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Sin hinchas ni abrazos de gol: el fútbol regresa en medio de dudosas medidas de prevención

Aunque ya se han reportado decenas de contagios entre árbitros y jugadores, la Federación Peruana de Fútbol ni los clubes están dispuestos a posponer el regreso del torneo. No sorprende, pues hasta la fecha la FPF ha aplicado un protocolo ambiguo frente a la pandemia e incluso contrató a un laboratorio de pruebas cuestionado por su falta de bioseguridad. En uno de los países con más contagios del mundo, este viernes los futbolistas peruanos saldrán al campo de juego sin todas las garantías necesarias.

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Al iniciar el torneo, los jugadores titulares sólo se realizarán pruebas serológicas un día antes de los partidos. El resto del plantel lo hará cada quince días. Prensa de FPF

A partir de este viernes 7 de agosto, en el Perú, los futbolistas saldrán al campo de juego y saludarán a cuatro tribunas vacías, mientras que los suplentes se sentarán en el banco, guardando distancia, con una mascarilla puesta. En partidos a puerta cerrada, con ambiente de amistosos, los jugadores tendrán que contener sus hábitos y, con ello, sus ritos. No podrán besar el balón antes de un penal o un tiro libre para darse suerte. Si anotan un gol, estarán prohibidos de liberar ese éxtasis con abrazos, besos o revolcones. Si alguno es expulsado, tendrá que tragar saliva y dirigirse en silencio al camerino para lavarse las manos apaciblemente. No podrán escupir ni sonarse la nariz, actos muy comunes en el fútbol. Tampoco podrán intercambiar camisetas al final del partido. Desde que suene el pitazo inicial del árbitro, los jugadores tendrán un desafío más complicado que el de superar al rival: controlar sus impulsos.

Así será la nueva cara del fútbol peruano en lo que resta del año. Tres meses después de que se reanudaran las principales ligas europeas, lo han hecho las ligas sudamericanas. Hubo un primer susto después de la postergación del campeonato paraguayo por decenas de contagiados hace tres semanas, aunque finalmente arrancó el 22 de julio. En Ecuador, las fechas se han aplazado hasta en tres ocasiones. En un principio estaba pactado que se rompieran fuegos el 15 de julio, luego se trasladó al 29 de julio, y la semana pasada se fijó el 15 de agosto como una nueva fecha tentativa. En Chile, se ha tomado el reinicio del fútbol con más calma. Los equipos ya están entrenando, pero sin una fecha concreta. Es más, la comisión médica de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional ha recomendado reiniciar la liga en la quincena de setiembre. En Argentina la vuelta de los entrenamientos recién se confirmó ayer tras una reunión entre el gobierno y la Asociación de Fútbol Argentino. Las negociaciones tomaron su tiempo debido al aumento de infectados en el Área Metropolitana de Buenos Aires (nueve de cada diez casos de COVID-19 provienen de esa zona). “El riesgo de contagios se puede dar en las prácticas, hay que ser muy cuidadosos. No es un capricho mío”, sostuvo en su momento Alberto Fernández, el presidente del país.

Si fijamos la vista hacia el norte, en la Major League de Soccer de Estados Unidos, donde los jugadores son testeados cada dos días, el retorno a las canchas ha sido más que accidentado. Hubo un club, el FC Dallas, que se retiró del torneo por contar con diez jugadores contagiados, y más de un partido cancelado. De hecho, hubo uno que se canceló una hora antes: el DC United contra Toronto FC.

Por más rigurosas que sean las medidas en los entrenamientos, los jugadores pueden contagiarse al volver a casa, al salir a pasear con sus hijos o al comprar en un centro comercial. Y aunque algunas federaciones hayan establecido fechas para el regreso de sus ligas, en la medida en que las autoridades sanitarias sean responsables, ese regreso estará sujeto a una evaluación constante.

Desde que el Instituto Peruano del Deporte validó, a inicios de junio, el protocolo presentado por la Federación Peruana de Fútbol (FPF), la maquinaria de este deporte empezó a rodar. No con pocos inconvenientes. A finales de junio se reportó que treinta y cuatro futbolistas y quince trabajadores de los clubes (entiéndase desde entrenadores hasta utileros) habían dado positivo, en pruebas moleculares que les realizaron a los veinte equipos que conforman la Liga 1 de la Primera División como medida obligatoria antes de que retornaran a los entrenamientos. En esa misma semana, la Comisión Nacional de Árbitros (CONAR) informó que dieciséis de los setenta y ocho árbitros examinados estaban infectados del COVID-19.

