El cambio climático ya está afectando la manera en que las personas viven, trabajan y cuidan su salud. Las temperaturas elevadas incrementan el riesgo de enfermedades y muertes, dificultan las labores al aire libre y pueden reducir los ingresos. Las sequías amenazan la disponibilidad de agua y la producción de alimentos, mientras que el aumento de las temperaturas y las variaciones en las lluvias pueden favorecer la transmisión de enfermedades como el dengue.
Estos impactos están aumentando más rápido que las medidas de los gobiernos para enfrentarlos, según el informe mundial Lancet Countdown 2026, publicado este 28 de octubre. La investigación, elaborada por 146 especialistas de 71 instituciones, analiza 54 indicadores sobre la relación entre el clima y la salud. Sus resultados muestran que, diez años después de la entrada en vigor del Acuerdo de París, los daños a la salud siguen creciendo.
La advertencia llega en un momento especialmente sensible para Perú. El país atraviesa un episodio de El Niño costero y, según el último comunicado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), del 16 de octubre, el calentamiento del mar frente a la costa peruana probablemente mantendrá una magnitud extraordinaria hasta enero de 2027. Los especialistas también prevén temperaturas del aire muy superiores a lo normal en toda la costa y lluvias por encima de lo habitual en el norte y centro del país.
El Niño es un fenómeno natural asociado al calentamiento temporal de las aguas del Pacífico, que altera las temperaturas y las lluvias en distintas regiones. El cambio climático, en cambio, está elevando la temperatura del planeta a largo plazo, principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero. Cuando ambos coinciden, pueden agravarse algunos riesgos, como el calor extremo y las lluvias intensas, aunque sus efectos varían según el territorio.
Uno de los resultados más graves del nuevo informe corresponde a las muertes relacionadas con el calor. En 2023, las altas temperaturas estuvieron asociadas con unas 710.000 muertes en el mundo, la cifra anual más alta estimada por los investigadores. Más del 70% de esa mortalidad fue atribuible al calentamiento provocado por actividades humanas.

El estudio no se refiere únicamente a personas fallecidas por golpes de calor. Las temperaturas elevadas también pueden agravar enfermedades cardiovasculares y otras condiciones de salud preexistentes. Para medir su impacto, los investigadores utilizaron modelos epidemiológicos que estiman la mortalidad asociada al calor y la proporción atribuible al cambio climático.
“Una década después de la entrada en vigor del Acuerdo de París, nuestros hallazgos son inequívocos: los daños del cambio climático sobre la salud están aumentando más rápido que la respuesta mundial y, en muchos casos, incluso se están acelerando”, advirtió Marina Romanello, directora ejecutiva de Lancet Countdown e investigadora del University College London, durante la presentación del informe.
Romanello destacó que, aunque existen avances en energías limpias y preparación sanitaria, las medidas siguen siendo insuficientes para proteger a quienes enfrentan mayores riesgos: adultos mayores, niños pequeños, personas con enfermedades preexistentes, trabajadores expuestos al calor y comunidades con dificultades para acceder a agua segura y servicios de salud. Ante esta situación, los investigadores proponen reconocer formalmente el cambio climático como una emergencia sanitaria mundial.
Trabajar bajo calor extremo
Las altas temperaturas también tienen consecuencias económicas para millones de personas, especialmente para quienes realizan trabajos físicamente exigentes al aire libre o en ambientes sin ventilación adecuada.
Durante 2025, el calor provocó una pérdida estimada de 573.000 millones de horas potenciales de trabajo en el mundo, un 35% más que el promedio anual de 2006-2015. El informe calcula que esta reducción de la capacidad laboral representó aproximadamente 1,07 billones de dólares en ingresos potenciales perdidos. Son estimaciones de cuánto disminuye la capacidad para trabajar de manera segura bajo condiciones de calor peligroso.
La agricultura y la construcción figuran entre los sectores más expuestos. En Perú, estos riesgos también afectan a vendedores ambulantes, trabajadores del transporte y otras personas que pasan largas jornadas en ambientes calurosos. El informe Lancet Countdown Latinoamérica 2025 ya había identificado que la agricultura concentraba el 58,2% de las pérdidas potenciales de ingresos laborales asociadas al calor en el país.
La situación preocupa ante las previsiones de altas temperaturas en la costa peruana durante los próximos meses. La exposición prolongada puede causar deshidratación, agotamiento y golpes de calor, especialmente cuando los trabajadores carecen de agua suficiente, sombra o descansos adecuados.

