14N: La noche que no termina

Hanns Licera Pajuelo (25)

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Foto: Omar Lucas

Uno de los planes de Hanns Licera era comprarse un auto: podría ir a donde quisiera, en especial, salir con su tabla de surf desde San Juan de Lurigancho hasta las playas de la Costa Verde. Ese deseo está ahora en pausa porque tuvo que destinar sus ahorros a cubrir una operación de diez mil soles para que le extraigan seis pedazos de cartílago de su rodilla derecha y le suturen el menisco, una suerte de amortiguador entre la tibia y el fémur. La cirugía se debió realizar en el Hospital San Juan de Lurigancho, pero ahí no detectaron el problema ni mucho menos le programaron una operación oportuna. Por eso, y a causa del dolor que solo calma cuando toma analgésicos, recurrió a una clínica.

Hanns ha gastado también otros siete mil soles en medicinas y rehabilitación que no hubiera podido costear sin el apoyo de sus familiares y amigos. A pesar de que el Poder Ejecutivo se comprometió a devolver a los heridos el dinero invertido en su recuperación, hasta ahora Hanns no ha visto nada. Parte de las personas que al inicio lo apoyaron se alejaron de él e incluso lo tildaron de terrorista por salir a marchar. “Yo también me he alejado de ellos porque no me traían nada bueno”, dice. Después de la cirugía, planeaba buscar un trabajo para ayudar con los gastos de la casa donde vive con su mamá y hermano, pero no podrá hacerlo aún: su menisco se ha desprendido y requiere una segunda intervención.

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Hanns fue herido frente a la Corte Superior de Justicia de Lima. Foto: Liz Tasa

Nuevamente, empezó su estrés e impotencia. Con el apoyo de la Defensoría del Pueblo fue derivado el mes pasado al hospital Loayza para que programen la intervención quirúrgica que necesita, pero no se la podrán realizar pronto porque, según le informaron, han suspendido las operaciones debido a la pandemia. En el mejor de los casos sería operado en dos o tres meses. “¿Y en el peor de los casos?”, se pregunta. Sabe que solo le queda esperar, pese al dolor que siente todos los días y la leve cojera que muestra al caminar, porque no puede pagar los veinticinco mil soles que le costaría operarse en una clínica.

Por lo pronto tiene entre sus metas conseguir un empleo en el Instituto del Mar del Perú luego de graduarse como ingeniero geográfico. Además, planea estudiar Biología Marina. Pero todos sus sueños implican dinero que no tiene. Y sin una reparación económica por parte del Estado, podría pasar un largo tiempo para que se hagan realidad.

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