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Mujeres indígenas de Canadá denuncian racismo y negligencia en partos durante la pandemia de COVID-19

Doulas y trabajadoras obstétricas canadienses afirman que las medidas contra la pandemia ignoran las necesidades de las mujeres indígenas y generan servicios de salud deficientes.

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Desirée Solberg, doula del pueblo cree-métis, acompaña a una parturienta en un hospital en mayo de 2020. Foto cortesía de Desirée Solberg

Las indígenas embarazadas de Canadá padecen más que otras mujeres las medidas contra el COVID-19, aseguran trabajadoras de la salud reproductiva a lo largo y ancho del país. Ese daño desmedido profundizó la discriminación y el maltrato que padecen desde hace mucho tiempo, añaden.

El tratamiento que los pueblos indígenas reciben en la salud pública canadiense quedó bajo la lupa cuando Joyce Echaquan, madre de siete hijos, grabara un video del trato degradante que padeció del personal en un hospital de la provincia de Quebec, poco antes de su muerte a fines de septiembre.

En declaraciones a OpenDemocracy, el gobierno federal canadiense "reconoce que las mujeres indígenas enfrentan desafíos singulares y complejos en muchos ámbitos de sus vidas", pero las doulas, matronas y otros trabajadores de la salud de las provincias de Ontario, Alberta y Saskatchewan señalan que las políticas contra la pandemia no parecen haber sido concebidas ni implementadas tomando en cuenta estos problemas.

Por ejemplo, muchas consultas médicas ahora se realizan por Internet, pero solo 24% de los hogares de las comunidades indígenas tienen conexiones con la rapidez necesaria para habilitar funciones básicas, como el envío de imágenes. Julie Wilson, una matrona indígena del sur de Ontario, dice que por este motivo varias mujeres indígenas no reciben la atención prenatal más necesaria.

Nadia Houle, doula y fundadora de la organización Indigenous Birth of Alberta, (Parto Indígena de Alberta), afirma que las restricciones a los servicios de apoyo repercutieron de manera desmedida en las mujeres indígenas. Es "una tortura" para las nuevas familias, expresó. “Es diez veces [peor] con las familias indígenas. Y en la pandemia, creo que es como cincuenta veces peor", opinó Houle.

Varios trabajadores de la salud comentaron que el miedo a la discriminación y el maltrato en los hospitales canadienses, sumado al temor de contraer COVID-19 y transmitirlo a los ancianos en hogares donde conviven varias generaciones y suelen estar atestados, hicieron que más mujeres indígenas evitaran en lo posible ir a centros de salud pública.

En consecuencia, "terminas con embarazos que tienen problemas que no fueron diagnosticados", según Patrick Laflèche, un médico de familia que trabajó en Prince Albert, Saskatchewan, varios meses durante la pandemia.

Laflèche relató al caso de una paciente con graves complicaciones que esperó ocho horas antes de ir al hospital porque temía contraer COVID-19. Su bebé murió aproximadamente un mes después del parto, algo que podría haberse evitado si hubiera recibido atención médica antes, aseguró.

“Muchas de nuestras usuarias viven con enorme ansiedad ante el virus, porque desean con desesperación mantener a sus ancianos a salvo”, manifestó Jessica Swain, una partera del pueblo cree-métis de Calgary, Alberta. Por ende, aumentó la demanda de partos en casa, pero esa no es una opción para muchas mujeres que residen en viviendas superpobladas en las reservas indígenas, añadió.

La falta de apoyo se agravó

En Edmonton, Alberta, la doula cree-métis Desirée Solberg dice que las mujeres indígenas tenían poca o mala comunicación con el personal de la salud antes de la pandemia, y que recibían escaso apoyo, lo que empeoró durante la COVID-19. Ella dice ser testigo de la desatención de sus usuarias en los hospitales, donde el personal no les explica adecuadamente las medidas nuevas y más estrictas.

A una adolescente de 18 años, sobreviviente de violencia sexual que dio a luz a su primogénito en junio, la "dejaron esperando en una habitación durante horas". "Nunca había visto que dejaran a una mujer en trabajo de parto durante tanto tiempo sin que nadie la informara sobre opciones de analgesia", dijo Solberg.

Esta usuaria le dio su consentimiento a Solberg para que contara su historia a los medios. Era la primera vez que la joven se sometía a un examen vaginal y había solicitado la menor cantidad posible de personas durante el parto y que ningún hombre la tocara, pero el personal rechazó ambos pedidos.

Cuando finalmente llegó un médico a aplicarle la anestesia epidural, lo acompañaban varios estudiantes de medicina. Solberg dijo que la adolescente temblaba y lloraba. Pero "fue valiente, la más fuerte - tan diminuta y con un bebé tan grande... ese fue el parto más largo al que he asistido", afirmó.