La prevención requiere que los empleadores adopten medidas para reducir la exposición y que las autoridades de salud y trabajo vigilen los riesgos. En el caso de quienes trabajan por cuenta propia o en la informalidad, también resulta importante la intervención de los municipios para facilitar el acceso a agua segura y espacios de sombra.
Los pronósticos del Senamhi permiten anticipar los periodos de altas temperaturas, pero esa información debe traducirse en medidas concretas. En febrero de 2026, el Ministerio de Salud aprobó los lineamientos para implementar estrategias sanitarias frente al calor. En abril anunció que había iniciado reuniones para ponerlos en práctica. Sin embargo, todavía falta conocer qué medidas se han ejecutado.
La amenaza sobre el agua
Las sequías extremas se extienden por el planeta. Según Lancet Countdown 2026, durante 2025 el 51,8% de la superficie terrestre sufrió al menos un mes de sequía extrema, el segundo nivel anual más alto registrado. Además, la expansión de las zonas afectadas se está acelerando a un ritmo más de siete veces mayor que durante la década de 2006-2015.
Las consecuencias van más allá de la falta de lluvias: menos agua para consumo humano, cultivos afectados, menor producción de alimentos y mayores dificultades para mantener condiciones adecuadas de higiene y saneamiento.
En Perú, estos riesgos se suman a un problema que afecta desde hace años a millones de personas. Según un análisis de la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass), publicado en julio de 2026, alrededor de 3,3 millones de personas carecían de acceso a agua potable en 2025 y otras 6,9 millones no contaban con servicios de saneamiento básico.
La cobertura de agua potable pasó de 88,2% a 90,4% entre 2015 y 2025, un avance de apenas 2,2 puntos porcentuales en diez años. Loreto, Ucayali y Piura figuran entre las regiones con mayores brechas en ambos servicios.

El episodio actual de El Niño añade nuevas amenazas. Para los próximos meses, el ENFEN prevé lluvias más intensas de lo habitual en la costa norte, la costa central y parte de la sierra norte. En cambio, algunas zonas de la sierra sur y la Amazonía podrían tener menos precipitaciones.
En el sur, preocupa una posible disminución del agua disponible. El ENFEN anticipa caudales inferiores a lo normal en algunos ríos de esa zona y de la Amazonía, incluidos los que alimentan el lago Titicaca, cuyo nivel también se mantendría por debajo de lo normal.
En el norte, las lluvias intensas y las inundaciones pueden dañar las instalaciones de agua potable, interrumpir el servicio y contaminar las fuentes de abastecimiento. Así, mientras algunas comunidades podrían enfrentar escasez, otras estarían expuestas a problemas de suministro y calidad del agua por las precipitaciones.
La responsabilidad de garantizar la continuidad del servicio recae en las empresas prestadoras, que deben proteger sus instalaciones y preparar alternativas de abastecimiento ante posibles interrupciones. La Sunass supervisa el cumplimiento de sus obligaciones, mientras que el Ministerio de Vivienda y los gobiernos regionales y locales tienen responsabilidades en la preparación y las inversiones necesarias.
Los problemas, sin embargo, ya son visibles en Piura. En agosto, la Sunass identificó 15 zonas críticas y 78 áreas de acumulación de agua de lluvia que podrían comprometer 37 instalaciones de agua y saneamiento y afectar potencialmente a más de 150.000 conexiones. La entidad informó que EPS Grau podría utilizar más de S/ 32,2 millones para ejecutar medidas de prevención y respuesta.
El riesgo creciente de dengue
El calentamiento está creando condiciones más favorables para la supervivencia y reproducción de mosquitos que transmiten el dengue. Según el informe Lancet Countdown 2026, estas condiciones aumentaron un 7,39% para Aedes aegypti y un 24,39% para Aedes albopictus, al comparar los periodos 1981-1990 y 2016-2025.
El dengue es un problema importante de salud pública en Perú. Según la sala situacional del Ministerio de Salud, hasta el 27 de octubre de 2026 se habían registrado 82.139 casos, entre confirmados y probables, y 78 fallecimientos atribuidos a la enfermedad. Otras 16 muertes permanecían en investigación.

