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Entrevistas

“Ese plato no es complementario”: las ollas comunes siguen cubriendo lo que el Estado no garantiza

El proyecto de presupuesto para 2027 mantiene en S/1,69 por ración el aporte para las ollas comunes, pese a que ese monto no alcanza para incluir carnes ni alimentos frescos. Para muchas personas, ese plato es su comida principal o la única del día. Abilia Ramos, presidenta de la Red de Ollas Comunes de Lima, cuenta cómo las mujeres siguen cubriendo con trabajo y recursos propios lo que el Estado deja fuera.

Abilia Ramos preside desde fines de 2025 la Red de Ollas Comunes de Lima. En 2020, junto con otras vecinas de San Juan de Lurigancho, puso en marcha la olla Nueva Esperanza del Perú.
Abilia Ramos preside desde fines de 2025 la Red de Ollas Comunes de Lima. En 2020, junto con otras vecinas de San Juan de Lurigancho, puso en marcha la olla Nueva Esperanza del Perú.
Foto: Johana Valer / Salud con lupa

Abilia Ramos empezó a organizarse contra el hambre en 2020, cuando la pandemia dejó sin ingresos a muchas familias del asentamiento humano Antonio Raimondi, en San Juan de Lurigancho. Junto con otras vecinas puso en marcha la olla Nueva Esperanza del Perú. Al comienzo reunían lo que podían conseguir, buscaban donaciones en los mercados y llegaron a cocinar con leña y utensilios improvisados. Ramos, técnica en enfermería, había trabajado antes cuidando adultos mayores y como promotora social.

Esa experiencia la llevó después a representar a otras organizaciones. En 2021 ya participaba ante el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS) como representante de las ollas de Lima Este; luego presidió la red de San Juan de Lurigancho y fue vicepresidenta de la organización metropolitana. Desde fines de 2025 es presidenta de la Red de Ollas Comunes de Lima.

Seis años después de aquella emergencia, la olla común Nueva Esperanza del Perú continúa funcionando en un país donde la pobreza urbana alcanzó al 23,4% de la población en 2025. Al mismo tiempo, sus integrantes han buscado otras formas de sostenerse. Una idea que Ramos venía impulsando desde hacía tiempo —crear una panadería que generara ingresos para las mujeres de la organización— se concretó en junio de 2026.

Ese recorrido resume una de las ideas que Ramos defiende: quienes sostienen las ollas no son mujeres que esperan pasivamente una ayuda. Dedican tiempo, trabajo y recursos propios a alimentar a sus comunidades y, al mismo tiempo, buscan formas de generar ingresos y depender menos de la asistencia.

Esa defensa también la ha enfrentado con las autoridades. En 2025, cuando denunció que la sangre de pollo distribuida por la Municipalidad de Lima llegaba con mal olor y en condiciones que hacían temer que estuviera malograda, el entonces alcalde Rafael López Aliaga la llamó “mentirosa”.

Abilia Ramos cuestiona que las ollas comunes sigan siendo tratadas como alimentación complementaria. Para muchas personas, ese plato es su comida principal y acceder a él es un derecho.
Abilia Ramos cuestiona que las ollas comunes sigan siendo tratadas como alimentación complementaria. Para muchas personas, ese plato es su comida principal y acceder a él es un derecho.
Salud con lupa/Archivo

Ramos reclamó respeto para las mujeres que todos los días sostienen un plato de comida. Meses después, una investigación de Salud con lupa encontró que el proveedor procesaba ese alimento sin la licencia sanitaria correspondiente y en un local que incumplía condiciones mínimas de higiene.

Hoy, Abilia Ramos reclama que el Estado deje de tratar a las ollas como una respuesta transitoria o como una ayuda que las propias mujeres deben completar indefinidamente con su trabajo. Su historia permite entender qué ocurrió con aquellas organizaciones que nacieron durante la emergencia y que, seis años después, todavía siguen siendo necesarias.

📌 Han pasado seis años desde que las ollas comunes surgieron durante la pandemia. ¿Por qué siguen siendo necesarias?

Porque la pobreza en la ciudad sigue creciendo y el hambre no desapareció con la pandemia. En el país, tres de cada diez personas tienen dificultades para acceder a comida suficiente y de calidad, y una parte de ellas llega incluso a quedarse sin alimentos o pasar un día entero sin comer. Ese es el país que tenemos.

Por eso las ollas siguen siendo necesarias. Las mujeres de las ollas siguen alimentando a personas que no pueden garantizar su comida todos los días. Y sostener una olla es estar resolviendo todo el tiempo. Puedes planear qué vas a cocinar, pero llegas al mercado y el precio subió, entonces tienes que cambiar el menú. Si el pescado está muy caro, ya no lo compras. Si se acabó el gas, tienes que ver cómo haces, si consigues leña.

Todos los días resuelves con lo que tienes y con lo que puedes conseguir. Y a veces terminas preparando algo que no alimenta como quisieras, porque los recursos no alcanzan.

