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La urgencia de salvar un árbol milenario de la Amazonía

Si no se detiene la tala ilegal del shihuahuaco, esta especie podría desaparecer en diez años. Es uno de los árboles más altos y antiguos de la Amazonía peruana pero aún no ha sido declarado como especie protegida, lo que dificulta su preservación.

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El shihuahuaco es uno de los más grandes y antiguos árboles de la Amazonía, refugio de especies como los guacayos o águilas arpías, pero la tala incontrolada de este "gigante del Amazonas" está provocando que estén en peligro.
EFE/ Gianella Espinosa

El shihuahuaco es uno de los más altos y antiguos árboles de la Amazonía. Suele ser refugio de especies como los guacamayos o águilas arpías, pero la tala ilegal de un sector de la industria maderera, que hace que su densa madera termine en los pisos de parquet de Washington y Hong Kong, está provocando que esté al borde de la extinción. Solo en Perú, se calcula que se está cortando un promedio diario de 504 árboles de esta especie y la depredación se concentra en la región Madre de Dios, señala la ingeniera forestal Tatiana Espinosa.

"En 2019 eran 74 árboles (talados) diariamente. Si no se actúa desde ahora, se puede convertir en algo muy peligroso", alerta Espinosa, quien es directora de la organización no gubernamental Arbio y desde 2010 cuida más de 900 hectáreas de bosque amazónico en la cuenca del río Las Piedras, en Madre de Dios. De seguir a ese ritmo, los especialistas estiman que el shihuahuaco podría estar atravesando sus últimos días y que, en no mucho más de una década, podría ser solo un recuerdo.

El 68 % de los shihuahuacos en estudio tiene más de quinientos años y el 16 % tiene más de mil. Son árboles que forman parte del patrimonio de la nación. Su altura puede sobrepasar los 60 metros aunque su ritmo de crecimiento es lento. Un metro de diámetro de su tronco tarda en formarse 700 años. Pese a esto, aún no han sido declarado por las autoridades como especie protegida, lo que dificulta su preservación.

La madera del shihuahuaco es resistente y muy apreciada en el mercado internacional, sobre todo para su uso en suelos de viviendas, causando daños al hábitat de diversas especies y al propio bosque.

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El 68 % de los shihuahuacos en estudio tiene más de 500 años y el 16 % tiene más de mil. Son árboles que forman parte del patrimomio de la nación peruana.
EFE/ Gianella Espinosa

Una madera codiciada

"Un bosque es más que un conjunto de árboles, en su subsuelo existe una red de raíces y hongos que se extiende por kilómetros, que son el soporte de la vida en el Amazonas", dice Espinosa, que el año pasado recibió el premio Internacional de Conservación “Jane Goodall Hope and Inspiration Ranger Award”.

La tala de madera dura, tanto legal como ilegal, es —junto con la minería aurífera y la actividad agropecuaria— una de las principales amenazas de la Amazonía peruana, que en 2020 alcanzó la mayor tasa de deforestación de las últimas dos décadas. En Perú, 200.000 hectáreas de bosque fueron deforestadas durante el 2021, cifra superior respecto a la del año anterior, y los cultivos o reforestaciones con las que en ocasiones se intenta mitigar el daño no son reemplazables a la diversidad y ecosistemas creados por especies tan antiguas como las que crean los shihuahuacos.

Algo que toca especialmente a la explotación de los shihuahuacos es que su madera no flota y no se puede transportar por los ríos como la de otras especies, lo que fuerza que empresas sigan abriendo caminos y carreteras, lo que rompe por completo el equilibrio del ecosistema de los bosques amazónicos.

Los taladores abren caminos de trocha y lodo para adentrarse en la sabana boscosa y cortar con motosierras shihuahuacos de más de 500 años de antigüedad, que pueden pesar hasta 40 toneladas y alzarse 50 metros. Y así, arrasan con una especie que no solo tiene una tasa de regeneración extremadamente baja, sino que también juega un papel clave en el bosque por capturar altos niveles de carbono y ser hábitat de aves y depredadores.

Una vez trabajada, la madera de los troncos talados, conocida en el mercado mundial como "iron wood" (madera de hierro), se embarca rumbo a Lima y, de allí, una parte se destina al consumo nacional y otra se exporta, principalmente a China y Estados Unidos, pero también a Europa y México, donde acaba en forma de muebles, pisos de parquet o marcos para puertas.

Un "incentivo perverso"

Para Espinosa, la raíz del problema del shihuahuaco en Perú está en la norma. En la actualidad, la legislación promueve, bajo ciertas condiciones físicas y ecológicas, el aprovechamiento comercial de madera en concesiones forestales no maderables, con el objetivo de aumentar la rentabilidad económica, en particular del sector castañero, que solo cosecha una vez al año. Sin embargo, en la práctica esta norma se ha convertido "en un incentivo perverso" al utilizarse "más bien para permitir la extracción maderable en todas las concesiones de castaña", asegura Espinosa, quien recuerda que estas son "muy pequeñas y no soportan esta gran presión".

La solución pasa por dar valor al bosque en pie y detener la explotación maderable de shihuahuaco o al menos limitarla. "Al no estar considerada amenazada, no se prohíbe su aprovechamiento. De continuar eso, se va a extinguir la especie", señala el director regional de Agricultura de Madre de Dios, Carlos Gutiérrez, quien evoca la caoba como ejemplo de otras especies en peligro por la incesante demanda internacional de madera.

Una demanda que está ganando la batalla contra los gigantes de la Amazonía, los mismos que acaban bajo los pies de muchos que desconocen pisar los que podrían ser los últimos ejemplares de esta especie centenaria.

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