Inicialmente la FPF, el órgano privado que los rige, había dispuesto repartir cuarenta y cinco pruebas moleculares en dos tandas para cada club (entre futbolistas y trabajadores), así como pruebas serológicas para los familiares que compartan vivienda con los jugadores. Y cuando el torneo se reanude, practicarles pruebas serológicas un día antes del partido a los dieciocho jugadores que sean tomados en cuenta en cada equipo y cada quince días al plantel completo.

Todo parecía sensato. Sin embargo, faltando quince días para retomar el campeonato nacional, cuando la mayoría de clubes se encontraba en las fases finales de sus entrenamientos (algunos con una seguidilla de amistosos encima, como Alianza Lima), la FPF les comunicó a los directivos de los clubes que ya no realizará la segunda tanda de pruebas moleculares y que las reemplazará por serológicas. Un retroceso que genera incertidumbre y mala espina.

Respecto a esto, Salud con Lupa tuvo conocimiento de un hecho que ha sido pasado por alto por la prensa deportiva*. Unilab Perú SAC, el laboratorio certificado por el Instituto Nacional de Salud (INS), que se encargó de la toma de las muestras a todos los clubes profesionales entre la tercera y cuarta semana de junio, como requisito indispensable para regresar a los entrenamientos, fue descalificado por el propio Órgano de Control Institucional del INS el 29 de mayo apenas unas cuantas semanas atrás. En una visita a las instalaciones de Unilab Perú SAC, se constató que el personal de dos áreas trascendentales para la detección molecular del virus SARS-CoV-2 carecía de capacitación en bioseguridad. El informe N° 019-2020-OCI-INS-0229 concluye lo siguiente: “(…) se genera el riesgo que los procedimientos y manejo de muestras biológicas para la detección molecular del virus SARS-CoV-2 se realicen sin cumplir con las medidas de bioseguridad, pudiendo afectar la salud del personal y la confiabilidad de los resultados”.

En consecuencia, por no contar con las condiciones mínimas, el INS procedió a retirarle la constancia de cumplimiento. Nos comunicamos con el INS y con el mismo Unilab Perú SAC para conocer entre qué fechas duró esta sanción, pero optaron por no brindarnos más detalles. “Todo ya fue subsanado”, se limitó a decir el área de relaciones públicas de Unilab. Si bien este laboratorio presentó luego una solicitud de reevaluación y logró obtener nuevamente la constancia para seguir procesando pruebas moleculares, lo cierto es que el tiempo entre su invalidación y el servicio que le brindó a la FPF, está demasiado junto. Difícilmente una institución responsable y competente le hubiera dado tamaño encargo a un laboratorio cuestionado.

Pasos en falso, sobre todo porque los protagonistas, quienes más expuestos están, han demostrado disposición desde el primer momento. “Hay que hacer las cosas bien para que el torneo se dé. Si hay un brote, el Ministerio de Salud nos puede decir: ‘el torneo no va’”, dice Roberto Silva, presidente de la Agremiación de Futbolistas, institución que representa a seiscientos futbolistas de la Liga 1 y trescientos de la Liga 2. Junto a su equipo, Silva ha realizado charlas por videollamada con los jugadores de cada uno de los clubes con la intención de hacerlos entender que deben cumplir el protocolo antes, durante y después de los entrenamientos. “A un jugador puede que no le pase nada, pero les hemos dicho que piensen no solo en sus familias sino en los padres o los abuelos de sus compañeros”, agrega.

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En un estadio sin público, jugadores suplentes se sentarán en el banco o la tribuna, guardando distancia, con sus mascarillas puestas. Prensa de FPF

¿Por qué pensar en fútbol en el quinto país en el mundo con más contagios de COVID-19? Más allá de la pasión, reactivar el fútbol es un asunto económico. Hasta el 2018, los clubes peruanos generaban US$ 60 millones de ingresos al año por concepto de auspicios, derechos de televisión, venta de entradas, transferencias y merchandising. Diversos sectores (y muchas familias) viven de él, insiste Silva.

