Es hora de cuestionar lo que sabemos sobre el metabolismo

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Es hora de cuestionar lo que sabemos sobre el metabolismo

Un estudio realizado con casi 6.500 personas de todas las edades cuestiona lo que entendíamos hasta la fecha sobre nuestro metabolismo. Comprender mejor cómo procesamos las calorías no es solo una cuestión de peso. Podría servir también para aplicar mejores tratamientos médicos y mejorar la calidad de vida durante la vejez.

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Todo el mundo conoce la sabiduría popular sobre el metabolismo: las personas engordan año tras año a partir de los 20 porque su metabolismo se ralentiza, sobre todo en la mediana edad. Las mujeres tienen un metabolismo más lento que los hombres, por eso les cuesta más trabajo controlar su peso. La menopausia solo empeora las cosas, pues ralentiza mucho más el metabolismo de las mujeres.

Toda esa información está equivocada, según un artículo publicado el jueves en Science. Con datos de casi 6500 personas, con edades comprendidas entre los 8 días de nacido y los 95 años, los investigadores descubrieron que hay cuatro periodos vitales distintos en lo que respecta al metabolismo. También descubrieron que no hay diferencias reales entre los índices metabólicos de hombres y mujeres después de analizar otros factores.

Es probable que los resultados de la investigación reconfiguren el conocimiento de la fisiología humana, además, también podrían tener implicaciones para algunas prácticas médicas como para establecer las dosis adecuadas de medicamentos para niños y personas mayores.

“Se incluirá en los libros de texto”, predijo Leanne Redman, fisióloga especializada en equilibrio energético del Instituto de Investigación Biomédica Pennington de Baton Rouge, Luisiana, quien también lo calificó como un “artículo fundamental”.

Rozalyn Anderson, profesora de Medicina de la Universidad de Wisconsin, Madison, quien estudia el envejecimiento, escribió un texto de enfoque que acompaña al artículo. En una entrevista, dijo que estaba “asombrada” por los hallazgos. “Tendremos que corregir algunas de nuestras ideas”, añadió.

No obstante, por el momento las implicaciones de los resultados para la salud pública, la dieta y la nutrición son limitadas, porque el estudio ofrece “una visión demasiado amplia sobre el metabolismo energético”, señaló Samuel Klein, un médico que no participó en el estudio y dirige el Centro de Nutrición Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis. Klein añadió: “No creo que se pueda hacer ninguna afirmación clínica nueva” a nivel individual. En lo que respecta al aumento de peso, dijo, el problema es el mismo de siempre: la gente ingiere más calorías de las que quema.

La investigación metabólica es costosa, por lo que la mayoría de los estudios publicados han contado con muy pocos participantes, pero el investigador principal del estudio nuevo, Herman Pontzer, antropólogo evolutivo de la Universidad de Duke, dijo que los científicos que participaron en el proyecto aceptaron compartir su información. El estudio tiene más de 80 coautores. Al combinar las investigaciones de seis laboratorios reunidas a lo largo de 40 años, dispusieron de información suficiente para plantear preguntas generales sobre los cambios en el metabolismo a lo largo de la vida.

Todos los centros de investigación que participaron en el proyecto estudiaban los índices metabólicos con un método considerado como el criterio de referencia: el agua doblemente marcada (DLW, por su sigla en inglés). Este método consiste en medir las calorías que se queman mediante el seguimiento de la cantidad de dióxido de carbono que exhala una persona durante sus actividades diarias.

Los investigadores también contaban con datos como la altura y el peso de los participantes, así como de su porcentaje de grasa corporal, lo que les permitió observar los índices metabólicos fundamentales. Por supuesto, una persona de menor tamaño quemará menos calorías que una más grande pero el grupo se preguntó si, al controlar el tamaño y el porcentaje de grasa, sus metabolismos presentaban diferencias.

“Estaba claro que no sabíamos cómo influye el tamaño del cuerpo en el metabolismo ni cómo influye el envejecimiento en el metabolismo”, aseveró Pontzer. “Son aspectos básicos fundamentales que uno pensaría que se solucionaron hace cien años”.

