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Entrevistas

Dengue: las lecciones de un infectólogo tras dos décadas enfrentando epidemias

Desde el Hospital Regional de Loreto, el infectólogo Juan Carlos Celis ha acumulado casi dos décadas de experiencia atendiendo pacientes y participando en la respuesta a epidemias en distintas regiones del Perú. Ahora advierte que los hospitales siguen demorando en implementar unidades de vigilancia clínica que pueden salvar vidas. También señala las dificultades para contratar personal especializado y cuestiona la falta de conducción del Ministerio de Salud.

El infectólogo Juan Carlos Celis sostiene que abrir a tiempo las unidades de vigilancia clínica (UVICLIN) es clave para evitar muertes por dengue.
El infectólogo Juan Carlos Celis sostiene que abrir a tiempo las unidades de vigilancia clínica (UVICLIN) es clave para evitar muertes por dengue.

El médico infectólogo Juan Carlos Celis Salinas lleva casi dos décadas atendiendo enfermedades tropicales en el Hospital Regional de Loreto, una región de la Amazonía peruana donde el dengue es endémico. Su experiencia también lo ha llevado a participar en la respuesta a epidemias en Piura, Lambayeque y otras regiones. En ese recorrido ha visto repetirse un problema que considera especialmente peligroso: cuando aumentan los casos de dengue, muchos hospitales demoran en organizar espacios con personal entrenado para atender a los pacientes que necesitan vigilancia constante. «Esas demoras hacen que algunos pacientes empeoren y fallezcan», advierte.

La preocupación de Celis cobra especial importancia ante el aumento de contagios en la costa norte. Hasta el 3 de noviembre de 2026, Perú registraba 88.874 casos de dengue y 86 fallecidos confirmados, mientras otras 17 muertes permanecían en investigación, según el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud (Minsa). La Libertad (17.791), Piura (15.730) y Lambayeque (13.146) concentraban la mayor cantidad de casos.

¿Qué está ocurriendo con la atención de los pacientes y qué medidas están tomando las autoridades para evitar más muertes? Para Celis, una de las prioridades debería ser asegurar el funcionamiento de las Unidades de Vigilancia Clínica (UVICLIN). Son espacios de atención donde los pacientes con dengue que requieren observación reciben controles frecuentes, tratamiento y seguimiento de personal entrenado. El especialista explica que una persona hospitalizada con signos de alarma puede necesitar que le controlen la presión arterial cada hora y que su evolución sea evaluada constantemente. Por eso, considera un error distribuir a estos pacientes entre diferentes servicios del hospital, en lugar de concentrarlos en unidades con médicos y enfermeras dedicados a su atención.

El problema va más allá de conseguir camas. El infectólogo señala que algunas regiones tardan en contratar profesionales, enfrentan dificultades para financiar su trabajo o habilitan las unidades cuando la demanda de pacientes ya ha superado la capacidad de los establecimientos. Sus advertencias encuentran un antecedente en los informes de la Contraloría. En agosto de 2026, el organismo alertó que, en establecimientos de Morropón-Huancabamba, en Piura, se atendía a pacientes con sospecha de dengue en carpas expuestas a altas temperaturas y con ventilación inadecuada. También identificó camillas sin mosquiteros.

La rapidez con la que se abre una UVICLIN determina la capacidad de respuesta y puede contribuir a reducir la mortalidad.

Dr. Juan Carlos Celis Médico infectólogo del Hospital Regional de Loreto

A estas dificultades se suma un cambio en la circulación del virus. El serotipo 3 (DENV-3) representa el 91,12% de los serotipos identificados en muestras analizadas en Perú, según datos del Instituto Nacional de Salud difundidos el 30 de octubre. Durante la epidemia de 2024, su proporción era de 7,94%. Este predominio también plantea interrogantes sobre la protección de Qdenga, la vacuna utilizada en la campaña nacional de inmunización. La Organización Mundial de la Salud reconoce que no se ha demostrado su eficacia frente al serotipo 3 en personas que nunca tuvieron dengue. Aunque estudios recientes de Brasil han encontrado resultados favorables sobre la protección general de la vacuna, todavía existen incertidumbres sobre su eficacia específica frente a ese serotipo según los antecedentes de infección.

En este momento no podemos afirmar que la vacuna tenga frente al serotipo 3 la misma eficacia que se ha observado contra los serotipos 1 y 2.