Las medidas para limitar las visitas a los hospitales y los acompañantes durante el parto también recayeron de forma excesiva en las mujeres indígenas.

Alycia Two Bears, doula indígena de Calgary, Alberta, observa que es particularmente importante que a las mujeres indígenas las acompañen personas de su confianza porque, "de por sí, la forma en que te tratan en un hospital canadiense puede ser injusta".

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Una de las clientas de Solberg durante el trabajo de parto, en mayo de 2020. Foto cortesía de Desirée Solberg

Esas restricciones también complicaron o imposibilitaron las ceremonias de parto tradicionales. Para Two Bears, las ceremonias que realizaba antes de la pandemia eran una forma de “llevar nuestra indigeneidad con nosotras al ámbito del hospital”.

Viajar lejos y sola

Martine Stevens, portavoz del departamento de Servicios Indígenas de Canadá, explicó que muchas mujeres indígenas deben viajar desde comunidades lejanas para conseguir una atención obstétrica digna.

Desde 2017, el departamento federal cubre viajes, comidas y alojamiento de las mujeres embarazadas y de un acompañante, cuando deben viajar para recibir atención médica. El gobierno asegura que no modificó esa política durante la pandemia, pero las cifras oficiales revelan que algunas mujeres debieron viajar solas. Se ignora si fue por decisión propia.

En Ontario, el Ministerio de Salud Pública informó a openDemocracy que más de la mitad (38) de las 61 mujeres en trabajo de parto que viajaron para recibir atención médica entre abril y julio lo hicieron sin acompañante. Se desconoce cuántas eran indígenas, ya que estos datos no se recopilan. No obstante, 23 fueron trasladadas por el gobierno de una comunidad de las Naciones Originarias de Canadá en el norte de Ontario. Siete de ellas no tenían acompañante.

En junio, Alookie Otuk recorrió 2.000 kilómetros hasta Ottawa para que su hija recién nacida fuera sometida a una cirugía tras un parto complicado en un hospital de Iqaluit, donde Otuk también se había sometido a una operación de vesícula. Aunque pidió tres veces la autorización para que su esposo las acompañara, ella y la bebé tuvieron que hacer el viaje solas.

Otuk contó que se alojó en una pequeña habitación de una pensión de Ottawa durante dos meses, sin nadie para que cuidara a la bebé mientras se duchaba o comía, ni para asistirlas mientras se recuperaban de sus cirugías. “Fue mentalmente agotador”, comentó.

Antes de regresar a casa, Otuk debió permanecer en cuarentena14 días en un hotel de Ottawa, que según ella no tenía servicio de lavandería ni comidas calientes. Tenía que calentar en el microondas la comida que le daban, similar a “alimento para perros”, dijo. Por ese motivo, "en realidad no he comido mucho", indicó.

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Alookie Otuk con su hija recién nacida. Foto cortesía de Alookie Otuk

Cuando Otuk denunció su caso ante las autoridades, la respuesta fue que se le había negado la posibilidad de ir acompañada porque, como la niña ya había nacido, ella misma era considerada la acompañante de su hija.

Estereotipos arraigados

Personal de salud de todo el país asegura a openDemocracy que las mujeres indígenas embarazadas son marginadas desde hace mucho tiempo en los hospitales canadienses. "Tenemos que luchar contra el racismo desde el minuto en el que ingresamos al hospital", comentó Alycia Two Bears, la doula indígena de Alberta.

Según estas trabajadoras, las mujeres indígenas embarazadas sufren racismo y se les niegan medicamentos contra el dolor, son estereotipadas como drogadictas y ladronas, y sometidas a la vigilancia de asistentes sociales y a tratamientos médicos sin su consentimiento, más que otras mujeres.

La matrona Julie Wilson es la supervisora del Centro Materno Infantil Six Nations, ubicado en la reserva Six Nations of Grand River, en el sur de Ontario. Allí viven 13.000 personas procedentes de seis naciones iroquesas, una de las mayores poblaciones de reservas de Canadá.

Wilson atiende partos en varios hospitales de la zona, y asegura haber observado muchas veces que el personal actúa de manera distinta con las usuarias indígenas.

“Se manifiesta en el lenguaje corporal, en no darles la información completa, en la brevedad y la rapidez, y en la menor comprensión. Casi daría la impresión de que les resulta más difícil atender a algunas de nuestras clientas", añadió.

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El centro de salud materna donde trabaja la matrona Julie Wilson, en el territorio de Six Nations of Grand River. Foto cortesía de Julie Wilson

Nadia Houle, del grupo Parto Indígena de Alberta, agrega que a las mujeres indígenas también se las interroga habitualmente sobre su capacidad para proporcionar un hogar a los recién nacidos. "Tuve usuarias en [la sala de] posparto a las que, a pesar de tener domicilio establecido, las enfermeras seguían preguntándoles si eran personas sin hogar", manifestó.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como trato irrespetuoso y abusivo la falta de consentimiento informado de las mujeres durante el parto. Pero Houle sostiene que así es como algunos empleados de los hospitales tratan a las usuarias indígenas: "Lo que noté es que no se les pide su consentimiento para tocarlas, les hablan como si fueran niñas, e ignoran sus preguntas e inquietudes".