📌 ¿Y qué ha cambiado en Nueva Esperanza del Perú desde aquellos primeros años?

La olla sigue funcionando porque todavía hay personas que necesitan ese plato, pero nosotras también hemos buscado cómo avanzar. No queremos quedarnos solamente esperando que nos entreguen alimentos.

Una de las cosas que queríamos era tener una panadería para que las mujeres pudieran generar sus propios ingresos. Era una idea que veníamos trabajando desde hace tiempo y este año pudimos concretarla. Varias compañeras se capacitaron y ahora tenemos una panadería comunitaria.

Para nosotras eso también es importante: seguir atendiendo a quienes necesitan la olla, pero al mismo tiempo crear oportunidades para que las mujeres puedan trabajar y tener sus propios ingresos.

📌 El Estado sigue considerando a las ollas dentro de un programa de alimentación complementaria, pero para muchas personas ese plato es su principal o única comida del día. ¿Qué problema genera esa mirada?

El problema es creer que con lo que entrega el Estado ya está resuelta la comida. Hoy el presupuesto público es de S/ 2,20 por ración (monto que corresponde a un aumento temporal de tres meses; el regular es de S/ 1,69), y con eso no alcanzas a cubrir carnes ni alimentos frescos. Desde el MIDIS se sigue hablando de complementación alimentaria, pero esa no es la realidad de muchas personas que llegan a una olla.

Para la mayoría, ese plato no es complementario: es su comida principal o única del día. Por eso la alimentación tiene que entenderse como un derecho que el Estado debe garantizar, y no como algo que las mujeres de las ollas tengan que completar con sus propios recursos.

Por eso nosotras hemos tenido que buscar otras formas de completar el plato, como la recuperación de alimentos. Porque no se trata solo de dar algo de comer: hay que pensar en un plato que realmente alimente a un niño, a una persona adulta mayor o a una mujer embarazada.

El presupuesto público de S/ 1,69 por ración no alcanza para cubrir carnes ni alimentos frescos. Para completar los menús, las ollas recurren a compras, donaciones y recuperación de alimentos.
El presupuesto público de S/ 1,69 por ración no alcanza para cubrir carnes ni alimentos frescos. Para completar los menús, las ollas recurren a compras, donaciones y recuperación de alimentos.
Salud con lupa /Archivo

📌 Desde fuera puede parecer que recuperar alimentos consiste simplemente en ir a un mercado y recoger lo que los comerciantes ya no venderán. ¿Qué implica realmente?

No es que vas, recuperas, ya te dieron y te vas a tu casa. No es así. Primero hay que coordinar con los comerciantes, conversar con ellos, generar confianza y explicarles que esos alimentos realmente van a llegar a las zonas donde se necesitan.

A veces las que vivimos más lejos salimos a las cinco de la mañana, después de dejar organizada la casa, a los niños que van al colegio y todo lo demás. Y vamos con nuestros propios pasajes.

Luego recuperamos los alimentos y empieza otro trabajo: seleccionar qué sirve y qué no. Llegamos al punto de acopio y volvemos a revisar. Cuando finalmente llegan a la olla, otra vez hay que seleccionar: lo que se puede cocinar durante la semana se prepara; lo que ya no sirve para consumo puede ir para los animales, y lo demás, para el huerto.

Al final puedes salir a las cinco de la mañana y llegar a tu casa a las diez de la noche. Es todo un día de trabajo.

📌 ¿Qué falta para que la recuperación de alimentos tenga una escala mayor?

Necesitamos que las municipalidades realmente trabajen con los mercados. Hay una ley de recuperación de alimentos que les asigna responsabilidades, pero todavía no todas se involucran.

Nosotras hemos propuesto ordenanzas de recuperación en cada distrito para no depender solamente de los grandes mercados. También hemos planteado que los municipios trabajen con los comerciantes y generen incentivos para facilitar la donación y recuperación de alimentos. Pero ha sido muy difícil avanzar. En algunos distritos incluso ha terminado la gestión municipal sin que la ordenanza llegue a aprobarse.

📌 Durante un tiempo ustedes también recuperaban alimentos en el Gran Mercado Mayorista de Lima. ¿Qué pasó allí?

Ya no hemos podido entrar al Gran Mercado Mayorista de Lima porque el programa de recuperación está en proceso de renovación. Ahora han vuelto a convocar a algunas organizaciones para recuperar alimentos, porque ya no cuentan con el personal ni con la capacidad que en algún momento tuvimos nosotras para hacer ese trabajo.

Esperamos que la recuperación pueda retomarse bien, porque es uno de los grandes mercados de Lima y todavía hay muchos alimentos que podrían aprovecharse.

📌 ¿Qué problemas encuentran todavía en la ley de recuperación de alimentos?

Nosotras habíamos propuesto que se pudieran recuperar más productos, incluidos los productos del mar. Pero la propuesta fue pasando de ministerio en ministerio y la fueron modificando, ya no quedó como la habíamos planteado inicialmente.

