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Vapear no es “mejor” que fumar, ambos son dañinos

Se venden y promueven como productos más “saludables” que ayudarán a las personas a dejar de fumar, pero los estudios disponibles muestran que los cigarrillos electrónicos no ofrecen ninguna ventaja para la salud, pero sí una ruta para atraer a más consumidores.

Vapear
La evidencia muestra que vapear tiene más riesgos e impactos negativos que positivos en la salud de los jóvenes y niños.
Foto: Shutterstock

Aunque su venta no se ha legalizado en muchos países, cada vez es más frecuente toparnos con ellos: cigarrillos electrónicos de distintos colores, diseños, medidas y sabores que han llegado al mercado con la promesa de ser más seguros que fumar cigarrillos y que ayudarán a los fumadores a dejar de fumar. Sin embargo, la evidencia muestra algo diferente.

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que utilizan una batería para quemar un líquido (como agua, propilenglicol y glicerina vegetal) que el usuario inhala en forma de aerosol. Dado que este acto se conoce comúnmente como “vapear” se tiene la idea errónea de que lo que se inhala es vapor de agua, cuando en realidad los aerosoles suelen tener distintas sustancias tóxicas como aromatizantes o metales pesados; además muchos de ellos contienen nicotina.

Al vapear no hay combustión del tabaco ni se fuma la nicotina directamente como sí ocurre con el cigarrillo, por lo tanto, las empresas que producen y promueven estos productos afirman que los cigarrillos electrónicos son potencialmente menos dañinos que fumar tabaco. Si a eso se le suma las ventajas de que no emiten olores y que no dejan la sensación de tabaco en la boca, el mensaje se vuelve más poderoso, pues son promovidos como productos sin humo (free-smoke).

De acuerdo un texto de Michael Blaha, director de investigación clínica del Centro Johns Hopkins Ciccarone para la Prevención de Enfermedades Cardíacas, existe una percepción de que hay “menor daño” en los vapeadores debido a que contienen menos sustancias químicas tóxicas que un cigarrillo.

Blaha explica que mientras los cigarrillos normales contienen 7.000 sustancias químicas, muchas de las cuales son tóxicas, no se sabe con exactitud qué sustancias contienen los cigarrillos electrónicos. Sin embargo, con lo que se sabe hasta ahora, "es casi indudable que el vapeo te expone a menos sustancias químicas tóxicas que fumar cigarrillos tradicionales".

Pero él, como muchos otros especialistas y organizaciones antitabaco, insiste en que una cosa es que los vapeadores puedan tener menos sustancias tóxicas en comparación con un cigarrillo, y otra, muy distinta, es que no sean dañinos. Así lo dijo Peter Shields, investigador de la Universidad del Estado de Ohio, en un comunicado de la Universidad: “Los cigarrillos electrónicos pueden ser más seguros que fumar, pero eso no los hace seguros, y tenemos que saber hasta qué punto son inseguros".

Poco a poco esa incertidumbre disminuye. Un artículo del 2018 que analizó 29 estudios sobre vapeadores, reportó haber identificado 22 sustancias tóxicas, diferentes de la nicotina, en los cigarrillos electrónicos y sus emisiones. Hay reportes clínicos en los que asocian estos dispositivos con lesiones en los pulmones y en el corazón. Además, varias investigaciones revelan que tienen resultados muy limitados para ayudar a las personas a dejar de fumar y muestran que, por el contrario, están funcionando como una ruta para atraer a consumidores más jóvenes, que son quienes tienen más probabilidades de convertirse en fumadores de por vida.

1.- Las vapeadores no son inocuos

A pesar de que son productos muy nuevos en el mercado y que aún no hay estudios de largo plazo, hay algunas investigaciones sobre el posible efecto que tienen los aerosoles en las personas que los utilizan.

Por ejemplo, Peter Shields lideró un estudio para identificar los cambios biológicos que ocurrían en 30 personas que, sin haber fumado antes, empezaban a usar cigarrillos electrónicos por un corto tiempo. Utilizando la broncoscopía (cuando se inserta un tubo delgado a través de la nariz o la boca para ver las vías respiratorias), el grupo de Shields observó que tras solo 4 semanas de usar el cigarrillo electrónico (sin nicotina ni sabores) ya había inflamación en los pulmones, lo cual puede derivar en cáncer de pulmón u otras enfermedades respiratorias. Si eso sucede con dispositivos sin nicotina y en solo cuatro semanas, hay que pensar en lo que podría pasar si se extiende su uso y se utilizan los que contienen nicotina y sabores.

En febrero de 2020, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) publicaron un reporte en el que confirmaron un brote de lesiones pulmonares relacionadas con el uso de cigarrillos electrónicos en septiembre de 2019. La organización confirmó 2.807 casos de lesiones pulmonares y 68 muertes atribuidas a esa condición. También puntualizó que las sustancias potencialmente relacionadas con estos daños eran el tetrahidrocanabinol (THC) y el acetato de vitamina E, una sustancia que ha sido identificada en los cigarrillos electrónicos que se comercializan en el mercado negro.

Otro estudio publicado en 2019, con limitaciones en su metodología, aportó algunos datos de posibles asociaciones entre el uso de estos dispositivos y la incidencia de asma. Tras encuestar a más de 400 mil personas, los autores reportaron que “las personas que declararon ser usuarios actuales de cigarrillos electrónicos tenían un 39% más de probabilidades de declarar que tenían asma en comparación con las personas que dijeron no haber usado nunca cigarrillos electrónicos. Los que dijeron que usaban cigarrillos electrónicos algunos días eran un 31% más propensos, y los que los usaban a diario eran un 73% más propensos a informar de que tenían asma, en comparación con los que no usaban cigarrillos electrónicos”.