Los veinte equipos de la Liga 1 ya se encuentran instalados en Lima, pues será la única sede del torneo. Una decisión cuestionada por la mayoría de los médicos de los clubes debido a que Lima, como se sabe, es el departamento con más casos de coronavirus (209 mil) y porque además presenta una tasa de letalidad de 4%. El protocolo diseñado por una Comisión Médica de la FPF, presidida por el doctor Jorge Alva, no tomó en cuenta los aportes ni las sugerencias de esta veintena de médicos. La FPF, además, deja en claro en su protocolo que cualquier responsabilidad sobre los contagios recae en los clubes. Algo que para Julio Grados, exmédico de selecciones mayores y juveniles, resulta inaudito. “La responsabilidad no es del ente que ha promovido el campeonato ni ha elegido la sede, ni ha hecho el protocolo sino de los clubes. Es incoherente”.

Trece de los veinte clubes de la Liga 1 no son de Lima. Monitorearlos mediante una concentración rígida, en Lima, donde se centralizará el torneo, es una de las propuestas del doctor Grados. Pero ya varios directivos han declarado que les será imposible correr con los gastos. No hay un criterio único al respecto ni tampoco una obligación. Quedará a criterio de cada club. Mientras equipos como Cienciano del Cusco concentrarán en un club de Cieneguilla hasta que concluya su participación en el torneo, clubes como Carlos Stein de Chiclayo se dispersarán: los que tienen familia en Lima irán a sus casas y los que no concentrarán cerca de la Villa Deportiva Nacional, en San Luis. Esa dispersión es la que le preocupa a Grados. El virus puede filtrarse, y convertir a los futbolistas en focos de contagio para sus entornos.

En los últimos días han sucedido tres hechos que han puesto a tambalear el campeonato, y que por lo menos deberían servir para discutir nuevamente su protocolo. Un futbolista de Sporting Cristal (Ray Sandoval) chocó su auto en pleno toque de queda, con 1.73 gramos de alcohol por litro de sangre; cuatro futbolistas de Binacional de Juliaca salieron de la concentración para almorzar en un restaurante, y se produjo un contagio masivo de seis jugadores en Sport Huancayo.

Tanto Víctor Villavicencio, gerente general de la Liga 1, como el infectólogo Eduardo Gotuzzo, miembro de la Comisión Médica de la FPF, han sido enfáticos en responsabilizar a los clubes. Inclusive han dejado entrever que podrían perder partidos por Walk Over.

La Asociación Deportiva de Fútbol Profesional hizo su descargo este lunes a través de una carta firmada por su presidente Óscar Romero. “No se puede afirmar con ligereza que el solo hecho de que se contagien siete u ocho personas en un club es porque se incumplió los protocolos (…). Es principalmente responsabilidad del ente rector del fútbol que es la FPF y de ustedes (Liga 1) como organizadores”. La FPF nombró a un veedor por equipo para que supervisara los entrenamientos y, por ende, el cumplimiento del protocolo. Romero explica que de haberse dado alguna falta, ya se hubiera reportado.

Aun así, varias preguntas quedan flotando. Por ejemplo: ¿qué profesión tienen esos veedores? ¿Con qué número de contagiados de un club se suspende un partido? ¿Qué centro médico se encargará de las pruebas serológicas durante todo el torneo? ¿Cuándo se volverán a testear a los familiares de los jugadores?

Salud con Lupa intentó comunicarse directamente con algunos miembros de la Comisión Médica e hizo la solicitud respectiva con las áreas de prensa de la FPF y la Liga 1 para absolver algunas cuestiones, pero solo hubo evasivas.

Vacíos en los protocolos

Más conocido por sus academias de menores que por su equipo profesional, Cantolao tuvo la desdicha de ser el club con más contagiados de coronavirus de la Liga 1 antes de reiniciarse las prácticas. Ocho futbolistas más uno de los utileros. Nueve en total. El 24 de junio, en un hotel de la capital, se realizó pruebas moleculares a todo el plantel con intervalos de tiempo. A los dos días, con los resultados en la mano, se les mandó a aislamiento social durante catorce días. Salvo dos jugadores que alquilaron departamentos para pasar solos ese tiempo, el resto llevó el confinamiento en un cuarto dentro de sus casas. De todos ellos solo un par presentaron algún tipo de sintomatología. Dolores de garganta, elevación de temperatura y dolor de tórax.

