Diez cosas que tu terapeuta quiere que sepas

Hablemos de salud mental

Diez cosas que tu terapeuta quiere que sepas

En esta columna he recogido ideas y experiencias de colegas a quienes el trabajo en terapia les plantea también un propósito de vida que va más allá del laboral. Esto es lo que quisiéramos que tengas en cuenta.

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Por Álvaro Valdivia Pareja

Psicólogo clínico y suicidólogo
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Tengo la impresión de que esta columna sobre la psicoterapia es de las más difíciles que he tenido que trabajar porque decidí hacerla desde mi perspectiva personal. A veces, en mi profesión, se espera que todo lo que digamos se base solamente en conocimiento y herramientas académicas. Por eso, decidí conversar con colegas sobre nuestra experiencia conduciendo procesos terapéuticos: nuestros anhelos, temores, frustraciones, alegrias y más. Aquí les ofrezco diez ideas concretas, pero estructurales, sobre lo que a tu terapeuta le gustaría que supieras.

  1. Realmente lamento mucho tu sufrimiento
    Quizá pienses que te digo “solo cosas bonitas”, “lo que necesitas escuchar” o “lo que me enseñaron a decir como tu terapeuta”. De ser así, es muy triste que pienses eso, pues lo que te digo es sincero. Para mí, el saber todo lo que has sobrevivido y lo que debes enfrentar ahora mismo, es realmente muy doloroso. Mi empatía es sincera, mis palabras también.
  2. En serio, quiero ayudarte
    Realmente deseo que te sientas mejor. No lo hago porque sea una “meta a cumplir a fin de mes”, o porque me estás pagando honorarios profesionales para que simplemente puedas desahogarte durante sesenta minutos pues sientes que no tienes con quien más hacerlo. Si me dedico a esto, es porque tengo la intención genuina de que puedas sentirte mejor.
  3. Para mí también es difícil y, a veces, necesitaré pedir ayuda
    Muchas veces, lo que me cuentas es nuevo, o es algo que sólo había leído en mis textos de estudio. Más aún, a veces me cuentas cosas que sí he podido trabajar antes, pero en diferentes circunstancias. Por eso es difícil, pues siento también muchas cosas cuando me lo dices, y luego siento la necesidad de pedir consejo a colegas, además de supervisiones profesionales formales de carácter confidencial y anónimo, en las que otros profesionales con más experiencia o distintos puntos de vista, me puedan ayudar a ayudarte.
  4. Pienso en cómo ayudarte mejor en distintos momentos fuera de la sesión
    No me olvido de lo que vives. Por eso, algunas veces, te escribo después de una sesión muy dura, o reflexiono sobre qué otras cosas podemos hacer para que la situación sea más llevadera. Cuando asisto a cursos de formación profesional, cuando leo un libro, o simplemente cuando te recuerdo, trato de pensar en qué es lo mejor para ti, y trato de llevar todo eso a la siguiente sesión. Mi cerebro no te bloquea de manera automática cuando se acaba la hora, tampoco se desbloquea al inicio de la siguiente sesión, pues siempre te tiene presente.
  5. Me consterna, entristece y molesta que a veces pienses que no debería cobrar por mi trabajo
    Me pregunto por qué piensas así. Me pregunto si sabes que este es mi trabajo, que con esto puedo sostenerme a mí y a mi familia, y que es algo que hago luego de muchos años de estudio y de preparación. Por favor, no menosprecies lo que hago, pues si lo haces sentiré que no valoras mi esfuerzo.
  6. Estoy haciendo lo mejor que puedo para que nuestro vínculo sea lo más saludable y cercano posible
    A veces tenemos dificultades, como cualquier vínculo entre dos personas. Sé que a veces no te gusta lo que te digo, sé también que a veces yo mismo siento incomodidad ante cosas que me dices. Por eso, intento constantemente hablar de aquello que es difícil en nuestro vínculo, para que podamos resolverlo de forma sana y sigamos adelante. Sé que sientes que nuestro vínculo es uno de los pocos, o quizá el único, en el que te percibes con seguridad, y créeme que deseo que siempre sea así. Solo te pido que recuerdes que soy humano y puedo también equivocarme; perdóname por eso.
  7. Siento muchas emociones, algunas que quizá no te imaginas
    Cuando me cuentas que te han maltratado, siento mucha cólera y tristeza. Cuando me cuentas que te han violentado sexualmente, siento indignación, repudio, cólera y frustración. Cuando me equivoco en algo que te digo, siento vergüenza y culpa. Cuando me dices cosas que te generan asco, siento asco también. Cuando me dices que estás muy triste, siento esa tristeza en nuestra atmósfera, y muchas veces en mí. Cuando vienes con mucha cólera, puedo sentir miedo a lo que digas gritando, a pesar de que sé que no me lo dices a mí. Cuando empiezas a sentirte mejor, siento alegría y esperanza. Cuando dejamos de vernos porque ambos hemos decidido que ya no necesitas más del proceso, siento nostalgia al recordarte, y alegría al saber que estás mejor.
  8. Hay cosas que tú has vivido, que yo también las pasé

    A veces te lo comparto, a veces no; depende de si es algo que te va a favorecer en tu recuperación o no. Pero si tu historia mueve muchas cosas en mi debido al parecido, necesito acudir a mi propia terapia para poderlo trabajar.
  9. Cada vez que me equivoco, realmente me siento mal, como persona y como profesional
    Se me puede hacer difícil incluso verte, pues sé que he hecho algo que pude hacer mejor, o que he dicho algo que pude decir distinto. Me cuestiono si realmente soy el mejor terapeuta para ti, me pregunto si tengo las competencias profesionales para seguir, y me lamento como persona de haber hecho algo que no estuvo bien.
  10. A veces tengo mucho miedo a que te suicides, siento que me afectaría mucho
    No pienso negar este miedo, tampoco pienso alejarme de ti por sentirlo. Me repito constantemente, que, si esto me afecta a mí, a ti debe afectarte de sobremanera, y por eso estoy aquí para ti.

Álvaro Valdivia Pareja es psicólogo clínico. Fundador y director de Sentido - Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio. Autor del libro Suicidología (2015). Escribe la columna "Reflexiones en cuarentena" dos veces al mes.

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