Dr. Juan Carlos Celis Médico infectólogo del Hospital Regional de Loreto

El doctor Celis sostiene que la vacunación es una herramienta de prevención, pero insiste en que las autoridades deben prestar mayor atención a la capacidad de los hospitales para evitar complicaciones y muertes. También advierte que el dengue puede coincidir con otras enfermedades, como la leptospirosis, lo que exige personal capacitado para reconocer diferentes causas de fiebre y brindar el tratamiento adecuado.

El especialista fue presidente de la Sociedad Peruana de Enfermedades Infecciosas y Tropicales (SPEIT) entre 2022 y 2023 y actualmente es vicepresidente de su Macrofilial Oriente. En esta entrevista con Salud con lupa, explica por qué las UVICLIN son fundamentales durante una epidemia, qué obstáculos impiden implementarlas a tiempo y cuáles son las lecciones que el sistema de salud peruano sigue sin aplicar ante la amenaza de nuevos brotes.

Usted ha señalado que la prioridad en esta fase de la epidemia debería ser asegurar el funcionamiento de las UVICLIN. ¿Qué son estas unidades, cómo atienden a los pacientes y por qué pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte de un paciente con dengue?

La idea de las UVICLIN, lo que ahora llamamos unidades de vigilancia clínica, tiene su antecedente en las antiguas unidades de febriles. Una unidad de vigilancia clínica puede servir para atender dengue, leptospirosis u otros arbovirus como oropouche o chikungunya, que a veces también circulan durante las epidemias. Nace de las lecciones aprendidas en unos 20 años de epidemias de dengue.

El paciente con dengue que se hospitaliza, generalmente con signos de alarma, necesita una vigilancia estrecha. Para que te hagas una idea, hay que medirle la presión arterial como mínimo cada dos horas, aunque normalmente se hace cada hora. Por eso, atenderlo no es igual que atender a un paciente hospitalizado por una infección urinaria o una neumonía en una sala convencional. El médico tiene que estar reevaluándolo constantemente.

Pacientes con dengue en la Unidad de Vigilancia Clínica del Hospital de Sullana, en 2023. Según el doctor Celis, estos módulos concentran personal entrenado para vigilar de cerca a quienes tienen signos de alarma.
Pacientes con dengue en la Unidad de Vigilancia Clínica del Hospital de Sullana, en 2023. Según el doctor Celis, estos módulos concentran personal entrenado para vigilar de cerca a quienes tienen signos de alarma.
Foto: Hospital de Sullana

Además, no todo el personal está entrenado para atender el dengue. Ni un médico internista, ni un neumólogo, ni siquiera un infectólogo que no esté acostumbrado a ver dengue tiene necesariamente suficiente experiencia en el manejo de estos pacientes. En muchas regiones es una enfermedad relativamente nueva, y hemos visto estas dificultades incluso en hospitales como el Rebagliati y el Sabogal.

Por eso, una unidad de vigilancia clínica funciona como un módulo de unas 10 a 12 camas, donde el médico y la enfermera de turno se dedican exclusivamente a estos pacientes. Es parecido a lo que ocurría con los módulos COVID, que tenían personal asignado a su atención.

En estos espacios se concentran la atención, la experiencia del personal y los exámenes de laboratorio. La experiencia nos ha enseñado que este tipo de atención debe concentrarse en un área especial. No es una unidad de cuidados intensivos, pero requiere un monitoreo mucho más constante que una hospitalización general.

¿Qué necesita una UVICLIN para funcionar adecuadamente? ¿Qué personal, equipos, medicamentos e insumos son indispensables?

Una UVICLIN puede funcionar dentro de un hospital o en un centro de salud, siempre que tenga un ambiente dedicado a estos pacientes. Un módulo puede tener unas 10 a 12 camas, con un médico y una enfermera por turno, además de dos técnicos de enfermería. Tiene que funcionar las 24 horas, con los relevos necesarios para que nunca falte personal.

La ventaja es que el médico y la enfermera se dedican exclusivamente a esos pacientes. Se concentra la experiencia y también la disponibilidad de exámenes, como las pruebas de dengue y los hemogramas para evaluar las plaquetas, entre otros análisis. Lo importante es establecer claramente quién atiende, quién vigila a los pacientes y cómo se realizan los controles. Esta experiencia la tenemos desde hace muchos años en Loreto y en otras regiones amazónicas.

Usted ha advertido sobre demoras en la implementación de estas unidades. ¿Qué problemas ha identificado y qué consecuencias pueden tener para los pacientes?

Insistimos en esto porque, como especialistas, hemos participado en epidemias de distintas regiones. Varios médicos de Loreto, incluido yo, estuvimos en las epidemias de Ica y Piura. Cuando llevamos nuestra experiencia a Piura en 2015 y a Lambayeque en 2023 y 2024, encontramos regiones que no tenían experiencia para organizar estas unidades.