También nos preocupa cómo pueden aplicar la recuperación de alimentos las municipalidades. Nuestro temor es que, sobre todo en campaña electoral, se use la recuperación como una excusa para dejar de entregar a las ollas o a las familias lo que también les corresponde.

Por eso hemos pedido que la ley se revise y se mejore tomando en cuenta la experiencia de las organizaciones que venimos recuperando alimentos desde hace años.

📌 Las ollas también han creado sus propias soluciones. Una de ellas es el Banco Comunitario de Alimentos de Pachacámac. ¿Qué aporta esta experiencia?

Con el banco podemos recibir los alimentos recuperados y, cuando hay excedentes, transformarlos en néctares, encurtidos y otros productos. Eso permite aprovechar mejor lo que antes podía terminar como desecho y, al mismo tiempo, generar oportunidades de trabajo para las mujeres, sobre todo para las mayores de 40 años, a quienes les cuesta más conseguir empleo.

Así, una parte sirve para alimentarnos, otra se transforma, otra puede ir para los animales y lo que ya no sirve puede convertirse en abono. Es un círculo que cierra: cuidamos el medio ambiente, generamos trabajo y nos alimentamos.

Las brigadas de ollas comunes recorren mercados mayoristas para recuperar frutas y verduras que ya no se venderán, pero que todavía son aptas para el consumo. Los alimentos son seleccionados y distribuidos entre las organizaciones.
Las brigadas de ollas comunes recorren mercados mayoristas para recuperar frutas y verduras que ya no se venderán, pero que todavía son aptas para el consumo. Los alimentos son seleccionados y distribuidos entre las organizaciones.
Johana Valer/Salud con lupa

📌 ¿Qué se sigue malentendiendo sobre las mujeres que forman parte de las ollas comunes?

Cuando hablan de una olla común, muchas personas piensan que ahí están quienes solo esperan que les den algo, que no saben trabajar o que con el presupuesto que reciben pueden sobrevivir. Pero eso no es así.

La mayoría de quienes sostienen las ollas son mujeres que trabajan, aunque muchas veces en cosas que los demás no ven. Además de cuidar a sus propios hijos, cuidan a otras familias, a adultos mayores que no son de su familia, pero que llegan porque necesitan un plato de comida. Y tú cocinas para ellos.

📌 ¿Y qué ha cambiado en sus familias durante estos años?

Los hijos de muchas de las señoras han seguido estudiando. En mi olla, por ejemplo, el hijo de una señora postuló a Beca 18 y está estudiando. El hijo de otra ingresó a San Marcos.

A veces se mira a las personas de las ollas como si estuvieran estáticas, como si no pudieran avanzar, estudiar o trabajar. Y eso también es parte de lo que se malentiende.

📌 Usted ha dicho que las ollas han terminado asumiendo tareas que corresponden al Estado. ¿Qué debería entender el gobierno sobre esa responsabilidad?

Que la alimentación es tarea del Estado. Nosotras hemos tenido que aprender a resolver un problema que se ha venido arrastrando y olvidando.

Hemos avanzado de a pocos, recuperando alimentos y buscando cómo conseguir un plato nutritivo para un adulto mayor, una mujer embarazada o un niño.

Hay una deuda ética que tenemos que resolver. Si no hay voluntad política, las organizaciones seguimos haciendo lo que podemos, pero la responsabilidad sigue siendo del Estado.

📌 ¿Qué espera de los alcaldes que serán elegidos próximamente?

Primero, que entiendan el problema. Hemos conversado con algunos candidatos a las alcaldías y todavía no tienen claro qué van a hacer frente a la inseguridad alimentaria, la anemia o la desnutrición.

📌 El 15 de setiembre se reunieron con la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Maritza Canales. ¿Qué plantearon en esa reunión?

Le planteamos nuestra preocupación por el presupuesto de las ollas comunes, porque necesitamos mejorar las raciones y garantizar una alimentación adecuada. También insistimos en que se amplíe el mecanismo que permite a las propias organizaciones comprar los alimentos, en lugar de que sean las municipalidades las que hagan todas las compras.

También hablamos de la necesidad de prepararnos frente al fenómeno de El Niño, porque las ollas atienden justamente a las poblaciones más vulnerables y, ante una emergencia, esa demanda puede aumentar.

📌 ¿Qué saben hasta ahora sobre el presupuesto para las ollas comunes en 2027?

Después, en una reunión en el Congreso en la que participó el Ministerio de Economía y Finanzas, nos dijeron que el MIDIS no había solicitado un aumento del presupuesto para las ollas comunes para 2027.

Nos explicaron que los recursos se estaban priorizando para atender el fenómeno de El Niño. Eso nos preocupa porque las necesidades de las ollas no han disminuido. Lo que estamos pidiendo es que se garantice un presupuesto que permita mejorar la alimentación y que las organizaciones puedan tener mayor participación en la compra de los productos.