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¿Quiénes deberían recibir primero la vacuna contra el COVID-19 cuando esté lista?

Un equipo internacional de diecinueve investigadores propone suministrar la futura vacuna contra el COVID-19 con un criterio que priorice la reducción de las muertes prematuras. Su trabajo, publicado en la revista Science, se basa en un marco ético para su distribución que no tiene que ver con dar dosis proporcionales a cada población ni con poner primero al personal de salud o a los adultos mayores.

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EFE/Rodrigo Sura/Archivo

Uno de los mayores logros en salud pública será alcanzar una vacuna eficaz contra el nuevo coronavirus. Sin embargo, se sabe que habrá problemas para su producción, compra y distribución. Por eso, diecinueve expertos en salud pública de todo el mundo han propuesto un nuevo plan de tres fases para el suministro de la vacuna, llamado Modelo de Prioridad Justa, que tiene como objetivo reducir las muertes prematuras y otras consecuencias irreversibles del COVID-19. Las conclusiones fueron publicadas este jueves en la revista Science.

Por el momento no hay un marco de distribución único y global para las dosis, aunque existen dos propuestas principales. Por un lado, que los trabajadores de la salud y las poblaciones de alto riesgo, como los mayores de 65 años, deberían ser inmunizados primero; y por otro, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere que los países reciban dosis proporcionales a sus poblaciones.

"La idea de distribuir las vacunas sobre la base de las poblaciones parece una estrategia equitativa", señaló Ezekiel Emanuel, subdirector de Iniciativas Globales y director de Ética Medica y Políticas de Salud en la facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos). Sin embargo, añadió, "normalmente distribuimos las cosas sobre la base de cuán grave es el sufrimiento en un lugar dado y, en este caso, argumentamos que la medida primordial de sufrimiento debería ser el número de muertes prematuras que la vacuna evitaría".

Tres valores fundamentales

Los expertos en salud global señalan que se deberían tener en cuenta tres valores fundamentales cuando llegue el momento de distribuir la vacuna contra el COVID-19 entre los países. Estos valores son beneficiar a la gente limitando el daño; dar prioridad a las poblaciones con desventajas, y asignar una preocupación moral igualitaria para todos los individuos.

El modelo toma en consideración esos principios enfocándose en limitar los daños causados, como las muertes, los daños permanentes en los órganos, consecuencias indirectas como las presiones sobre los sistemas de salud y la destrucción económica.

Según el equipo de Emanuel, "de estas tres dimensiones la prevención de muertes, especialmente las muertes prematuras, es particularmente urgente", y es lo que enfoca la primera fase del Modelo de Prioridad Justa. El criterio de muertes prematuras por COVID-19 se determina en cada país calculando "los años de vida perdidos".

Para la segunda fase, los autores proponen que se tome en cuenta la mejoría económica en general y la medida en la cual se puede evitar que la población caiga en la pobreza.

En la tercera fase del modelo, se daría prioridad a los países con las tasas más altas de contagio "pero todos los países deberían, eventualmente, recibir vacunas suficientes para evitar los contagios, para lo cual se calcula que del 60 % al 70 % de la población debería ser inmune".

El plan de la OMS, en cambio, comienza con la administración de la vacuna al 3 por ciento de la población, y continúa con una distribución proporcional a la población hasta que en todos los países esté vacunado el 20 % de los habitantes.

Emanuel y sus colegas argumentan que, si bien este plan puede sostenerse políticamente, "presupone, erróneamente, que la igualdad requiere el trato idéntico a países situados de manera diferente, más que responder equitativamente a sus necesidades, que son diferentes".

Los autores también objetan la idea que da prioridad a los países según el número de su personal de salud en primera línea del combate al COVID-19, la proporción de población mayor de 65 años y el número de personas con enfermedades simultáneas en cada país."Terminaríamos dando un montón de vacunas a los países ricos, lo cual no parece ser la meta de una distribución equitativa", señaló Emanuel.

Referencia:

Ezekiel J. Emanuel, Govind Persad, Adam Kern, Allen Buchanan, Cécile Fabre, Daniel Halliday, Joseph Heath, Lisa Herzog, R.J. Leland, Ephrem T. Lemango, Florencia Luna, Matthew S. McCoy, Ole F. Norheim, Trygve Ottersen, G. Owen Schaefer, Kok-Chor Tan, Christopher Heath Wellman, Jonathan Wolff, Henry S. Richardson. An ethical framework for global vaccine allocation. Science. DOI: https://science.sciencemag.org/lookup/doi/10.1126/science.abe2803

Con información de la Agencia EFE

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