Ansiedades exacerbadas

Según Two Bears, ya antes de la pandemia, sus pacientes indígenas embarazadas iban al hospital preocupadas de que “se les retuviera la medicación pues inmediatamente se las tacha de adictas”.

Angnakuluk Friesen, de Iqaluit, había planificado parir en su casa, “para evitar el temor subyacente de ser maltratada en mi estado vulnerable". Pero un problema de salud la obligó a hospitalizarse.

Para su sorpresa, su experiencia fue positiva. Recuerda la ansiedad que sintió ante la posibilidad de que la trataran "como a una paciente indígena", y agregó que la "COVID-19 exacerbó esas ansiedades".

Según Friesen, había antecedentes del personal de salud sugiriendo sin fundamentos que pedía atención médica para conseguir un vuelo gratis que la sacara de Nunavut, territorio en el extremo norte canadiense donde vive, o dando por supuesto que pasaba por una crisis de salud mental. "Es un mundo aterrador para cualquier mujer indígena embarazada en Canadá", advirtió.

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Iqaluit, en el extremo norte de Canadá, es uno de los lugares remotos donde las mujeres indígenas embarazadas temen al maltrato durante el parto.

Siguiendo el ejemplo de las provincias de Columbia Británica y Manitoba, Ontario se comprometió hace poco a poner fin a las controvertidas "alertas de parto", práctica por la cual el personal del hospital alerta a los servicios sociales cuando nace un bebé en una situación considerada de alto riesgo.

En varios casos, los recién nacidos eran separados de sus madres inmediatamente después del parto. Defensores de derechos humanos denuncian desde hace tiempo que los trabajadores de la salud activan la alerta más fácilmente ante parturientas indígenas o no blancas, y que el miedo a ser sometidas a la vigilancia de los servicios sociales lleva a algunas a abstenerse de la atención médica que necesitan.

"A ninguna de mis usuarias no indígenas les ha tocado ser controladas por los servicios sociales", asegura la partera Jessica Swain, de Alberta. Ella atribuye esa diferencia a "relatos deficientes”, y los compara con la forma en que ella ve a sus pacientes: como resilientes. “Estas personas son sobrevivientes”, subraya.

Según trabajadores indígenas de la salud reproductiva de Edmonton, el hospital Royal Alexandra de la ciudad es conocido por los ancianos de la comunidad como el "hospital que secuestra a los bebés", porque allí asistentes sociales han separado a varios recién nacidos de sus madres.

Sabrina Atwal, portavoz de los Servicios Sanitarios de Alberta, explica que el personal de salud toma cursos virtuales sobre “Conciencia y sensibilidad indígenas”, y que los pueblos indígenas tienen acceso a servicios especiales para que se sientan cómodos en los hospitales.

Sin embargo, reconoce que “la confianza es una barrera importante para que las personas de las naciones originarias, métis e inuits accedan al sistema de salud”, y que “el racismo institucional y los estereotipos han impedido que las personas reciban la atención que necesitan”.

¿Qué se puede hacer?

Una investigación en curso de openDemocracy a nivel mundial documentó casos de mujeres en al menos 45 países que padecieron partos traumáticos durante la pandemia de COVID-19, en violación de las recomendaciones de la OMS y de normas nacionales.

El maltrato y la discriminación de las embarazadas ya era un problema conocido en Canadá antes de la pandemia. En 2016, una investigación de la cadena CBC News reveló que cientos de mujeres se habían quejado en los hospitales y ante las autoridades sanitarias por la atención materna recibida.

El departamento de Servicios Indígenas de Canadá indicó que el gobierno procura combatir las dificultades que enfrentan las mujeres indígenas en el parto.

Para ello se asoció con grupos de mujeres indígenas para prestarles información sobre sus derechos en la atención médica, organizó un foro sobre elección y consentimiento informados en los servicios de salud de las naciones originarias, inuits y métis, invirtió en servicios de partería indígena, e instaló un comité asesor sobre bienestar de las mujeres indígenas.

“La compasión es importante”, opina la partera Wilson. Ella cree que parte de los juicios de valor y la discriminación hunden raíces en valores culturales mal entendidos. El personal sanitario debería “conocer a fondo a la comunidad indígena a la que sirve", recomienda.


*Esta es una versión editada y traducida de un artículo publicado por el proyecto Tracking the Backlash de openDemocracy. Es también parte de una investigación en curso. Si tiene información para compartir, envíele un correo electrónico a la autora: [email protected] Traducción Álvaro Queiruga

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