El venezolano Jhon Guillén, médico del club, los monitoreó por videollamada durante ese lapso. No fueron los únicos que tuvieron inconvenientes para arrancar la pretemporada el martes 7 de julio. De las ciento sesenta pruebas serológicas que se les realizó a los familiares de los jugadores de Cantolao, trece dieron positivo. El entorno de cuatro futbolistas. Se ordenó, como medida, que a esos trece se les aislara dentro de sus casas y se les practicó nuevas pruebas a esos cuatro futbolistas que, por fortuna, dieron negativo.

Todos se reincorporaron a las prácticas en la Base Naval de La Punta y quedaron aptos para su debut en el torneo. “Inicialmente para el alta médica se pedía una prueba de ingreso. Pero la Federación nos comunicó que bastará con las valoraciones (exámenes) de neumología y cardiología para que reingresen a los entrenamientos”, dice Guillén. Quizá sea uno de los grandes vacíos del protocolo: fijar un criterio único para dar de alta a un futbolista contagiado. No solo no está claro si debían dar negativo en una prueba molecular o serológica, sino que ahora ya no se les hará pruebas, como indica Guillén. Por otro lado, si la salud de un familiar que convive con el futbolista se complica, no se señala dónde recibiría atención.

Pero el protocolo también ha incorporado algunas medidas que habría que destacar. Por ejemplo, Ángel Pérez, lateral derecho de Binacional, el último campeón del fútbol peruano, no puede bañarse en las duchas del club luego de los entrenamientos. Debe hacerlo al llegar a casa, pues se cree que el virus puede sobrevivir más tiempo en las zonas húmedas. Durante las dos primeras fases, Binacional entrenó en tres grupos de no más de diez jugadores. Jugadores que se saludaban de lejos, entrenaban solitariamente en carriles y que en el camarín guardaban una distancia de hasta cinco casilleros. Desde la semana ya hay fricción en las dinámicas. Barridas, topes, saltos. Pérez dice que no se cuida las piernas. Que lo importante es cuidarse antes para chocar después. Lo que sí es un problema son los fluidos. “Nos han dicho que nos escupamos en el polo”, dice Pérez, quien todavía no se hace la idea de no jugar a estadio lleno. “Siempre dicen que los clubes provincianos hacen grandes partidos en Lima. Pero es que jugar en Matute o el Monumental es otra cosa. Nada motiva tanto como que la barra contraria te insulte. Eso se extrañará”, sostiene.

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Según la Unidad Técnica de Karate, los deportistas de esta disciplina deben entrenar con su propio sombra para evitar los contagios.

Deportes de contacto sin contacto

El fútbol no es la única disciplina deportiva que retomará sus actividades. Desde la quincena de julio, son treinta y ocho los deportes que han sido autorizados por el IPD para entrenar presencialmente, aunque solo veinte ya iniciaron los ejercicios de reacondicionamiento físico. Tres de ellos considerados con un alto riesgo de contagio: karate, judo y lucha.

Dado que el corazón del judo son los derribos, han mandado a fabricar muñecos. En condiciones normales solo contaban con cinco. Una cantidad que ahora que nadie puede tocarse resulta insuficiente. Por su parte, Erick Barrantes, jefe de la Unidad Técnica de Karate, explica que ellos no necesitan esos accesorios extras, porque les basta con practicar con su sombra. No les pesa soltar su repertorio de patadas contra un enemigo imaginario.

“Nosotros estamos entrenando como si fuera atletismo. No hay contacto”, dice Nilton Soto, jefe de la Unidad Técnica de Lucha. Ellos han decidido que cada uno de sus nueve deportistas entrene con una distancia que va desde los cuatro hasta los ocho metros dependiendo si hay desplazamientos. Han decidido también que cada uno de ellos entrene con mascarillas desechables por lo que la carga máxima de los trabajos será hasta un 70% para no dificultar la respiración. Ellos aquejan tres grandes complicaciones: falta de muñecos para ejecutar las técnicas (están usando ligas), dos de sus deportistas no cuentan con ningún medio de transporte propio (están viajando en bus), y por su escaso presupuesto solo les alcanza para realizar pruebas serológicas a su equipo apenas una vez al mes.

