Sellos sin garantías

El Colegio de Nutricionistas del Perú y la Sociedad Peruana de Cardiología alquilaron su prestigio a un grupo de corporaciones de alimentos procesados. El aval que dan estas organizaciones funciona en la práctica como un truco publicitario. Para obtenerlo hay que pagar una cuota y el proceso no incluye una certificación independiente de la calidad del producto.

Ilustración: Rocío Urtecho (Jugo Gástrico)

En 2017, Paolo Guerrero, el futbolista más popular del Perú, se dirigía así a los peruanos en un aviso publicitario que fue emitido por televisión durante varios meses: “Nuevas generaciones se están formando en la cancha y necesitan empezar el día con energía. Nosotros tomamos Milo ¿y tus hijos?”. El comercial, que era parte de una campaña denominada “Nuevas generaciones”, destacaba que el Milo, un producto de Nestlé, ofrecía grandes dosis de energía y prometía un rendimiento deportivo comparable al del goleador histórico de la selección peruana de fútbol. Era un gran incentivo para que muchos padres de familia compren este producto –un “complemento nutritivo granulado”, según la descripción de su fabricante– y se lo den a sus hijos.

El aval de Guerrero no era el único argumento de venta. Durante los años 2015, 2016 y 2017, Milo llevó en sus envases el ‘sello de garantía’ del Colegio de Nutricionistas del Perú. “No queda duda que tenemos la mejor nutrición para tu hijo”, se lee en un post de la página de Facebook Milo Perú. Su imagen de cocoa nutritiva fue una de las razones para que este producto consiguiera una participación de mercado de 68% en el Perú, con ganancias anuales que superan los 100 millones de soles, según las memorias anuales de Nestlé.

El problema está en que el ‘sello de garantía’ del Colegio de Nutricionistas del Perú no significa que el producto que lo muestra en su empaque es saludable. Esta asociación profesional alquiló su nombre –y su prestigio– para avalar alimentos y suplementos alimenticios como un mecanismo de recaudación de dinero, pese a que no contaba con un protocolo de revisión integral de los productos. Así lo asegura una auditoría ordenada por la nutricionista Saby Mauricio, quien fue decana del Colegio de Nutricionistas del Perú en el período 2017-2018. Actualmente, Mauricio es vocal de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición.

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AUDITORÍA. Durante su gestión como decana del Colegio de Nutricionistas del Perú, Saby Mauricio ordenó una auditoría de todos los avales entregados a la industria alimentaria entre el 2012 y 2016./ Andina

Nestlé pagó 60 mil soles (18.518 dólares) al Colegio de Nutricionistas del Perú para poder usar su ‘sello de garantía’ durante dos años. Sin embargo, en el 2016, Choice, uno de los grupos de defensa del consumidor más importantes de Australia, reveló cómo el producto Milo de Nestlé había manipulado el sistema de calificación de salubridad por estrellas del Gobierno Federal de Australia. En este país, los productos alimenticios son calificados con un máximo de cinco estrellas. Milo tenía una calificación de 4,5, a partir de la información nutricional que se encuentra en su etiqueta. Pero ese cuadro se había elaborado en función a una porción de tres cucharaditas colmadas del producto más 200 mililitros de leche descremada y no con los contenidos reales que tiene el producto por sí solo. El estudio de Choice dejó en evidencia que Milo, mezclado con casi cualquier otro producto, como leche y yogur, es más saludable que si se bebiese solo con agua.

El Colegio de Nutricionistas del Perú alquiló su sello de garantía a corporaciones de productos procesados. Su proceso de revisión solo es un trámite documental a cambio de un pago.

Nestlé tuvo que modificar la clasificación de Milo y bajar sus niveles de azúcar en Australia. Sin embargo, en otros países en los que se ofrece el producto como el Perú, el cuadro nutricional se sigue mostrando de la misma forma.

“Tres cucharaditas de Milo, la cantidad que Nestlé recomienda echarle a una taza, equivale a dos cucharaditas de azúcar”, explica la nutricionista Mewsette Pozo. A esta cantidad de azúcar que lleva el producto, las personas suelen añadirle más azúcar para endulzar su bebida. Si le agregan leche, habrá que sumarle la cantidad de azúcar que el lácteo contiene. “Al final, solo una taza de leche con Milo equivale a seis cucharaditas de azúcar, es decir, la cantidad de azúcar que recomienda consumir la Organización Mundial de la Salud a los niños, pero en todos los alimentos consumidos durante el día”, detalla Pozo.