Una de las conclusiones principales es que, en todas las personas, el metabolismo es distinto en cuatro etapas diferentes de la vida.

— En la infancia y hasta el año de edad, la quema de calorías alcanza su punto máximo y se acelera hasta un 50 por ciento por encima del índice de los adultos.

— A continuación, desde el primer año hasta los 20, el metabolismo se ralentiza de manera gradual en alrededor de un 3 por ciento al año.

— De los 20 a los 60 años, se mantiene estable.

— Y, a partir de los 60, disminuye un 0,7 por ciento al año.

Una vez que los investigadores calcularon el tamaño del cuerpo y la masa muscular de las personas, tampoco encontraron diferencias entre hombres y mujeres.

Como era de esperarse, aunque los patrones del índice metabólico se mantienen para la población, varían entre las personas. Algunas tienen índices metabólicos un 25 por ciento por debajo de la media para su edad y otras tienen índices un 25 por ciento más altos de lo esperado. Sin embargo, estos valores atípicos no modifican el patrón general, que se refleja en los gráficos que muestran la trayectoria de los índices metabólicos a lo largo de los años.

Los cuatro periodos de la vida metabólica representados en el nuevo trabajo muestran que “no hay un índice constante de gasto energético por kilo”, señaló Redman. El índice depende de la edad. Esto va en contra de las suposiciones que ella y otros miembros de la comunidad científica de la nutrición han mantenido durante mucho tiempo.

La trayectoria de metabolismo a lo largo de una vida y los individuos atípicos suscitan algunas preguntas de investigación. Por ejemplo, ¿qué características tienen las personas cuyos metabolismos son más elevados o más bajos de lo esperado? Y, ¿cuál es la relación con la obesidad?

Uno de los hallazgos que más sorprendió a Pontzer fue el metabolismo infantil. Esperaba, por ejemplo, que un infante recién nacido tuviera un ritmo metabólico altísimo. Después de todo, una regla general en la biología es que los animales más pequeños queman calorías más rápido que los más grandes.

No obstante, dijo Pontzer, durante su primer mes de vida, los bebés tienen el mismo ritmo metabólico que sus madres. Pero poco después del nacimiento, “algo se activa y la tasa metabólica se dispara”.

El grupo también esperaba que el metabolismo de los adultos empezara a ralentizarse a partir de los 40 años o, en el caso de las mujeres, con el inicio de la menopausia.

No obstante, dijo Pontzer, “no vimos que eso sucediera”.

La ralentización metabólica que se inicia en torno a los 60 años se traduce en una disminución del 20 por ciento del índice metabólico para los 95 años.

Klein señaló que, aunque las personas aumentan más de un kilo y medio en promedio cada año durante la edad adulta, ya no pueden atribuírselo a la ralentización del metabolismo.

Los requerimientos energéticos del corazón, el hígado, los riñones y el cerebro representan el 65 por ciento de la tasa metabólica en reposo, a pesar de que solo constituyen el 5 por ciento del peso corporal, dijo Klein. Y añadió que después de los 60 años, el metabolismo más lento puede indicar que los órganos vitales funcionan menos bien con el envejecimiento. Esa podría ser una de las razones por las que las enfermedades crónicas tienden a ser más frecuentes entre las personas de mayor edad.

Incluso los estudiantes universitarios podrían ver los efectos de un cambio metabólico alrededor de los 20 años, dijo Klein. “Cuando terminan la universidad queman menos calorías que cuando empezaron”.

Cerca de los 60 años, por muy jóvenes que parezcan, las personas cambian de manera fundamental.

“Existe el mito de conservar la juventud”, concluyó Anderson. “Eso no es lo que dice la biología. A partir de los 60 años, y alrededor de esa edad, las cosas empiezan a cambiar”.


Gina Kolata escribe sobre ciencia y medicina. Ha sido dos veces finalista del premio Pulitzer y es autora de seis libros, incluyendo Mercies in Disguise: A Story of Hope, a Family’s Genetic Destiny, and The Science That Saved Them.

© 2021 The New York Times Company

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