agudizado los problemas y las dificultades que ya tenía.

El Ministerio de Educación, con rapidez inusitada, ha implementado la estrategia de educación a distancia “Aprendo en Casa” que articula distintas plataformas mediáticas. Es una decisión acertada, pues permite llegar a muchos lugares mediante la televisión pública o privada, las emisoras de radio e Internet. Cada uno de estos canales tiene un diferente grado de presencia en los hogares rurales, pero al mismo tiempo, no podemos olvidar que el porcentaje de familias que carece de los tres medios señalados es aún significativo, sobre todo en zonas rurales alejadas de la capital regional, que en muchos casos viven en pobreza extrema.

El sábado 18 de abril, el Gobierno anunció que comprará 719.000 tablets para los alumnos de zonas rurales del cuarto, quinto, sexto grado de primaria y de toda la secundaria completa. En su conferencia matinal, el presidente Martín Vizcarra dijo que no había fecha para retomar las clases en los colegios y el objetivo es no perder el año escolar.

La visión desde Lima y desde algunas instancias de decisión política muchas veces tiende a acentuar una imagen homogénea del mundo rural, sea para denotar sus carencias y limitaciones o para subrayar los centros de dinamismo rural.  Necesitamos una mirada integral, que muestre los matices y contradicciones del mundo rural; así como sus potenciales o reales articulaciones -que no son pocas- con el resto de la sociedad peruana. Así se debe mirar ahora la escuela rural.

Actualmente, el Ministerio de Educación necesita distinguir que la propuesta educativa a distancia para niñas y niños que acceden a Internet y televisión no puede ser la misma que para niñas y niños cuyo único acceso es la radio. En este último caso, los textos y cuadernos de trabajo resultan en la práctica una cuarta plataforma educativa. Los recursos y limitaciones de una localidad rural son diferentes a otras. El arco de diferencias es sumamente amplio y se requiere que la estrategia sea flexible para entender prioridades, ventajas y limitaciones de cada localidad para potenciar la educación de los estudiantes. Las decisiones basadas en miradas que resuelven lo rural simplificando el análisis no ayudan.

El rol de los maestros y las familias

La pobreza material y las consecuentes limitaciones de conectividad no son los únicos obstáculos que vamos a encontrar en la implementación de la estrategia “Aprendo en Casa”. La escuela rural es una institución que vincula a personas alrededor de objetivos comunes. Sin embargo, en muchos lugares no disponemos, por ejemplo, de una adecuada asignación de docentes, sin mencionar que sus condiciones laborales no reflejan el esfuerzo y responsabilidad que supone enseñar en condiciones muy difíciles, muchas veces lejos de su entorno familiar.

A esta situación hay que sumar los habituales retos de la escuela multigrado (aquella en la que un docente enseña a dos o más grados a la vez) o la escuela unidocente (aquella donde un solo docente enseña a todos los grados de la escuela a la vez y también es director). Aquí el reto urgente es encontrar la manera de involucrar a los profesores para que tengan un rol activo en la educación a distancia en el medio rural.

Otro reto está en comprometer de manera sostenida a las familias para el trabajo educativo que realizarán en casa. Hay que tener en cuenta que la situación económica de las familias, durante y después de la cuarentena, someterá a mayor tensión a las más pobres.

La situación de emergencia que vivimos puede ser una oportunidad para pensar en la necesidad de inversiones serias que reviertan algunos de los indicadores que nos muestran altos niveles de inequidad, que afectan a estudiantes rurales, pobres o pobres extremos, con lengua materna indígena y con alguna discapacidad. Es una oportunidad también para fortalecer la articulación sectorial de la gestión educativa descentralizada, en la que cada nivel de gobierno cumple una función que ayudará a enfrentar esta crisis. El Ministerio de Educación tiene el rol rector de diseñar, establecer, ejecutar y supervisar las estrategias que tienen que cumplir gobiernos regionales y locales en sus escuelas.

Mientras se implementa la estrategia “Aprendo en Casa”, el reto es pensar cómo podemos lograr que la próxima emergencia nacional nos encuentre mejor preparados en educación.


El Proyecto CREER (Creciendo con las Escuelas Rurales Multigrado del Perú) es ejecutado por el Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE) para mejorar los aprendizajes y asegurar las condiciones de bienestar de las y los estudiantes de las escuelas rurales. Este artículo fue originalmente publicado en Noticias SER y lo republicamos con su autorización.

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