La falsa recomendación

Entre 2013 y 2017, 19 marcas de alimentos procesados (aquellos que han sufrido modificaciones para agregarles grasas, azúcares o algún otro componente) y ultraprocesados (elaborados a partir de fórmulas químicas que no contienen alimentos frescos) se vendieron en el Perú con el ‘sello de garantía’ del Colegio de Nutricionistas del Perú, obtenido previo pago y sin mayor revisión de las reales cualidades de cada producto. Milo fue una de esas marcas. A inicios de 2018, la nutricionista Saby Mauricio ordenó la auditoría luego de tomar nota de que en el mercado había productos como las margarinas de la marca Dorina, comercializadas por la empresa Unilever, que usaban el aval de su colegio profesional pese a que no son bajo ningún concepto alimentos saludables.

Según el documento de la auditoría, entre 2013 y 2015, el Colegio de Nutricionistas del Perú (CNP) recaudó 548.722,85 soles (equivalentes a unos 160 mil dólares) por el alquiler de su “sello de garantía”. Este monto representa el 24% de los ingresos totales del CNP durante ese periodo. El decano del colegio durante ese periodo era Óscar Miranda Cipriano, quien estuvo en el cargo desde el 2012 hasta el 2016 y asumió también la presidencia del Consejo Nacional de CNP que revisa los avales. Este mismo nutricionista ocupó la Dirección Ejecutiva de Vigilancia Alimentaria y Nutricional del Ministerio de Salud entre octubre del 2018 y abril del 2019.

Al salir del Estado, Óscar Miranda volvió a la gerencia de Nutricionistas en Acción, una empresa creada en el 2016 y en la que tiene el 50% de participación. Entre los servicios que ofrece están asesorías, evaluación y educación nutricional a familias, colegios y corporaciones. Salud con lupa solicitó una entrevista a Miranda para que brindara su versión sobre el tema, pero hasta el cierre de este reportaje no respondió los correos enviados ni las llamadas telefónicas realizadas a su consultora.

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COMPRA DE PRESTIGIO. Diecinueve marcas de alimentos procesados y ultraprocesados consiguieron el aval del Colegio de Nutricionistas del Perú mediante un pago y sin mayor revisión de la calidad nutritiva de cada producto./ Rocío Urtecho

La exdecana Saby Mauricio afirma que estaba en total desacuerdo con los contratos firmados por su institución, pero asegura que no pudo anular aquellos que estaban vigentes. “En mi gestión solo hemos otorgado el sello de garantía a tres productos: el agua San Mateo de Backus, los fideos Lavaggi de Alicorp y sangrecita de Wawa Food”, declaró en una entrevista con Salud con lupa.

La compra de prestigio

Una empresa que busca el sello de garantía del Colegio de Nutricionistas del Perú requiere preparar un expediente de su producto para que sea examinado por el Consejo Nacional de esta asociación, que está conformado por ocho personas. No obstante ello, la evaluación no incluye pruebas en laboratorio ni un análisis del contenido nutricional, según el reglamento vigente.

En teoría, el aval es resultado de un informe técnico elaborado por un comité que ratifica que el producto se ajusta a los lineamientos nutricionales del Ministerio de Salud y las normas sanitarias vigentes. Pero este colegio profesional solo revisa los documentos entregados por las empresas interesadas, como su registro sanitario, certificados de higiene en la fabricación, una copia simple de una ficha técnica de la información nutricional en 100 gramos del producto y la evaluación fisicoquímica. Se trata de un trámite basado en una declaración de datos de buena fe.

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PROCESO. Según el reglamento del Colegio de Nutricionistas del Perú, la evaluación para la entrega del aval no incluye pruebas en laboratorio ni un análisis de contenido nutricional./ CNP

Por esta evaluación de papel pasaron los suplementos nutricionales de Peruvian Heritage y las latas de atún, jurel y caballa de la marca Florida, de G.W. Yichang & CIA. Esta última empresa fue multada con 238 mil soles por el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) en el 2006 por publicidad engañosa sobre el contenido de su producto “Grated de Sardinas Florida”. Según la resolución Nº 103-2006/CCD-Indecopi, la empresa G.W. Yichang & CIA no consiguió probar que el producto ofrecido como grated de sardinas era efectivamente fabricado a partir de sardinas. La empresa apeló la resolución.

Once años después, en diciembre del 2017, el Indecopi abrió una nueva investigación a la marca Florida por la importación y comercialización de conservas de caballa, de tropical Food Manufacturing (Ningbo) Co. Ltd. de China, debido a que tenía alertas sanitarias del Organismo Nacional de Sanidad Pesquera (Sanipes) por la presencia de parásitos en los productos. A través de la Comisión de Protección al Consumidor, el Indecopi inició un procedimiento administrativo sancionador contra la empresa G.W. Yichang & CIA S.A.

