14N: La noche que no termina

Gabriel Guevara Roggero (33)

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Foto: Omar Lucas

Gabriel Guevara reza por las noches y se acomoda para dormir apoyando su rostro del lado izquierdo. Intenta evitar que su cuerpo cambie de posición durante la madrugada, pero la costumbre de haber descansado del otro lado durante 32 años no se lo permite. Por la mañana, Gabriel siente como si unos hilos se estiraran dentro de su ojo derecho, pero cuando esa molestia disminuye, aparece una raya negra horizontal que atraviesa su vista. Gabriel convivirá con ella todo el día.

Esa es la principal marca de la bomba lacrimógena que le cayó la noche del 12 de noviembre de 2020, mientras intentaba defender a una brigada médica durante la marcha contra el régimen de Manuel Merino. Para Gabriel ver con una raya negra es una mejoría. El año pasado, con el ojo derecho veía manchas de colores violeta y turquesa. A veces creía sostener un vaso con sus manos, pero de inmediato se le caía. También lloró, con lágrimas teñidas de sangre, porque su hijo de 10 años no se le acercaba, asustado ante su rostro desfigurado.

La operación en el ojo lastimado logró devolverle gran parte de su visión. Los médicos le habían indicado que solo algunos pacientes recuperan el 80% de la vista. Gabriel asegura ser uno de ellos. Pero lo que no ha logrado esa intervención es recomponer su vida.

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A un año del ataque que recibió, Gabriel no ha logrado conseguir un empleo fijo. Su principal preocupación son sus dos hijos, que aún están en edad escolar. Foto: Omar Lucas

Tiene dos hijos y el dinero no le alcanza. Antes del ataque, se dedicaba a la venta de seguros de accidentes de viajes para una empresa de turismo. Por ser un buen vendedor, Gabriel era enviado a trabajar a diversas regiones del país. Para este año, le habían dicho que viajaría al exterior. Pero fue despedido. Un vendedor necesita usar la computadora y para Gabriel hacer eso era casi imposible. Los médicos le recomendaron que comprara unos lentes que protejan su vista de la luz de aparatos electrónicos, pero aún no ha podido juntar los cientos de soles necesarios para adquirirlos.

Sin empleo fijo, ha tenido que aceptar oficios esporádicos, como pintor de casas o vendedor de pescado, aunque eso le generó también problemas en su vista. Hace unos meses, Gabriel decidió formar su propio negocio. Ha construido un carrito para vender desayunos y pronto se ubicará en un lugar estratégico para conseguir comensales.

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