Las previsiones de altas temperaturas y mayores lluvias en la costa hacen especialmente importante anticipar los brotes. El Ministerio de Salud y los gobiernos regionales tienen la responsabilidad de reforzar la vigilancia del mosquito, las acciones de control y la vacunación de las poblaciones priorizadas, además de preparar los establecimientos de salud para detectar y atender oportunamente los casos graves.
Las respuestas insuficientes
Las medidas para enfrentar el cambio climático ya están salvando vidas, pero todavía son muy pocas. Según el informe Lancet Countdown 2026, la reducción de la contaminación del aire causada por los combustibles fósiles está evitando unas 323.000 muertes al año en los países analizados donde disminuyó ese tipo de contaminación.
También hay avances en la preparación de los sistemas de salud. Actualmente, 56 de los 194 Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud han informado que cuentan con planes nacionales para adaptarlos al cambio climático, frente a solo 14 países en 2015.
Perú figura entre los países que han reportado contar con un plan de adaptación en salud. Además, el Ministerio de Salud aprobó en 2025 criterios para adaptar los establecimientos sanitarios al cambio climático, pero su puesta en práctica sigue retrasada.

Uno de los principales obstáculos mundiales es la falta de financiamiento. Un grupo de 48 países en desarrollo calculó que necesita en conjunto unos 3.300 millones de dólares anuales para adaptar sus sistemas de salud al cambio climático. Pero en 2024 los fondos comprometidos para ese fin alcanzaron aproximadamente 1.100 millones de dólares, apenas un tercio de lo necesario.
Durante la presentación del informe, Stella Hartinger, directora de Lancet Countdown Latinoamérica, advirtió que los países de la región están incorporando progresivamente la salud en sus compromisos frente al cambio climático, pero todavía deben definir cuánto costarán las medidas y cómo se financiarán.
Mientras tanto, la industria de los combustibles fósiles mantiene planes de expansión que contradicen las metas climáticas. Según el informe, las 100 mayores empresas petroleras y gasíferas proyectan producir en 2040 un 150% más de combustibles fósiles de lo compatible con limitar el calentamiento global a 1,5 °C.
“Lo que falta no es evidencia, sino voluntad política para actuar”, advirtió Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda y presidenta de la junta directiva de Lancet Countdown. Clark pidió a los gobiernos reforzar sus compromisos climáticos y recuperar la cooperación internacional.
La urgencia de adaptarnos
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha informado que desde septiembre mantiene una respuesta de emergencia ante los efectos sanitarios previstos de El Niño, con un equipo internacional encargado de movilizar especialistas, información y apoyo hacia los países de mayor riesgo.
“La acción climática es una intervención de salud pública”, señaló Diarmid Campbell-Lendrum, responsable de cambio climático, calidad del aire y energía de la OMS. El especialista destacó que las energías menos contaminantes, los sistemas sanitarios preparados y las alertas tempranas ya están contribuyendo a salvar vidas.
En Perú, los riesgos están identificados y los pronósticos disponibles. Lo que falta ahora es que el Gobierno demuestre que usa la información para prevenir enfermedades y muertes.