La entrega de avales a alimentos procesados de corporaciones se hizo durante el período en que Óscar Miranda Cipriano fue decano del Colegio de Nutricionistas del Perú.

Que el Colegio de Nutricionistas del Perú avalara a esta empresa, dueña de la marca Florida, a pesar de los escándalos sobre la salubridad de sus productos, refleja claramente que el consejo encargado de otorgar los permisos para el uso de su sello de garantía solo realizaba un trámite de papel, sin mayores análisis.

Para el excongresista y autor de la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes, Jaime Delgado Zegarra, la práctica de recomendar productos a cambio de dinero debería estar prohibida. “Lamentablemente, muchos colegios profesionales se acostumbraron a recibir el financiamiento de la industria. Si la industria te financia, no le vas a morder la mano (...)”, dijo a Salud con lupa.

En el Perú no está regulado el trámite de avales o sellos de garantía. Por eso, se presentan casos de conflictos de interés cuando un colegio profesional o una asociación científica tiene que pronunciarse sobre temas de salud pública vinculados a las empresas de las que reciben financiamiento.

Los falsos productos ‘pura fibra’

Muchas personas suelen confiar en los alimentos que se promocionan como integrales para sumarlos a una dieta más saludable. Pero aquí existe otro problema del que se informa poco o nada: un producto con alto contenido de fibra debe contener por lo menos cinco gramos de fibra por porción para ser considerado “integral”, según Organización Mundial de la Salud (OMS). No todos los productos que se promocionan como integrales alcanzan este estándar. “El pan integral Bimbo solo tiene dos gramos de fibra por cada rebanada. Eso es publicidad engañosa”, comenta la nutricionista Mwesette Pozo. Aun así, este producto consiguió el sello de garantía del Colegio de Nutricionistas del Perú en el año 2017.

Otros alimentos que también pagaron por el aval fueron el keke Nonnina de la Corporación TDN, el suplemento nutricional Magnesol del grupo Vida Sol, los fideos Lavaggi de Alicorp y el edulcorante artificial Splenda, de Johnson & Johnson del Perú, un producto hecho a base de sucralosa. La Agencia de Alimentos y Medicamentos de este país (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó en 1998 el uso de este producto para el consumo humano en base a los dos únicos estudios que hasta esa fecha se habían realizado y publicado. Pero recién se están desarrollando investigaciones sobre sus posibles efectos nocivos en la salud.

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DECANO ALIADO DE LA INDUSTRIA. El exdecano del Colegio de Nutricionistas del Perú, Óscar Miranda Cipriano, fue designado ejecutivo de Vigilancia Alimentaria y Nutricional del Instituto Nacional de Salud en octubre de 2018./ Minsa

Un aval sin garantía

El sello de garantía se ha convertido en un negocio para algunos colegios profesionales y asociaciones científicas. Desde el 2017, la Sociedad Peruana de Cardiología avala la conserva de atún y el aceite Primor Corazón, del Grupo Alicorp. Este sello de respaldo fue un buen argumento publicitario para los productos de la compañía. En los primeros quince meses desde su ingreso al mercado se vendieron más de 3.800 toneladas de atún Primor, y la marca superó a las más populares en 2018, según las memorias de la empresa de ese año.

“Atún Primor tiene omega 3, que ayuda a reducir el colesterol malo en la sangre”, decía el médico Tomás Borda Noriega, conductor de la versión peruana del programa The Dr. Ozz Show, en la publicidad televisiva del producto. En el anuncio se resaltaba que atún Primor es la mejor alternativa para los comensales y que contaba con el aval por la Sociedad de Cardiología del Perú. Sin embargo, a partir de los datos del cuadro nutricional que se expone en la etiqueta del envase, Saby Mauricio afirma que el consumo de una lata de este atún equivale a tomar dos cucharadas de aceite.

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CONSERVAS. Desde el 2017, la Sociedad Peruana de Cardiología avala la conserva de atún Primor y al aceite Primor Corazón./ Facebook Primor

Otra asociación que otorga sellos de garantía es la Sociedad Peruana de Nutrición (Sopenut), que avaló al aceite Primor Defensa, también de Alicorp. En su sitio web, esta sociedad menciona que para la obtención de su logo aval será necesaria una contribución en carácter de donación. Pero no tiene registros de las ganancias obtenidas a través de estas contribuciones.