También hay señales de que puede afectar al corazón. En un análisis presentado ante el Colegio Americano de Cardiología en 2019, en el que encuestaron a más de 90 mil personas, los investigadores analizaron el estado de salud de quienes reportaban usar cigarrillos electrónicos, en comparación con quienes no los consumían. Y concluyeron que “los consumidores de cigarrillos electrónicos tenían 34% más de probabilidades de sufrir un infarto, 25% más de padecer una enfermedad coronaria y 55% más de sufrir depresión o ansiedad. Los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión arterial y los problemas circulatorios ya no fueron estadísticamente diferentes entre los dos grupos”.

A pesar de que aún hay poca evidencia, estas pruebas son suficientes para admitir que estos dispositivos implican riesgos. Peter Shields considera que aunque la percepción general entre el público es que los e-cigs son 'más seguros' que los cigarrillos, “la realidad es que la industria está cambiando tan rápidamente -y con una regulación mínima- que el uso está superando el ritmo de nuestra comprensión científica. Se está convirtiendo en una crisis de salud pública que todos deberíamos tomarnos muy en serio desde el punto de vista de la salud pulmonar general, el riesgo de cáncer y la adicción”.

2.- No son la bala mágica para dejar de fumar

Aunque estos dispositivos se venden como una ruta exitosa para abandonar el tabaco, varios estudios muestran que no hay diferencias significativas entre quienes los usan para abandonar el hábito y quienes no lo hacen.

Uno de esos estudios lo realizaron investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de California San Diego, quienes entrevistaron a miles de personas durante cuatro años para saber si quienes habían usado los cigarros electrónicos para dejar de fumar realmente lo habían conseguido. De los 2.770 fumadores que decidieron dejar de hacerlo, 23,5% utilizó cigarrillos electrónicos. Al año siguiente, cuando volvieron a entrevistarlos encontraron que solo 9,6% de ellos se había abstenido de fumar los doce meses anteriores; otro 9,5% lo había logrado sin usar el dispositivo y 10,2% también había dejado de fumar sin utilizar cigarrillos electrónicos ni medicamentos.

“Entre esta muestra representativa de fumadores estadounidenses que intentaban dejar de fumar, no encontramos pruebas de que los cigarrillos electrónicos fueran útiles en el intento de dejar de fumar", dijo John P. Pierce, profesor emérito de prevención del cáncer en el Centro Oncológico Moores de la UC San Diego y autor del estudio.

Otro estudio similar, encontró que de los 2,535 fumadores que usaron los dispositivos para dejar de fumar, solo 13% lo había logrado después de un año. La autora del estudio, Karen Messer, también del Centro Oncológico Moores, afirma que sus resultados “sugieren que estos fumadores habrían tenido el mismo éxito en dejar de fumar sin el uso de los cigarrillos electrónicos. Sin embargo, sin el uso de cigarrillos electrónicos habrían tenido más éxito en romper su dependencia de la nicotina". Esto es porque como estos dispositivos tienen nicotina, su uso condujo a un consumo prolongado de la sustancia en vez de dejar el hábito por completo.

3.- Sí atraen nuevos fumadores

Uno de los aspectos más preocupantes que advierten varios especialistas es que los cigarrillos electrónicos sí pueden ser una ruta para que las personas que nunca han fumado empiecen a hacerlo. Así lo muestra una investigación dirigida por la Universidad Nacional de Australia (ANU), en la que revisaron 25 estudios sobre el comportamiento de los no-fumadores al entrar en contacto con estos dispositivos.

"Encontramos pruebas claras de que los no fumadores que utilizan cigarrillos electrónicos tienen unas tres veces más probabilidades de empezar a fumar de forma convencional que sus compañeros que no utilizan cigarrillos electrónicos", dijo la investigadora principal y profesora de la ANU, Emily Banks.

Esto es justo lo opuesto al mensaje con el que se promueven. No solo no hay evidencia de que ayuden a dejar de fumar, sino que propician que las personas lo hagan. Un ejemplo claro de esto son los datos de Australia sobre el consumo de estos dispositivos: 53% de las personas que utilizan cigarros electrónicos son personas que también fuman tabaco convencional; otro 31% son ex fumadores de cigarrillos y 15.5% son personas que nunca habían fumado.

Banks también identificó en su investigación que los exfumadores tienen más del doble de probabilidades de recaer en el tabaquismo si usan cigarrillos electrónicos, en comparación con los exfumadores que no los utilizan.

Probablemente lo más preocupante es que estos dispositivos están atrayendo cada vez más a los jóvenes. Tan solo en Estados Unidos, de acuerdo con datos de la Campaña para Niños Libres de Tabaco, de 2017 a 2019, el uso de cigarrillos electrónicos entre los estudiantes de secundaria se duplicó, y la mayoría de ellos (85%) dijeron utilizar productos con sabor; los líquidos con sabor a fruta, caramelo, menta y mentol se han convertido en un atractivo más para la población más joven.

No hay forma de justificar el uso de los cigarrillos electrónicos. La evidencia hasta ahora muestra más riesgos potenciales que beneficios y más impactos negativos que positivos en la salud de los jóvenes y niños. Y aunque muchas personas optan por ellos para dejar de fumar, lo cierto es que la evidencia de que eso sucede es endeble. Por eso, si una persona quiere dejar de fumar, la mejor opción sigue siendo la más lógica: dejar de hacerlo.

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