Desinfección del calzado, entradas y salidas por puertas distintas, toma de temperatura, así como la prohibición de secadores de manos, compartir las bebidas rehidratantes y bañarse en el centro de entrenamiento son algunas medidas preventivas, complementarias a las prácticas.

La Dirección Nacional de Servicios Biomédicos del Instituto Peruano del Deporte (DINASEB) dio entre sus tantos lineamientos dos principales: reducir el aforo al 30% (cada federación debe justificar el regreso de cada uno de sus deportistas), y por otro lado que cada federación cuente con un responsable de bioseguridad. Un reto tomando en cuenta que antes de la pandemia, solo siete de las cincuenta y siete federaciones deportivas registradas en el IPD contaban por lo menos con un personal médico en sus delegaciones.

Giacomo Lavaggi, presidente de DINASEB, explica que se establecieron cuatro fases. Cada una con un máximo de duración de 28 días. La primera destinada a que los deportistas recuperen sus capacidades físicas, con una duración que no debe exceder la sesión de una hora. En la segunda, crece el número de deportistas y crece el tiempo de entrenamiento. En la tercera fase se sumarán los menores de edad, y la cuarta fase será una etapa precompetitiva, mucho más intensa. Sin embargo, debido a la alta letalidad que presentan las cuatro ciudades que albergan los Centros de Alto Rendimiento (Lima, Huancayo, Arequipa y Cusco) del IPD, se ha decidido que todos permanezcan en la fase uno indefinidamente hasta que la peligrosidad se reduzca. Por otra parte, aunque cada federación haya presentado su propio protocolo, lo cierto es que todos son muy similares, debido a su generalidad. Será recién cuando les toque ingresar a la tercera fase que deberán presentar protocolos especializados de acuerdo a la naturaleza de cada disciplina.

“Siempre que haya proximidad, minimizar los riesgos va a depender del control exhaustivo previo de las condiciones de cada uno de los participantes. Hay muchas cosas que se pueden hacer, pero reducir el riesgo a cero no”, dice María Martínez, jefa de la Unidad Técnica de Judo. En su caso, de los cincuenta y cinco atletas que entrenan habitualmente, han retomado solo diez. Uno de ellos dio positivo y, luego de dos semanas, se reintegró. A diferencia del fútbol donde se desplegó en una primera ronda pruebas moleculares para los deportistas y serológicas para sus familiares, en los otros deportes solo están cubiertos los deportistas y los trabajadores. Pero solo se las realizan cada quince días.

A pesar de no contar con un presupuesto exorbitante, las federaciones deportivas se las han ingeniado para implementar las mejores condiciones de bioseguridad posibles. Conscientes de ello, no piensan en ninguna competencia en el futuro inmediato a diferencia del fútbol profesional. Más allá de los estadios vacíos y la poca efusividad en los goles, ¿sería mucho pedir un poco de cautela y planificación?

*ACTUALIZACIÓN:

El viernes 7 de agosto, el Instituto Nacional de Salud respondió un segundo cuestionario que les hicimos llegar sobre Unilab Perú SAC, el laboratorio que realizó pruebas moleculares a los clubes de la Liga 1. A diferencia del primer documento donde fueron categóricos y nos informaron “que se le retiró la validación”, esta vez nos dicen que “no realizan validaciones” sino que solo “verifican y constatan que los laboratorios que solicitan hacer las pruebas moleculares para diagnóstico de SARS-CoV-2 cumplan con los requisitos mínimos”.

Más allá de este detalle, lo más importante es que cuando Unilab Perú SAC brindó el servicio a la Federación Peruana de Fútbol no contaba con el respaldo técnico del INS. La cronología es así: el 29 de mayo se emitió el informe de inspección, el 16 de junio se dejó sin efecto su constancia de aptitud y no fue hasta el 9 de julio que se le otorgó nuevamente su constancia de cumplimiento de requisitos luego de someterse a un nuevo procedimiento de evaluación. Recordemos que la toma de muestras por la que pasaron los clubes de la Liga 1 se efectuó entre la tercera y cuarta semana de junio.

Esta nueva postergación del campeonato no solo se debe a los lamentables sucesos de los últimos días, sino a la serie de vacíos del protocolo diseñado por la comisión médica de la FPF y a las malas decisiones de la administración de la Liga 1. Se buscó jugar a toda costa atentando contra la salud pública.

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