La Sopenut tampoco realiza pruebas de laboratorio para confirmar que la información dada por las empresas es real. Pide como requisitos presentar documentos que demuestren que el producto tiene algún beneficio para la salud, que presenta una mejora significativa en su composición nutricional que permita considerarlo como “saludable” y que las condiciones de manufactura y distribución aseguran que la composición nutricional y el estado sanitario del producto se mantendrán hasta su llegada al consumidor. Para entregar el aval, la sociedad solo se compromete a analizar la documentación presentada, realizar las inspecciones que crea necesarias, y realizar consultas a su Panel de Expertos en Alimentos.

Si bien esta práctica está prohibida, los consumidores desconocen que este tipo de respaldo es un negocio y que se realiza con muy poca supervisión y transparencia. Los usuarios compran sus alimentos pensando en que eligen los más saludables, pero desconocen qué hay detrás del truco publicitario y todos los sellos que adornan el producto.

El 20 de marzo de 2018, antes de concluir su gestión como decana del Colegio de Nutricionistas del Perú, Saby Mauricio aprobó un reglamento de inscripción de asociaciones científicas de nutricionistas para evitar que alguna sociedad se haga llamar “de nutrición” cuando sus fines reales son otros, como es el caso de algunas consultoras que en realidad son usadas con propósitos publicitarios. “Los nutricionistas no tenemos ningún inconveniente en trabajar con la industria mientras sea de forma responsable”, dice Mauricio.

El truco del sello de garantía comprado es un problema para la salud pública que se ha evidenciado también en España. En febrero del 2016, la Comisión Médica de la Salud de dicho país aprobó una declaración en la que se advierte que dar por confiable un producto alimenticio de dudoso beneficio para la salud atenta contra la ética.

Óscar Miranda Cipriano es dueño de Nutricionistas en Acción y fue jefe de la Dirección Ejecutiva de Vigilancia Alimentaria y Nutricional del Ministerio de Salud entre octubre de 2018 y abril de 2019.

Este documento fue aprobado luego de que distintos colegios profesionales le otorgaron su aval a productos perjudiciales para las personas. La Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación permitió que su sello apareciera en los Bollycaos de Panrico, unos bizcochos rellenos de chocolate con alto contenido en azúcar. Y la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria declaró en diferentes ocasiones que el consumo de bebidas alcohólicas mejoraba la salud de las personas sin basarse en estudios científicos.

Por su parte, la Fundación Española del Corazón respaldó Megared, unos suplementos de omega 3. A diferencia de los alimentos que naturalmente tienen este ácido graso, los suplementos de omega 3 no tienen propiedades beneficiosas para la salud. Diferentes estudios publicados por la revista JAMA revelan que no hay diferencias significativas entre personas que consumen este ácido graso y personas que no lo hacen. Por el contrario, según informes de la Universidad de Oregón, el exceso de omega 3 podría tener efectos negativos como mayor riesgo de cáncer de próstata avanzado; fibrilación auricular, un tipo de arritmia cardiaca; y alteración en la función inmune.

Otras estrategias comerciales

Las empresas de alimentos procesados y ultraprocesados han financiado también páginas web y grupos en línea que se dedican a promover las “buenas prácticas nutricionales”. Dicha promoción, no obstante, incluye recomendar el consumo de los productos de las compañías que financian estos espacios. Un caso claro es Comebien.pe, un sitio que le pertenece a la Asociación Peruana para la Seguridad Alimentaria y Nutricional (Asanut) y que es auspiciado por las compañías Molitalia, Laive, Alicorp y la consultora Nutritiva.

“Van a utilizar muchas figuras de frutas y verduras en las portadas de sus páginas. Después mostrarán los productos que realmente quieren promocionar. No sabes cuántos de estos grupos hay regados en América Latina, porque es un mercado emergente”, dice Enrique Jacoby, quien fue viceministro de salud durante el gobierno de Ollanta Humala.

Comebien.pe tiene varias secciones, entre ellas consejos saludables y columnas de opinión de expertos como Mónica Saavedra Chumbe, ex jefa de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa) entre los años 2011 y 2016. En el 2017, esta nutricionista y administradora se convirtió en la representante legal de Asanut y en la directora de su portal financiado por la industria de alimentos. Ocupó dicho cargo entre setiembre de 2017 y octubre de 2018. Es decir, de fiscalizadora de estas empresas pasó a convertirse en promotora de sus intereses.

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REGLAS. En junio de 2019 entró en vigencia la obligación de colocar octógonos en las etiquetas de los productos comestibles industrializados./ Andina

Comebien.pe apoyó el etiquetado semáforo con Guías Diarias Alimentarias (GDA), la propuesta de las empresas que iba en contra de las recomendaciones del Ministerio de Salud y de la Organización Mundial de la Salud. En entrevistas y videos Mónica Saavedra afirmaba que una alerta tipo semáforo de colores desalentaría la compra de productos poco saludables, además de dar mejor información.