Le decíamos al director regional que había que implementar un módulo, y nos respondía: «Tengo cinco camas en ginecología y otras cinco por acá». Pero le explicábamos que no podía dispersar así a los pacientes porque no iba a tener suficiente personal para atenderlos.

El sistema de salud peruano, como vimos durante la pandemia de COVID-19, vive constantemente al límite de sus capacidades estructurales y de personal. Una epidemia de dengue, especialmente cuando está asociada con El Niño, aumenta la demanda y desplaza la atención de otros pacientes. Por eso, estas unidades permiten ampliar la capacidad de los servicios y concentrar al personal donde más se necesita.

Hemos visto regiones que lo hacen bien, otras que demoran demasiado en contratar personal y algunas que ni siquiera quieren contratarlo. Esto demuestra que falta rectoría del Ministerio de Salud y una orientación clara sobre lo que debe hacerse.

El propio Minsa nos convoca para capacitar a profesionales de otras regiones, con apoyo de la Organización Panamericana de la Salud. Sin embargo, seguimos encontrando los mismos errores de hace 10 o 20 años: pensar que el dengue puede atenderse como cualquier otra enfermedad, que el paciente llega a emergencia y luego pasa a una cama disponible en medicina. Esas demoras hacen que algunos pacientes empeoren y fallezcan.

La experiencia nos ha enseñado que abrir rápidamente una UVICLIN ayuda a que sobrevivan más pacientes. El 95% de las muertes pueden evitarse con una buena unidad de vigilancia clínica.

Sigo lo que ocurre en muchas regiones y escucho siempre quejas parecidas: los pacientes llegan y el médico o la pediatra está atendiendo a otras personas. Eso ocurre porque no existe una atención diferenciada. He visto esta situación en Áncash y Lambayeque, donde algunas autoridades consideran suficiente distribuir a los pacientes entre las camas disponibles, aunque les explicamos que es un error.

Trasladar esta experiencia a las regiones no es fácil. Se necesita que el Ministerio de Salud ejerza su rectoría para que todas sigan un plan común.

¿Por qué considera urgente que las regiones implementen y fortalezcan las UVICLIN en este momento? ¿Qué deberían hacer de inmediato el Minsa y los gobiernos regionales?

Uno de los problemas más importantes es la velocidad con la que los gobiernos regionales y los hospitales pueden abrir estas unidades. Esto viene desde la pandemia de COVID-19 y tiene que ver incluso con la legislación. Contratar personal sigue siendo un problema para los hospitales.

No puedo utilizar las horas de mi personal nombrado o CAS porque tendría que pagarles horas extras y existen restricciones para hacerlo. También está el problema de la doble percepción de ingresos en el Estado. Se hizo una ley para permitir que personal del Minsa pudiera trabajar en EsSalud y viceversa, pero, según entiendo, todavía hay problemas con su reglamentación.

Muchas veces un director de hospital quiere abrir una UVICLIN, pero encuentra obstáculos para contratar personal. El Ministerio de Salud les dice a las regiones que abran las unidades con su presupuesto. Las regiones responden que no tienen recursos y, cuando consiguen financiamiento, aparecen las dificultades administrativas para contratar.

También ocurre que los profesionales pasan dos o tres meses sin recibir sus pagos. Las enfermeras se van y las unidades de vigilancia clínica se desintegran. Entonces los pacientes quedan sin la atención que necesitan.

Estas unidades son fundamentales para resistir un aumento rápido de casos como el que estamos viendo en la costa norte, donde se están presentando dengue, leptospirosis y otras enfermedades. La rapidez con la que se abre una UVICLIN determina la capacidad de respuesta y puede contribuir a reducir la mortalidad.

Por eso hay que preguntar no solamente si se están abriendo unidades, sino cómo está ayudando el Ministerio de Salud a los hospitales para que puedan hacerlo rápidamente. Hay que resolver los problemas legales, administrativos y de contratación que vimos durante el COVID-19 y que todavía persisten.

Desde el Colegio Médico también hemos planteado la necesidad de una vocería nacional y de una conducción clara sobre qué hacer con estos módulos y con la vacunación. El Minsa debería contar con un equipo que dé orientaciones constantes a las regiones para que cada una no tenga que comenzar desde cero.

Ha mencionado que Lambayeque tiene una letalidad mucho mayor que La Libertad, pese a registrar menos casos. ¿Qué podría explicar esa diferencia?

