En el Perú real hay personas que pasan horas en un pasillo esperando atención, que hacen cuentas para pagar un examen, que dejan un tratamiento a medias porque ya no les alcanza. En la burbuja de la campaña, la salud casi no aparece como una prioridad que ordene las decisiones del Estado. Se menciona, se promete, pero no se detallan las reformas que podrían ponerla realmente en primer lugar.