La página dirigida por Saavedra financió también una encuesta elaborada en el 2017 por la consultora Arellano Marketing, cuyos resultados eran muy favorables para sus intereses. En el estudio se comparaban las dos propuestas de etiquetado: octogonal y semáforo. “¿Cuál le gusta más?”, “¿cuál es más fácil de leer?”, “¿cuál le da más confianza?”, fueron algunas de las preguntas realizadas para esta encuesta. Según el sondeo, el 66% de las madres de familia prefería el etiquetado semáforo y el 61% consideraba que este tipo de advertencia era más fácil de entender. Es decir, las madres encuestadas eran expertas en descifrar pesados cuadros de datos que ni siquiera los nutricionistas más entrenados interpretan rápidamente.

Instituciones como el Colegio de Nutricionistas y la OMS han sostenido que el etiquetado semáforo proporcionaba muchos datos que se perdían en la mente del comprador medio, porque este no suele tener los conocimientos necesarios para interpretar las cifras de los cuadros nutricionales. Al utilizar el semáforo lo único que se conseguiría es limitar la capacidad del consumidor de realizar una compra informada. “El sistema nutricional semáforo confunde al consumidor por la serie de números combinados en tres colores y letras menos legibles”, aseguró Raúl González, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el Perú. Este tipo de etiquetado se puso en práctica en Ecuador y no dio buenos resultados, según una medición realizada por la OPS en el 2017, después de un año de su implementación en este país. Por eso, el Ministerio de Salud Pública de Ecuador desechó este modelo y lo reemplazó por un sistema gráfico que establece una barras de colores rojo, verde y amarillo con las palabras alto, medio y bajo para identificar el nivel de azúcar, sal y grasas de un producto.

En el 2017, la Sociedad Peruana de Cardiología avaló la conserva de atún y el aceite Primor de Alicorp.

Tras dejar la dirección de Comebien.pe y renunciar a la presidencia de Asanut, Saavedra volvió al Estado para ocupar la presidencia del Organismo Nacional de Sanidad y Pesquería del Ministerio de la Producción. En ese cargo se mantuvo hasta marzo de 2019, cuando fue nombrada viceministra de Prestaciones Sociales del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis). Saavedra ha sido también consultora de la empresa Luxembourg Development Corporation, según su declaración jurada de intereses.

En una entrevista para Salud con Lupa, la actual viceministra Saavedra dijo que “no hay nada de malo en haber aceptado financiamiento de empresas”. Asimismo, consideró “positivo y estratégico” trabajar en conjunto con la industria alimentaria luego de finalizar sus funciones como directora de la agencia sanitaria que regula este sector.

“Hay diversas páginas de la industria que tratan de decir que sus productos son muy saludables. El público tiene que aprender a informarse y desconfiar de los espacios comerciales disfrazados de información fiable”, recomienda el oncólogo y experto en salud pública Elmer Huerta.

Con el etiquetado puesto en marcha se hace más evidente la publicidad engañosa y la poca rigurosidad de los colegios y asociaciones profesionales para evaluar los productos a los que les otorgarán su sello de respaldo. Así, el Milo de Nestlé, que se ofrece ahora como “el mejor alimento para los niños” y que durante tres años tuvo el aval del Colegio de Nutricionistas del Perú, lleva en su empaque el octógono “Alto en azúcares”. Y la margarina Dorina en sus versiones clásica y light ha consignado en su empaque el octógono “Alto en grasas saturadas”. Estas son evidencias de que el aval sin reglas transparentes solo funciona como un truco publicitario para la industria y un negocio para los colegios profesionales y asociaciones científicas.

Nota: para este reportaje, Salud con lupa solicitó entrevistas a todas las empresas aludidas. Ninguna respondió al cierre de esta edición. Después de la publicación, solo Nestlé envió una respuesta por correo sobre su producto Milo el día 09/07/2019 a las 11:48 am. En esta comunicación reconoce lo siguiente: “Milo en Polvo es un producto diseñado para complementar la nutrición que la leche proporciona. La mezcla de ambos productos califica para ser rotulado “alto en azúcar”, según los parámetros de la ley [de Alimentación Saludable]; es decir, la evaluación incluye tanto el azúcar natural que la leche proporciona y los componentes de nuestro producto. Un vaso de leche con Milo proporciona menos de la décima parte de energía que el niño necesita diariamente”

* Esta nota fue actualizada a las 09:08 p.m. del 9/7/2019.

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