Un niño de nueve años murió por dengue en mayo pasado en Shapaja, un pequeño distrito de la región amazónica de San Martín. Después de su fallecimiento, las brigadas de salud encontraron a otras 14 personas con síntomas compatibles con la enfermedad en la zona donde vivía y reforzaron las intervenciones para controlar al mosquito que transmite el virus.
Su muerte fue una de las primeras señales de una epidemia que este año ha golpeado con especial dureza a los menores de edad. Hasta fines de septiembre, el dengue había dejado 75 fallecimientos registrados en el Perú, entre ellos 25 niños y adolescentes. Ocho de esas víctimas tenían menos de cinco años. El registro del Ministerio de Salud incluye defunciones relacionadas con la enfermedad y otras todavía en investigación.
En San Martín, donde murió el niño de Shapaja, el dengue ya ha provocado 19 fallecimientos en lo que va de 2026, la cifra más alta del país. Sin embargo, la región llega a octubre con menos de la mitad de su meta de primeras dosis de vacunación contra el dengue cumplida.
El problema se repite en buena parte de las ocho regiones priorizadas para la vacunación.
El Ministerio de Salud autorizó hasta 31,9 millones de soles para comprar vacunas contra el dengue a través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y recibió 444.780 dosis entre julio y agosto de este año. Su llegada fue anunciada como parte de la preparación sanitaria frente a El Niño. Pero los resultados de la campaña revelan una enorme distancia entre la compra de vacunas y su aplicación.
Cuando llegó el primer lote, el 30 de julio, el entonces ministro de Salud, Luis Dyer, aseguró: “El dengue no espera y nosotros tampoco”. Añadió que cada vacuna representaba una oportunidad para evitar hospitalizaciones, casos graves y salvar vidas.
Dos meses después, las cifras oficiales muestran cuánto falta para cumplir ese compromiso.

Al 11 de octubre, el Perú había administrado apenas 53.643 primeras dosis frente a una meta nacional de 184.231, según la plataforma oficial de vacunación del Minsa. Es decir, siete de cada diez personas contempladas en esa meta todavía estaban pendientes de recibir su primera dosis.
La situación resulta especialmente preocupante porque el país se acerca a los meses en los que el calor y las lluvias pueden favorecer la reproducción del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue. Y porque la enfermedad ya está causando más daño que el año pasado: hasta la semana epidemiológica 39 se notificaron 66.822 casos, más del doble que durante el mismo periodo de 2025.
Campaña sin acogida
El Gobierno conocía el riesgo. Después de las grandes epidemias de dengue de 2023 y 2024, que dejaron cientos de muertos, el Ministerio de Salud amplió su estrategia de vacunación para proteger contra el dengue a niños, adolescentes y jóvenes de las regiones priorizadas.
La vacuna que utiliza el Perú requiere dos dosis, separadas por tres meses.
El 7 de agosto, el ministerio anunció la distribución de casi 200.000 dosis a Piura, Lambayeque, San Martín, Ucayali y La Libertad. También se programaron entregas a Loreto y Tumbes.
Sin embargo, más de dos meses después, los propios registros oficiales muestran que la campaña está lejos de cumplir sus objetivos.

En Piura, la región con más casos de dengue durante 2026, solo se había vacunado con una primera dosis al 31,7% de la población prevista. En Lambayeque, donde se han registrado 16 fallecimientos por esta enfermedad, la cobertura alcanzaba 36,5%.
San Martín presenta otro contraste. En marzo, cuando la región ya había registrado 1.866 casos de dengue, funcionarios del Minsa anunciaron que incorporarían la vacuna a su estrategia de prevención. Pero las primeras 30.000 dosis llegaron el 7 de agosto, cinco meses después del anuncio. Al 11 de octubre, la región había alcanzado apenas el 45,6% de su meta de primeras dosis.

La situación más crítica entre las regiones revisadas se encuentra en Loreto: apenas 1.510 personas habían recibido la primera dosis frente a una meta de 24.119. Esto equivale al 6,3%.
Ucayali también registra un avance muy bajo: apenas el 12,3% de su población objetivo había recibido la primera dosis.
Incluso La Libertad, que presenta el mayor avance entre los territorios examinados, apenas supera la mitad de su meta, con 52,3%.
Las autoridades han organizado jornadas de vacunación en colegios y establecimientos de salud, pero muchos padres no autorizaron la aplicación.
En San Martín, la Dirección Regional de Salud pidió públicamente a los padres, el 11 de agosto, que firmaran las autorizaciones para vacunar a sus hijos. Sin embargo, el llamado tuvo poca acogida.
Cuando la atención llega demasiado tarde
La vacunación es solo una parte de la respuesta frente a una enfermedad capaz de agravarse en pocos días. El caso de un joven de Motupe, en Lambayeque, muestra las consecuencias que puede tener una atención tardía.
Tenía 21 años y pasó varios días enfermo en su vivienda. Según la Gerencia Regional de Salud, sus familiares intentaron aliviar los síntomas con preparados tradicionales. Cuando finalmente llegó al centro de salud de Motupe, el 24 de abril, ya presentaba signos de dengue grave.
Fue trasladado de emergencia al Hospital Regional de Lambayeque. Murió durante la madrugada siguiente. Habían transcurrido entre cinco y siete días desde la aparición de los primeros síntomas.
“Muchos casos fatales ocurren por no llegar a tiempo a un hospital”, declaró entonces Yonny Ureta, gerente regional de Salud de Lambayeque, al explicar las circunstancias del fallecimiento.

En septiembre, la Contraloría advirtió al Ministerio de Salud que en cuatro regiones el dengue estaba causando más muertes de las previstas en su plan de prevención para 2026. La situación más grave se registraba en Madre de Dios, donde morían aproximadamente seis de cada mil personas diagnosticadas con dengue, cuatro veces el límite fijado por el propio ministerio. En Lambayeque y San Martín, la proporción también superaba la meta oficial.
La Contraloría alertó sobre el riesgo de que esta situación se agravara y exigió al Minsa adoptar medidas correctivas. El informe fue notificado al ministro Luis Dyer el 5 de septiembre.
Más de un mes después, sigue pendiente conocer qué medidas tomó el Ministerio de Salud para reducir las muertes y mejorar la atención de los pacientes, mientras el país enfrenta nuevos riesgos sanitarios asociados a El Niño.