Es una comparación que merece analizarse con mayor profundidad. La Libertad tiene una cantidad importante de casos, pero su letalidad es considerablemente menor que la de Lambayeque.

Cuando conversas con colegas de La Libertad, te cuentan que están entrenando a enfermeras y médicos, monitoreando sus redes y microrredes de salud y abriendo unidades de vigilancia clínica para adelantarse al aumento de pacientes.

En otras regiones hay más dificultades para responder con esa rapidez. Lambayeque y San Martín, por ejemplo, han registrado un número importante de fallecidos.

La atención del paciente, a estas alturas, es la prioridad. Las unidades convencionales no siempre tienen personal suficiente ni entrenado para vigilar a pacientes con dengue que necesitan controles permanentes.

Hay que mirar cómo se están organizando los servicios, qué personal tienen y a qué velocidad pueden ampliar su capacidad de atención. No basta con anunciar que se abrirán nuevas unidades: tienen que estar funcionando cuando los pacientes las necesitan.

Sobre la vacuna Qdenga, ¿qué sabemos de su eficacia frente al serotipo 3, que actualmente predomina en Perú? ¿Qué implicaciones tiene esto para la estrategia de vacunación del país?

La vacuna ha demostrado eficacia frente a los serotipos 1 y 2. Tenemos resultados de los estudios clínicos y también datos de su aplicación en Brasil durante epidemias recientes.

El problema es que para el serotipo 3 la información es mucho más limitada. En los ensayos iniciales hubo pocos casos de dengue 3 y para dengue 4 prácticamente no hubo información suficiente.

Los estudios realizados en Brasil ofrecen resultados alentadores, pero todavía necesitamos más evidencia para conocer con precisión qué protección ofrece frente al dengue 3, particularmente si las personas tuvieron o no una infección previa.

En este momento no podemos afirmar que la vacuna tenga frente al serotipo 3 la misma eficacia que se ha observado contra los serotipos 1 y 2.

Las brigadas vacunan en colegios y establecimientos de salud de las regiones priorizadas, pero la campaña avanza lento. Al 11 de octubre solo se había aplicado el 29% de las primeras dosis previstas.
Las brigadas vacunan en colegios y establecimientos de salud de las regiones priorizadas, pero la campaña avanza lento. Al 11 de octubre solo se había aplicado el 29% de las primeras dosis previstas.
Foto: Minsa

Eso es importante porque el dengue 3 es el que está predominando actualmente en Perú. Tenemos que preguntarle constantemente al Ministerio de Salud qué información está utilizando para evaluar la efectividad de la vacuna y si se está haciendo seguimiento a las personas vacunadas.

La vacuna puede ser una herramienta más, pero no podemos concentrar toda la respuesta sanitaria en ella. Necesitamos asegurar la atención clínica de los pacientes, porque eso es lo que tenemos que resolver ahora.

Finalmente, ante el aumento del dengue, ¿qué otra lección deberían tener en cuenta las regiones?

Hay una lección de 20 años de epidemias que debemos entender: en Perú, las epidemias de dengue generalmente no llegan solas. Cuando tenemos fenómenos climáticos como el ciclón Yaku o El Niño costero, también pueden aumentar otras enfermedades. Lo vimos en las epidemias de 2011, 2015 y en otras anteriores en Iquitos.

Eso debe quedar claro para las regiones. Si se concentran únicamente en capacitar al personal sobre dengue, pueden pasar por alto otras enfermedades que también están aumentando. Es lo que estamos viendo en Lambayeque, Piura y Tumbes, donde se presentan dengue y leptospirosis. También estamos observando cambios en la distribución de esta última enfermedad, que tradicionalmente tenía una presencia importante en la Amazonía.

Cuando preguntamos a los colegas qué está circulando en Piura, mencionan dengue, leptospirosis, fiebre tifoidea, hepatitis A y enfermedades diarreicas. Las epidemias pueden combinarse.

No puedo dar una capacitación únicamente sobre dengue cuando también está circulando leptospirosis. Tenemos que enseñar a los profesionales y a la población que estas enfermedades pueden presentarse simultáneamente.

Las epidemias son mixtas, asimétricas y heterogéneas. Son asimétricas porque algunas regiones tienen más experiencia que otras. Y son heterogéneas porque las enfermedades que circulan cambian según el territorio: en la Amazonía el dengue puede coincidir con malaria y en Piura con leptospirosis.

Cada región tiene que preparar su propia estrategia. Hay que estar atentos a otros diagnósticos y capacitar al personal para abordar el síndrome febril, no solamente el dengue.